Tema del Mes

ABRIL 2014

Cómo pintar un río

07 / 04 / 2014 - Por Irene Depetris Chauvin

El río Paraná conforma el escenario de "El rostro": una película pictórica, que invita a experimentar un nuevo modo de contemplar

Más bien son un borde ilusorio, una sombra que
oscila con el horizonte, hacia el oeste. Si por fin logra
acercarse, entonces parecen todavía más remotas,
habitadas por el silencio y la soledad
y por una tristeza irreparable.
Sudeste, Haroldo Conti

 

Pacientemente, película tras película, Gustavo Fontán ha logrado construir una forma poética de capturar lo real en su dimensión infraleve. Si en el ciclo de la casa (El árbol, Elegía de abril, La casa) el seguimiento calmo de los rituales ínfimos que ocupan el paso del tiempo redefinía, desde la mirada y la escucha, las diferentes capas de un mundo aparentemente conocido (las tres películas tienen lugar en la casa paterna de Banfield), su serie sobre escritores, antes que ofrecer retratos biográficos de Jorge Calvetti, Leopoldo Marechal, Macedonio Fernández o Juan L. Ortiz, propone una inmersión, a la vez fiel y extrañada, en esos otros mundos literarios.
Explorando toda la superficie de la imagen, en La orilla que se abisma (2008)  Fontán logra traducir fílmicamente la eco-poesía del entrerriano Juan L. Ortiz. Los planos detalle de la naturaleza, y el registro atento a las huellas de lo visual y lo sonoro, reconfiguran paisajes vivientes de un modo casi táctil. El rostro (2013) vuelve a ese ecosistema, el paisaje fluvial del noreste argentino, para trazar un nuevo mapa de lo sensible, un modo de contemplar y habitar el mundo. El argumento de la película es mínimo: un hombre se desplaza en bote, abriéndose camino en un brumoso río Paraná, y llega a una isla aparentemente desierta, un territorio que paulatinamente se irá poblando de seres que parecen habitar el sueño o el mundo de los muertos.
Así como en su ciclo de la casa, los planos detalle parecían querer “hacer hablar” a los objetos, en El rostro el delicado intercalado de imágenes en 16 y 8 milímetros propone una mirada atenta a los innumerables efectos de la superficie. La fuerza pictórica de cada plano, que fluctúan entre un registro impresionista y uno cercano a la abstracción, invita una aprensión táctil, un modo de contacto sensible y corporal con la imagen que, al atender a lo sensorial, parece desmarcarse de lo simbólico. Sin embargo, en el atento registro de las sutiles variaciones, en la aparente uniformidad del paisaje, se cifra un relato. De cierto modo, desde la pura materialidad visual, sonora y táctil, El rostro abre un espacio para que el Paraná respire y extienda su propia temporalidad: un tiempo no lineal y fluido, donde el presente de la experiencia se funde con el recuerdo y la anticipación.
Experiencia y memorias acumuladas de barro, variaciones casi imperceptibles de su contorno, su flora y su fauna, el río de El rostro cambia, o amenaza con cambiar, y de esta latencia deviene la precaria e ilusoria existencia del territorio al cual el protagonista llega: una isla del Paraná, esos trozos de tierra que, como decía Haroldo Conti, “de pronto están, de pronto no están”.  Porque la inundación es parte del tiempo, de la historia, la experiencia y la memoria del río, las islas son un mundo primigenio, tierra que potencialmente deviene agua.
También las imágenes porosas y de contornos difuminados que registran los rituales, a la vez cotidianos e irreales, de la isla parecen destinadas a desaparecer. Hay una precariedad e inestabilidad del registro en 8 milímetros que nos lleva a imaginar los vestigios de algo que ya ha sido o a aquello que está por venir.  Expresión de lo que queda en la frontera de la vigilia y el sueño, de lo tangible y lo inaprensible, de la vida y la muerte, las imágenes en El rostro están en estado de latencia, como si la película nos invitara a vislumbrar aquello que queda entre un plano y el otro. En definitiva, en este viaje al Paraná, Gustavo Fontán vuelve a explorar todo el potencial del cine para recuperar sensorialmente los espectros de lo viviente.

***

 El rostro de Gustavo Fontán. Jueves 3 de abril 19.50 hs en Village Recoleta, viernes 4 de abril 14.45 en Village Recoleta y 8 de abril 18.20 hs en Village Caballito

* Irene Depetris Chauvin, investigadora

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