Tema del Mes

MARZO 2014

Mapa para evitar el naufragio: guía para el BAFICI 2014

26 / 03 / 2014 - Por Leandro Listorti

Leandro Listorti, uno de los programadores del BAFICI y director del film Los jóvenes muertos, comenta cuáles son las películas imprescindibles del Festival que se inaugura el 2 de abril. Con esta contribución, Informe Escaleno inicia una sección especial para seguir de cerca todo lo que pase en el BAFICI 2014.

Existe una creencia inexacta de que la persona más idónea para hablar de un festival de cine es alguno de sus programadores. Creo, como programador del Bafici desde hace 10 años, que esa idea es errónea porque conozco la confusión mental con la que uno emerge de haber visto cerca de mil películas, pensado, discutido, vuelto a pensar, sumado y restado nombres propios, países, duraciones y consideraciones diversas que en ese momento parecían pertinentes. Hecha esta suerte de prólogo/advertencia, acepté la idea de revisar la programación del Bafici 2014 con el objetivo, no sólo de aclararle al lector el muchas veces intimidante panorama, sino también para que algo de esa claridad se quede en mí durante las próximas semanas.

Verdun, visions d’Histoire, de Léon Poirier
Léon Poirier fue uno de los pioneros del cine francés, primo de la pintora impresionista Berthe Morisot y contemporáneo de Robert Flaherty, quien un par de años más tarde de que aquel finalizara Nanook, concretaba La Croisiere noire, una de las primeras exploraciones del África negra, financiada por Citroën en 1934. Ocho años antes Poirier llevó a la pantalla uno de los enfrentamientos más cruentos de esa guerra, la que enfrentó a tropas francesas contra alemanas en la batalla de Verdun en 1916. En una época en la que no existían pruritos en utilizar imágenes ficticias para resaltar hechos en noticieros, Poirier realiza acá un movimiento inverso: para construir su ficción se valió de verdaderos veteranos de guerra, locaciones reales y utilizó imágenes documentales para acompañar las recreaciones. El resultado es una descripción visceral de la violencia de la guerra y de sus consecuencias. Estrenada en 1927 como una película muda, la llegada del sonoro afectó considerablemente su recepción, y al reestrenarla cuatro años más tarde con sonido se vió otra vez eclipsada por el resurgimiento de los nacionalismos en Francia y Alemania. Se presenta en una versión restaurada por la Cinemateca de Toulouse, en el marco de un programa que conmemora el centenario de la I Guerra Mundial, donde se pueden ver además películas como La France de Serge Bozon y La gran ilusión de Jean Renoir. Esta última, también como la de Poirier, sufrió el destino de ser secuestrada por los soviéticos cuando los archivos fílmicos alemanes en Berlín pasaron a formar parte del territorio ocupado. Además, una curiosidad: en Verdun, visions d’Histoire, un joven Antonin Artaud forma parte del elenco.

Uri Zohar
Nathan Axelrod era un inmigrante ruso que llegó a Palestina en 1926. Con conocimientos básicos de cine, se propuso registrar la ebullición de una nación que poblaba tierras, regaba campos, cultivaba y construía donde no había nada todavía. En la línea de la producción de los noticieros semanales (aquellos que en la Argentina perfeccionaron por la misma época pioneros como Federico Valle y Max Glücksmann) Axelrod tomó una cámara, construyó un precario estudio y registró todo lo que sucedía a su alrededor. Así le dió forma a una extraordinaria colección de alrededor de 200 horas de imágenes. A partir de ese material, Uri Zohar (junto a Axelrod y a Joel Silberg) moldeó La verdadera historia de Palestina (Etz o Palestina) una divertida y didáctica lección de montaje y de la historia y la cultura de una de las zonas más discutidas e inflamables del planeta. Quizás no sea la puerta de entrada más representativa a la filmografía de Zohar (quien se retiró de la realización para dedicarse por completo a la religión judía) pero cualquier excusa es válida para descubrir a este realizador, uno de los más importante del cine israelí, país invitado este año en el Bafici con una gran presencia que incluye títulos destacables como The Congress de Ari Folman (el de Vals con Bashir) basada en una novela de Stanislaw Lem y Big Bad Wolves de Navot Papushado & Aharon Keshales, un tenso y violento film sobre venganza.

Terra de Ninguém, de Salomé Lamas
Salomé Lamas (n. 1987) es una de las nuevas estrellas del fulgurante universo del cine portugués. Este es su primer largometraje, donde demuestra no solo su talento sino que los intentos por contar la historia de una vida pueden deparar todo tipo de resultados. En el caso de la de José Paulo Rodrigues Sobral, de 66 años, ese relato comienza con su participación en la guerra colonial en África, continúa con su trabajo como guardia de seguridad en Mocar (Brasil), sigue con su participación en la CIA en El Salvador y en el GAL (Grupo de Liberación Antiterrorista) en España. Un relato atrapante sobre las revoluciones del Siglo XX, en primera persona, imposible de abandonar. En la forma de capítulos sueltos de una vida, a veces contradictorios, a veces complementarios, que se cruzan con fragmentos de noticias relacionados con las historias narradas por Sobral. La diferencia entre “mercenario” y “soldado”, o del valor de la vida de un hombre y de otro, la búsqueda de la verdad es siempre compleja, repleta de claroscuros (como los que iluminan apenas a José en ese espacio neutro, mientras relata su vida) y de sutilezas del lenguaje, de las que esta película se apropia y explora con fascinación. Otras producciones portuguesas para no perderse son los cortometrajes Dive: Approach and Exit de Sandro Aguilar, Redemption de Miguel Gomes y O corpo de Afonso, de João Pedro Rodrigues.

Los documentos de Pittsburgh, de Stan Brakhage
Stan Brakhage es una de las figuras fundamentales del cine norteamericano. Y si permanece levemente desconocido, pese a una filmografía que casi supera las 400 películas, es porque donde sobresalió fue en ese cenagoso terreno definido como “experimental”. En esta edición del Bafici se presenta su trilogía “Los documentos de Pittsburgh” (filmada en 1971 en la ciudad del título) compuesta por las películas eyes, Deus Ex y The Act of Seeing with one’s own eyes donde Brakhage despliega su preocupación por cambiar el sentido didáctico y subjetivo que el documental sufría y acercarlo al concepto original de “documento”, término que viene del latín “lección”, “ejemplo”. Una oportunidad única para ver en formato fílmico parte de su obra, lo que no sucede desde el 2003 (año en que murió) cuando el Bafici le rindió un modesto homenaje. Estas tres películas, de un poco más de media hora cada una, son una demostración de su capacidad para llevar sus ideas a imágenes singulares: la observación del trabajo de policías, doctores o políticos en eyes; la superación del terror hacia los hospitales en Deus Ex y el trabajo en una morgue con los cuerpos de quienes ahí llegan, en lo que quizás sea uno de sus títulos más conocidos: The Act of Seeing with one’s own eyes.

Metraje encontrado
El Bafici le dedicó un foco en el año 2010 junto a la edición de un libro (¿Qué es y adónde va el Found Footage?) a esta práctica de reunir material de orígenes diversos y a veces desconocidos para reapropiárselos y darles un nuevo sentido. Este año algunos buenos ejemplos de esta propuesta son Creme 21 de la realizadora norteamericana Eve Heller, que reúne material educativo y relacionado a la carrera espacial para conformar una experiencia que si bien no se compara a la sensación de estar en el espacio exterior, se le debe acercar bastante. Desde Inglaterra, Duncan Campbell trae una nueva lectura sobre la apropiación cultural relacionada al colonialismo, tomando como punto de partida Las estatuas también mueren de Alain Resnais y  Chris Marker. Lleva el título de It for others, y es una buena oportunidad de seguir adentrándose en la filmografía de este realizador de quien se proyectaron el año pasado en este mismo marco sus películas Make It New John y Arbeit. Por otro lado, el Museo de Cine Pablo Ducrós Hicken de la Ciudad de Buenos Aires lleva adelante una campaña para digitalizar su colección de Sucesos Argentinos, el noticiero que entre 1938 y 1972 registró con una identidad muy personal los acontecimientos más relevantes del deporte, la cultura y la sociedad argentina. Para ello le ofrecieron a 25 directores (entre ellos Edgardo Cozarinsky, Claudio Caldini y Verónica Chen) el mismo material de algunos de esos noticieros con el objetivo de que cada uno realizara un cortometraje de un par de minutos. Los resultados se podrán ver en un programa especial el día 8 de marzo.

Forêt d’experimentation de Michaela Grill y Manakamana, de Pacho Velez & Stephanie Spray son dos ejemplos de las posibilidades de pensar libremente el cine como reflejo del mundo, con distintos grados de alteración. El primero es el último cortometraje de una realizadora austríaca que viene trabajando en formatos digitales distintas formas de registros y de aberraciones visuales en torno al paisaje y sus impresiones. El segundo es un premiado documental que podría, con cierta presión, encasillarse en lo etnográfico, resultado del trabajo de sus directores en el Sensory Ethnographic Lab de la Universidad de Harvard. Un cable carril que transporta desde la base hasta la cima de una montaña en Nepal a una variedad de personas, quienes se acercan a adorar a la diosa hindú Bhagwati.

L’Expérience Blocher
En su estreno mundial en el Festival de Locarno, en una proyección al aire libre y con miles de espectadores ansiosos por presenciar la función que estaba por iniciarse, se respiraba la tensión que flotaba. Policías, guardaespaldas, políticos, realizadores y público en general, todos estaban atentos a lo que estaba por pasar y a lo que podría pasar. Todos listos para odiar o defender lo que estaban por ver. Es que la película que se estaba por exhibir, L’Expérience Blocher, era el retrato de uno de los políticos más polémicos del “Palais Fédéral” (el Parlamento Suizo). Christoph Blocher, de origen humilde, ascendió en la escala social y económica hasta convertirse en un respetado y exitoso empresario, y el salto posterior a la arena política era inevitable. Y de ahí a convertirse en el referente de la derecha más extrema, elegante y seductora. Jean-Stéphane Bron lo sigue con curiosidad y con respeto. El mismo que se le tiene a un león que camina suelto y seguro de sí mismo. En la tradición de Robert Drew y su Primary, acompañamos a Blocher en sus reuniones (hasta donde se nos permite), en la campaña electoral, en sus viajes y hasta en la intimidad de su hogar. ¿Qué llevó a un realizador “de izquierdas” a acercarse tanto a alguien como Blocher? ¿A quién le servía esta jugada? ¿Está el maquiavélico pero siempre sonriente hechicero usando al realizador bien pensante? ¿O es al revés? Para todo aquel que sigue con devoción House of Cards sólo por la fascinación que generan esos extraños seres que llamamos políticos, y para todos los que tengan interés en ver el desarrollo de una clase de cine documental que está casi en extinción, esta es una experiencia que vale la pena atravesar.

Quedan sin mencionar cientos de películas que merecen un espacio. Con algo de suerte, este texto se complementará con una especie de epílogo/balance una vez que el Bafici 2014 sea ya un recuerdo incoherente compuesto por miles de imágenes huérfanas.

OTRAS NOTAS DEL INFORME

OTRAS NOTAS DEL AUTOR