Tema del Mes

FEBRERO 2014

Drogas (y dogmas) ¿una revolución paradigmática?

28 / 02 / 2014 - Por Juan Gabriel Tokatlian

El auge del narcotráfico comienza a inquietar a la sociedad argentina. En este nuevo dossier, el Director del Departamento de Ciencia Política y Estudios Internacionales de la Universidad Di Tella propone una serie de lecturas que acercan nuevas perspectivas sobre las políticas públicas en materia de drogas. Sostiene que un debate más riguroso, y la revalorización del papel del Estado frente al descontrol del mercado, pueden abrir nuevas oportunidades.

El paradigma vigente
La prohibición es el núcleo básico que informa las políticas públicas domésticas, regionales e internacionales en materia de drogas; la “guerra contra las drogas” es el modo extremo en que se expresa el prohibicionismo. El objetivo de la prohibición es lograr la abstinencia frente a determinadas sustancias psicoactivas y así crear una sociedad libre de drogas. Ello implica, en consecuencia, suprimir el cultivo, la producción, el procesamiento, el tráfico, la distribución, la comercialización, la financiación, la venta y el uso de un conjunto específico de sustancias psicoactivas declaradas ilegales. La “guerra contra las drogas” pone de manifiesto una campaña prohibicionista de corte militante que busca suprimir, preferentemente con fuertes medidas represivas, el fenómeno de las drogas en cada uno de sus componentes y fases.
Ahora bien, cabe aclarar tres aspectos centrales acerca de la prohibición. Por una parte, la prohibición de drogas es mundial. Sobresale una versión hard en el caso de Estados Unidos y una variedad soft en el caso en Europa; lo cual ha derivado en los últimos lustros en una prohibición ad hoc. Dicho modelo prohibicionista ha estado liderado por Estados Unidos, no ha sido cuestionado por la Unión Europea ni impugnado por las potencias emergentes de Oriente; ha sido asimilado por América Latina y ha resultado internalizado por la Organización de Naciones Unidas. La prohibición se ha ido desarrollando a través de un régimen global anti-drogas. Ese régimen es de larga data pero adoptó su contorno actual a partir de los sesenta y está basado en la dinámica convencional de la seguridad nacional: un régimen reducido a los estados, intrínsecamente represivo, centrado en el control de la provisión y el tráfico de drogas, impuesto mediante presiones y amenazas y acompañado de leves concesiones menores. 
Por otra parte, la prohibición actual no es “pura”: prevalece un modelo de coerción inconsistente o imperfecta. Más allá de la retórica de cruzada y las acciones de vehemencia contra los narcóticos, el prohibicionismo vigente es “impuro” y plagado de ambigüedades, dobleces e inconsistencias. Por un lado, se castiga y se persigue selectivamente a determinados protagonistas y con más énfasis a ciertas fases del fenómeno de las drogas. Y por el otro, se toleran relativamente las prácticas de algunos agentes en determinadas coyunturas y de acuerdo a criterios bastante opacos. En realidad, cuatro décadas de esta turbia confrontación irregular han generado más capos del narcotráfico, más señores de la guerra, más gang lords, más magnates del lavado y más delincuentes transnacionales. A ello se agrega una inercia burocrática en la que más funcionarios, nacionales e internacionales quedan adictos a la prohibición.
Por último, el prohibicionismo actual exige cierta desagregación en términos de niveles de manifestación. En el plano nacional o federal es más usual identificar propuestas oficiales, legislaciones específicas y prácticas gubernamentales orientadas a explicitar y reforzar el talante prohibicionista. En el plano local se observan avances y logros en un sendero menos punitivo. Por ejemplo, en Estados Unidos, iniciativas refrendadas localmente a través del voto y leyes aprobadas por los legislativos estaduales han avalado el uso de la marihuana para fines medicinales y han conducido a reformas en el tratamiento (menos encarcelación y más rehabilitación) de los consumidores. Gestiones municipales en ciudades y barrios europeos (especialmente), estadounidenses y latinoamericanos han implementado políticas de reducción de daño; en particular para disminuir la incidencia del SIDA entre los que usan de drogas por vía intravenosa. Asimismo, decisiones en el ámbito judicial—por ejemplo, en Europa y América Latina—han mostrado un espíritu menos o anti-prohibicionista.

¿Una ventana de oportunidad?
La prohibición, en su expresión regional y en su manifestación global, ha resultado un fracaso. Todos los indicadores confeccionados con rigor, todos los análisis independientes realizados sin miras dogmáticas, todos los hallazgos concretos identificados en el Norte y en Sur, en el mundo desarrollado y en los países en vías de desarrollo, en Occidente y Oriente, corroboran la dimensión de una cruzada errada y contraproducente. Ello no es novedoso. Lo nuevo es que existe un ambiente relativamente propicio para un re-evaluación prudente de las prácticas anti-drogas hoy en ejecución. La frustración internacional respecto a la lucha anti-narcóticos y otras realidades recientes han abierto una ventana de oportunidad para avanzar en un sendero post-prohibicionista. Distintos y dispersos elementos insinúan eso. La crisis financiera y económica global se ha reflejado en una revalorización política del Estado y de su rol regulador: es cada vez más admisible tener un Estado que supervise más e intervenga mejor en un mercado que produce consecuencias devastadoras cuando opera sin control alguno. El reconocimiento y validación del papel central del Estado y de su capacidad de intervención para controlar, moderar y garantizar un orden básico es revelador: no parece haber espacio para más desregulación. Por el contrario, se imponen más y mejores regulaciones en distintos ámbitos de la economía, junto a un fortalecimiento institucional de los gobiernos. Uno de esos ámbitos es el de una mejor fiscalización de la banca offshore y los tax havens internacionales, así como una mayor transparencia en materia de secreto bancario y más control sobre la fuga de capitales.
Paralelamente, algunas experiencias menos punitivas tienden a mostrar éxitos: por ejemplo, si bien algunos países de la Unión Europea han adoptado formas de facto de de-criminalización de drogas, Portugal ha aprobado en 2001 una ley que de-criminaliza todas las drogas y los resultados parecen promisorios. A su vez, en Estados Unidos los últimos tres presidentes (Bill Clinton, George W. Bush y Barack Obama) consumieron sustancias psicoactivas ilícitas en algún momento de sus vidas (sin que ello haya afectado sus respectivas re-elecciones) y, según encuestas de años recientes, el 40% de la población ha probado marihuana.Existen ciertas áreas para el cultivo legal de amapola—tal el caso de India—sin que ello haya implicado un crecimiento de la producción ilícita de opio. En Latinoamérica, la Comisión Latinoamericana sobre Drogas y Democracia creada por los ex Presidentes César Gaviria, Fernando Henrique Cardoso y Ernesto Zedillo e integrada por 17 personalidades concluyó que la “guerra contra las drogas” ha sido una “guerra perdida” con graves y negativos efectos para la región. Publicaciones europeas (The Economist), estadounidenses (Foreign Policy, National Review y Time) y latinoamericanas (Nueva Sociedad) han dedicado, en los últimos años, números especiales al tema de la legalización de las drogas.
La legalización de la marihuana en los estados de Colorado y Washington en 2012 y la aprobación legislativa a favor de legalizar la marihuana en Uruguay en 2013 se inscriben en una tendencia que apunta, así sea gradual y puntualmente, a propiciar un cambio paradigmático.
De hecho, en diversos ámbitos nacionales un abanico de voces—conservadores políticos, liberales económicos, progresistas sociales, libertarios filosóficos, reformistas legales y radicales ideológicos—se expresan crecientemente contra las políticas antidrogas. No configuran aún una coalición pero sí coinciden, desde un amplio espectro conceptual y partidista, sobre el demérito del prohibicionismo. Así entonces, hay un espacio para aprovechar esta coyuntura.
En ese marco se inscribe la selección de lecturas que acompañan este dossier. Conocer más y mejor sobre el tema de las drogas facilitará la posibilidad de un debate más promisorio y riguroso en nuestro país; en particular en momentos en que el auge del narcotráfico parece comenzar a inquietar al Estado y la sociedad.