Tema del Mes

ABRIL 2014

Torben Ulrich o el Tenis metal

05 / 04 / 2014 - Por Andrés Burgo

Deporte, deporte y más deporte (estilo Leth, o sea genial): una indagación con (y no sobre) el tenista Torben Ulrich. Un Tetris inconexo de instantes pingponeros, y un acercamiento al extraño mundo de la pelota vasca. "Pelota" es uno de los cortometrajes del gran director danés Jørgen Leth, incluido en la sección Sportivo BAFICI.

Torben Ulrich, un danés de 85 años y una barba bíblica, un pariente lejano de Moisés y ZZ Top, es de esos tipos a los que nos encantaría invitar a nuestro cumpleaños. Es músico, poeta y director de cine. Irradia un aura místico desde que estudió budismo en la India y en el Tíbet antes de la invasión china, y eso fue en 1950. Más tarde se instaló en la costa oeste de Estados Unidos, y el Flower Power lo convirtió en un beatnik. Y también fue, y eso es lo que aquí nos interesa, un tenista del circuito mundial: no un top 10, pero sí un top 100. Llegó a estar 96 en el ranking a mediados de los 70. Viajaba con el saxo y hacía yoga entre partido y partido. Quién pudiera.
Sin embargo, Torben es más conocido por una extraña figura: la de ser “el padre de”. Su fama -no será una celebridad universal, pero sí es muy conocido en su país, Dinamarca, en el que le alcanza salir a la calle para ser reconocido- se la debe a su hijo, a Lars Ulrich, el baterista y cofundador de Metallica. Quienes vieron el documental de la banda de trash metal, Some Kind of Monster, lo recordarán: aquel hombre recostado en un sofá, casi un gurú de los Himalayas trasportado a un estudio de grabación, que reprueba algunas canciones.
Lars también pudo haber sido tenista, como su padre: de niño lo acompañaba por el circuito y era el ball boy de los frecuentes entrenamientos entre Torben Ulrich y Guillermo Vilas. Ya de adolescente, viviendo en la costa oeste de Estados Unidos junto a su familia, el futuro baterista de Metallica se entrenó en la academia de Nick Bollettieri, un formador de grandes talentos, alguien que para el tenis de Estados Unidos es algo así como las divisiones inferiores de Argentinos Juniors para el fútbol de nuestro país. Lars, finalmente, se dedicó a la música, pero sigue vinculado al tenis: es normal verlo junto a su amigo Andy Roddick y en su reciente visita a la Argentina –Metallica tocó el fin de semana pasado en La Plata- intentó un acercamiento a Vilas, aunque finalmente no lo encontró.
El corto de Jørgen Leth son 15 minutos que muestran la esencia de Torben Ulrich: un deportista que fue mucho más un jugador que un competidor. ¿Qué es ganar o perder según la filosofía oriental? ¿Cuándo se gana? ¿Cómo se pierde? No aparece en el corto, pero la anécdota más famosa del Ulrich tenista fue después de perder en la cuarta ronda del Abierto de Estados Unidos en 1969, o sea ya en tiempos de tenis profesional. Aquel partido había sido contra un ex número uno, John Newcombe, y Ulrich lo había perdido en cinco sets: cualquier competidor habría estado enfadado. Pero cuando los periodistas le preguntaron por la presencia de una mariposa juguetona en medio del juego, el danés citó la frase de un taoísta chino, Chuang Tzu: “¿Yo era un hombre soñando que era una mariposa? ¿O ahora soy una mariposa soñando que soy un hombre?”.
En ese sentido, no debería extrañarnos cuál fue el primer regalo que Torben Ulrich le hizo a su gran amigo argentino, a Modesto Tito Vázquez –ex capitán del equipo nacional en la Copa Davis-: “Zen en el arte del tiro con arco”, un fascinante libro que el alemán Eugen Herrigel escribió durante su estadía en Japón. Ulrich y Vázquez se habían conocido a finales de la década del 60 durante un torneo de exhibición en el norte de Brasil. Los dos venían de California, con lo que significaba California en aquella época: un Big Bang artístico, una explosión de creatividad. Vázquez, que jugaba con una raqueta multicolor, le ganó a Ulrich el partido que inauguraba el cuadrangular: era un torneo bajo el formato de 9 games. Lo atípico sucedió cuando el danés se negó a dejar de jugar: fue hasta la red para decirle al argentino que el partido debía continuar hasta el momento en que ya ninguno de los dos tuviese ganas de seguir jugando. Los organizadores los enviaron a otra cancha y Ulrich y Vázquez siguieron el partido: allí nació su amistad.
Por supuesto Ulrich, que es el jugador con más presencias en la historia de la Copa Davis -102 partidos entre singles y dobles desde su debut, en 1948, hasta su despedida, en 1977-, perdió más partidos de los que ganó. Alguna vez cayó 6-0 y 6-0. Lo que nunca perdió fue su filosofía: en otra derrota por los octavos de final del Abierto de Estados Unidos, en 1968, contra Pancho Gonzales, los periodistas fueron a preguntarle por el tremendo saque del estadounidense. Ulrich, lejos de maldecir el arma ganadora de su rival, fue capaz de contemplar el universo completo: “Qué maravilla el saque que tiene”.
El corto de Leth muestra a Ulrich dentro y fuera de una cancha de tenis: en un frontón despintado, en un parque, con o sin raqueta, en el court central de Roland Garros, bailando, haciendo movimientos espasmódicos o desafiando al tiempo cuando se sienta a tomar el té. Sus trencitas, su pelo largo, su barba, casi sus ejercicios de yoga mientras hacía deporte. El gurú del tenis. El deporte profesional hecho trash metal.

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Pelota de Jørgen Leth. Jueves 3 de abril 18.00hs. en Village Recoleta, Viernes 4 de abril 12.10 hs. en Village Recoleta y martes 8 de abril 22.15 hs. Centro Cultural San Martín.

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