Tema del Mes

ABRIL 2014

Diálogo I: Norte, The End of History de Lav Díaz

07 / 04 / 2014 - Por Emanuel Rivero, Federica Torres y Rafael Bea

Conversación entre Emanuel Rivero, Federica Torres y Rafael Bea sobre la última película del director filipino Lav Diaz, "Norte, el fin de la historia"

- Emanuel: Hablando de cine filipino, todos esperábamos la película de Raya Martin, Cómo desaparecer completamente. Pero hay que admitir que fue un poco decepcionante. No es que esté mal –tiene escenas soberbias como la que inicia la película, la cena de la familia o la fiesta en el colegio– pero la obra maestra filipina de este festival es Norte, el final de la historia de Lav Diaz.
- Federica: Va a ser la última vez que esté de acuerdo con vos. Una obra maestra.
- Rafael: Para mí también. Las películas de Diaz duran entre seis y nueve horas, así que el director debe considerar que esta película es poco más que un cortometraje: dura cuatro horas y diez minutos.
- Emanuel: Bueno, la película se basa en Crimen y castigo de Dostoievski que ronda las 700 páginas en letra tamaño 10. Así que no podíamos pretender que Lav fuera breve...
- Federica: Sí, el personaje de Fabián (excelente Sid Lucero, así como todos los actores) es un Raskolnikov filipino que ya no cree en nada y que en su moralismo desenfrenado (que aplica a todos menos a sí mismo) termina matando a la usurera del barrio, un personaje desagradable como pocos.
- Rafael: Pero Lav Diaz agrega otra historia: la de una familia muy humilde formada por una pareja joven (Joaquin y Eliza) y dos hijos pequeños. Como Joaquin había amenazado a la usurera, la policía lo apresa, un abogado le recomienda que se declare culpable y así termina en la cárcel durante muchos años, en condiciones infrahumanas. O sea que está el proceso de la culpa y los remordimientos de Fabián (un excelente estudiante de derecho que abandona la carrera poco antes de terminarla), que desembocan en un brote psicótico sin castigo legal, y también la historia de una familia pobre que no tiene defensas ante la acusación del Estado y cuyas vidas quedan dañadas para siempre.
- Emanuel: La primera escena ya es genial. Fabián y dos profesores de derecho discutiendo en un café tipo Starbucks. Ahí Fabián expone su teoría del fin de todo, del nihilismo total y de la muerte de toda norma (la muerte de Dios, en la novela de Dostoievski). Como el personaje de La soga de Hitchcock, el problema con Fabián es que se propone probar su teoría en la vida misma como si los hombres fueran sus conejillos de Indias. Pero una de las profesoras que está en la reunión intenta detenerlo: es una abogada brillante que argumenta que hay cierta razón y lógica en el mundo. La película sostiene que si destruimos todas las configuraciones de racionalidad, terminamos en la animalidad más pura, como Fabián, que termina asesinando al perro de su infancia en un acto de salvajismo totalmente gratuito.
- Federica: Como siempre, te aferrás a esa racionalidad humanista como si la historia de los últimos años no hubiera demostrado que la cuestión no es recuperar racionalidades obsoletas sino centrarnos en los afectos y en los que éstos pueden producir en términos de comunidad. Fabián es un exponente de esa razón llevada al límite y que desemboca en el delirio, es decir, en la pérdida de toda realidad. Pero no se entiende la historia de Fabián si no se la relaciona con la del condenado Joaquin. Son historias paralelas y lo único que las une es la compasión y el dinero (sólo se cruzan cuando el culposo Fabián le lleva dinero a la mujer de Joaquin, el dinero que consigue de lo que le había robado a la usurera). Ya desmenuzó Nietzsche toda la miseria de la compasión y creo que no hace falta que lo diga acá. Pero las dos historias se iluminan en su mismo paralelismo: Fabián es una promesa de abogado brillante que abandona la carrera porque se encuentra con el vacío de la ley (algo que las consecuencias del crimen después le demuestran). Benigno Aquino –que volvió a su país durante la dictadura de Marcos– fue asesinado en Filipinas y nunca se condenó a nadie por eso (es uno de los argumentos de Fabián). Joaquin es la vida abandonada: cae en manos del abogado menos brillante –el peor de la clase, a diferencia de Fabián– que lo arroja a la prisión y ahí el condenado comprende cómo la cárcel es un brazo más del poder político. De hecho, uno de los presos sale para cometer un asesinato político. En otro momento, los propios guardias le entregan a Joaquín al cacique de las celdas, Wakwak (interpretado magistralmente por Solimán Cruz) para que se vengue de él sin problemas.
- Rafael: ¡Cómo sabés de cine filipino!
- Federica: Tengo internet en el celular, no te creas. Bueno, la cuestión es que Joaquin es el ya célebre homo sacer del que habla Agamben. No importa si es culpable o inocente sino que está indefenso, y para el Estado es la manera más fácil y expeditiva de hacer ‘justicia’. Joaquín es el que debe morir, posibilidad que se les reserva a todos los pobres. En Norte, todas las desgracias caen sobre esa familia en algo que no puede denominarse ‘accidentes’ sino tragedias anunciadas por el estado de precariedad en la que viven.
- Rafael: Vamos al cine y ustedes siempre terminan hablando de filosofía y política. ¿Y el cine? ¿No dicen nada de cómo está hecha, de la puesta en escena?
- Federica: Eso te lo dejamos a vos.
- Rafael: A mí me hizo acordar a El dinero de Bresson: todas las escenas de violencia extrema (asesinato de la usurera y la hija, violación de la hermana, matanza del perro) están fuera de campo. Como si ese núcleo que en las viejas sociedades podía ser leído como sacrificio (y por lo tanto exhibido y reverenciado) acá instituyera el sinsentido más absurdo, la falta pura. Mediante un plano secuencia fijo, la imagen nos muestra una parte mínima y mediante un trabajo de sonido muy cuidado, Lav Diaz trata de restituirnos el carácter terrible de esos crímenes. Como si nos dijera: esto no te lo puedo mostrar porque no estás preparado para verlo. Una lección cinematográfica y política de cuidado en un cine que no deja nada sin mostrar.
- Emanuel: A la vez que es muy parco con los actos de violencia, es sumamente detallado en los desvaríos filosóficos de Fabián. Se lo muestra rodeado de libros, no deja de hablar y pontificar, tiene algunos rasgos que suelen asociarse a los intelectuales: es frío, prefiere la verdad al amor, habla del otro pero sólo en teoría y puede justificar con buenos argumentos hasta la bomba atómica. Esa partición (rico asesino, pobre víctima) me resultó lo más flojo del film. Tiene algo de mexicano: de Nosotros los pobres, de melodrama; me hizo acordar mucho a Principio y fin de Arturo Ripstein, basada en la novela de Naguib Mahfouz. Pero en Norte es como si los intelectuales fueran cómplices del estado de abandono en el que se encuentran los pobres y basta abrir cualquier diario para darse cuenta de que eso es un lugar común. ¡Ya no son los empresarios el problema sino los intelectuales!
- Federica: No, no creo eso. Hay en la cárcel un personaje intelectual (el primero que comparte la celda con Joaquín y que es el que después sale para cometer el crimen político) que se muestra perceptivo al falso culpable Joaquín, para evocar otra vez a Hitchcock. Pero la cuestión es otra. El problema de Fabián es que no entendió la función del nihilismo en el mundo actual. Como dice Roberto Esposito, “el nihilismo no es un obstáculo insuperable sino la ocasión para un nuevo pensamiento de la comunidad”. Fabián abandona la zona de los afectos (llega a traicionar al amigo y a violar a la hermana) sin darse cuenta de que se presuponen recíprocamente con cualquier argumento político. Frente a estos Estados monstruosos que echan por tierra los lazos de la comunidad y la política, Lav Diaz pone el acento en esa familia abandonada: en la felicidad de los hijos en la calesita o en la capacidad de perdonar y de tocar al otro (es lo que hace Joaquín con el cruel Wakwak). No se trata de oponerle racionalidad a la irracionalidad sino de adentrarse en esa zona común en la que racionalidad y afectividad son inescindibles. Y esa experiencia está tanto en la familia pobre como en las charlas de café con los abogados exitosos. Ni siquiera hay una mirada cruel sobre ese personaje horrible que es Fabián.
Rafael: Es verdad. El esteticismo de Diaz, es decir su maestría en la puesta en escena, no es un a priori sino que surge de la observación del mundo. Norte no parte de la idea de lo bello pero sabe encontrarlo. No embellece la pobreza sino que extrae belleza de su fealdad. Al hacer esto, entendemos que la fealdad es uno de los prejuicios más característicos de nuestra contemporaneidad. Hay ahí una política de la puesta en escena.
Emanuel: Bueno, ¿y qué me dicen del monito ese que está en la cárcel y que es testigo de todas las tropelías que se cometen en una institución estatal?
- Federica: El mono, que fue nuestro antepasado según Carlos Darwin, estará pensando que al final las especies no evolucionaron tanto.

***

Norte, the end of history de Lav Diaz. Domingo 6 de abril 17.15 hs en Village Caballito, lunes 7 de abril 15.40 hs Village Caballito y martes 8 de abril 13.00 hs Village Caballito

* Emanuel Rivero, Federica Torres y Rafael Bea, críticos de cine

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