Tema del Mes

ABRIL 2014

Mujer maravilla

08 / 04 / 2014 - Por Triana López Baasch

"Escuela de sordos", el primer largometraje de Ada Frontini, presenta la conmovedora historia de Alejandra, una maestra que trabaja en una escuela de hipoacúsicos

Un auto destartalado atraviesa un descampado por un camino de tierra. En la pantalla se lee “sonido de motor viejo”. Así comienza esta historia. Como una actriz con todas las letras, Alejandra Agüero estaciona su auto, sale al gran escenario que es el aula de su escuela e intenta, cada día como si fuese la primera vez, tratar de dejar algo suyo en sus alumnos. Una marca imborrable de un paso más en el aprendizaje. No es nada fácil y por momentos se pensaría que es casi imposible, que está sola contra el mundo. Pero no es así. Alejandra en realidad no es una actriz, sino una maestra nacida en Bell Ville, Córdoba, fundadora de la Escuela Municipal para Discapacitados Auditivos León Luis Pellegrino,  que con sus clases, su energía y su perseverancia demuestra que cada paso dado vale tanto como llegar a la meta.

Escuela de sordos es el primer largometraje de Ada Frontini, también nacida en Bell Ville en 1967. Antes de llegar a dirigir un largo, Frontini colaboró como camarógrafa y directora de fotografía con Jorge Polaco, Javier Torre y Santiago Loza, entre otros. El año pasado participó con esta misma película en la competencia argentina del Festival Internacional de Mar del Plata, llevándose el premio a la mejor directora. En una entrevista para ese festival, a propósito del galardón obtenido, la directora reveló las motivaciones que la llevaron a dar un paso más y encarar su opera prima: “Alejandra, la maestra de sordos del documental, es una de mis amigas del secundario. Cada vez que yo volvía a Bell Ville y la veía, me impresionaba la intensidad y particularidad de su vínculo con la escuela y los alumnos. Por otro lado, me interesa el mundo fundamentalmente visual de los sordos, un mundo fotográfico, con el cual me siento identificada”. Estos dos factores, el narrativo/social y el estético/visual, son también los ejes a partir de los cuales Frontini construyó su película. Algunas imágenes se suceden como resultado de una suma de miradas y gestos silenciosos, en las cuales el oído no sirve y es a través de la vista que se escucha. En otras, la voz y los gestos avasallantes de Alejandra se adueñan de la pantalla. De este modo, la película aborda un tema para nada simple de tratar, para nada ameno, pero que es urgente sacar a la luz.

El documental se inmiscuye en la vida de esta maestra, en sus clases, en sus charlas con Juan, profesor y referente de la enseñanza del lenguaje de señas (LSA) en Argentina y en su casa con su hijo. Al pasar se revela alguna confesión de la vida privada que nada tiene que ver con su lucha por la oficialización de su escuela, como cuando afirma que no ve a su hermano hace muchos años y que es mejor así, tenerlo lejos. En este ir y venir en el relato, entre la docente de una escuela especial y la madre y mujer de su casa, se construye un personaje de dos caras, casi como una heroína. Es, por un lado, una gran entretenedora con sus alumnos, y a la vez  se muestra transparente, sin filtro, sin tamices. A veces se escapan rastros de cansancio, pero finalmente esa extenuación no hace mella en su interior, no le quita la pasión por lo que hace, pasión que cualquiera envidiaría.

La familiaridad y empatía de la directora con el lugar, con el tema y con los personajes fue fundamental a la hora de lograr un registro visual de una gran nitidez y proximidad. Por momentos, en particular los momentos de Alejandra en su casa, despojada de su traje de maestra,  pareciera que la cámara es solo un vehículo con el espectador; que el relato, casi en su grado cero, no tuviera rasgos de la enunciación. En otros momentos del film el sonido y las voces desaparecen. El espectador entonces se ve forzado a leer gestos, en un claro guiño de la directora de intentar poner en el lugar de los personajes a aquellos que tienen la capacidad de oír.

Esta película trata sobre el lenguaje. Constituye además, un relato intimista de un tema social, de un conflicto en relación a los derechos no adquiridos de las personas sordas. La escuela está en un pueblo en el interior del país. No tiene un marco estatal en el cual apoyarse. Los docentes, los padres y los directores, con su lucha diaria, la sacan adelante. El objetivo de la directora es claro: revelar la importancia de la enseñanza del lenguaje de señas, no solo para los sordos sino para sus familias. El lenguaje es a fin de cuentas la herramienta que comunica con el otro y que permite el desarrollo intelectual de las personas. Aquel que no se comunica se queda estancado, no evoluciona y pierde la capacidad de razonar. En una de las conversaciones entre Alejandra y Juan, surge el tema de la falta de unificación del lenguaje de señas en el país. Aunque resulte extraño a aquellos que están poco y nada familiarizados con la situación, la realidad es que cada provincia tiene sus diferencias. Juan afirma con seguridad que los hablantes son los que deforman el lenguaje, no para perjudicarlo, sino porque, ante la falta de formación, en determinadas situaciones  inventan gestos para poder comunicarse. El lenguaje de señas, en este sentido, no se diferencia del lenguaje escrito y verbal. Así como la Real Academia Española incorpora, modifica y quita palabras constantemente, lo mismo sucede con el lenguaje de señas. El problema en este caso es que no hay un respaldo institucional a nivel nacional que defina y resuelva estas cuestiones.

Escuela de sordos no plantea únicamente la relación maestra-alumno. La maestra es también amiga y consejera fuera del ámbito escolar. En un día de campo, asado y fútbol, una tarde de pic-nic a la orilla de un lago, durante una sesión de fotos en una mañana neblinosa, siempre con sus alumnos, la cámara logra registrar a una distancia prudente, respetuosa, un lenguaje más allá del oral, compuesto de gestos, sonrisas y miradas. Cae la tarde y el auto destartalado de Alejandra vuelve al camino de tierra, esta vez emprendiendo el viaje de regreso a su hogar.

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Escuela de sordos de Ada Frontini. Viernes 4 de abril 18.00 hs en Arte Multiplex Belgrano y domingo 13 de abril 16.10 hs. en Village Recoleta

* Triana López Baasch, crítica de cine

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