Tema del Mes

ABRIL 2014

Poesía y política en “Remine, el último movimiento obrero” de Marcos Merino

10 / 04 / 2014 - Por Santiago Asorey

Marcos Merino presenta un documental sobre el proceso de lucha del movimiento obrero asturiano. Una historia contada no desde una objetividad falseada, sino desde la comprensión cultural, política y epistemológica.

Recientemente estrenada en el BAFICI, Remine, el Ultimo Movimiento Obrero de Marcos Merino es un documental sobre el proceso de lucha de las bases del movimiento obrero asturiano en el norte de España contra el plan de ajuste y cierre de las comarcas mineras por parte de gobierno nacional de Rajoy. El lenguaje cinematográfico del documental es directo y llano como el lenguaje mismo de los obreros mineros asturianos, que conocen sus objetivos de lucha. Es un montaje que une el proceso de unión y organización obrera y la emotividad del compromiso de los trabajadores en una misma relación formal. Los mineros definen la estrategia y la ejecutan para intentar lograr resultados efectivos. Lo interesante es cierta capacidad de mímesis por parte del montaje con la forma de organizarse de los mineros asturianos. Ante la intransigencia del gobierno español los obreros necesitan adaptar y replantear sus formas de lucha al igual que la cámara necesita adaptarse ante la película que surge entre los desgarros de la historia.  La enunciación se focaliza en la afección de los rostros de los trabajadores, mujeres e hijos siendo transformados por el sufrimiento del proceso de la huelga, las marchas y la difícil organización. El montaje del documental es en términos generales performativo. Sin embargo, tal vez esa forma de ser performativo sea también una forma de reflexividad en tanto el lenguaje del relato no puede dejar de pensarse en relación al lenguaje de acción de los mineros. No hay espacios para eufemismos, ni preocupaciones meramente formales. El valor formal se desprende de una relación profunda con la situación particular que necesita ser narrada. Con la necesidad de los obreros de que su historia se cuente no desde una objetividad falseada sino desde la comprensión cultural, política y epistemológica del fenómeno que solo puede lograrse desde la experiencia de la lucha compartida con la cámara.
Si Pasolini tenía razón cuando pensaba el legado de vida de Lenin como un poema de acción, habría que pensar la forma en que los mineros asturianos se unen a esa tradición histórica desde un lugar lejano a la izquierda leninista y marxista, y muy cercano a la tradición histórica de las bases combativas del movimiento de trabajadores sindicales católicos (tal vez en algún punto comparable en la Argentina con el peronismo sindical ortodoxo). Merino reconoce ese valor poético de los mineros y lo interpreta sin distancias, sino con la cámara cerca de los fuegos de la resistencia. El poeta Paco Urondo dijo alguna vez: “Poética en griego quiere decir acción, y en este sentido no creo que haya demasiadas diferencias entre la poesía y la política. Por la poesía, por la necesidad de usar las palabras en toda su precisión y significación he llegado al tipo de militancia que ahora tengo”.  Ese tal vez sea el valor fundamental del relato de Merino. La relación de lo profundamente político y lo poético para la construcción precisa de un montaje que le otorgue dimensión a está dialéctica en el conflicto por la recuperación de las minas del norte de España. Solo así se comprende la importancia que la enunciación da a las canciones folclóricas de la protesta minera.
La recuperación de la historia, es la recuperación de la relación del presente con el pasado no solamente para pensar el presente sino para repensar la organización de la resistencia a partir de la tradición de la lucha de clases en Asturias. En esta dirección se comprende la recuperación de imágenes de archivos de los mineros asturianos luchando contra el franquismo durante gran parte del Siglo XX.  Los mineros asturianos actuales no pertenecen a una generación revolucionaria. Son los hijos del neoliberalismo civilizado que transnacionalizó y privatizó las economías regionales e intentó destruir las relaciones históricas que unen a esta generación de obreros con las anteriores. Así recupera el sentido la lúcida frase de Rodolfo Walsh contextualizada en otro lugar y momento de resistencia: “Las clases dominantes han procurado siempre que los trabajadores no tengan historia, no tengan doctrina, no tengan héroes y mártires. Cada lucha debe empezar de nuevo, separada de las luchas anteriores: la experiencia colectiva se pierde, las lecciones se olvidan. La historia parece así como propiedad privada cuyos dueños son los dueños de todas las otras cosas”.
El acierto del relato es justamente mostrar esa relación explicita con el pasado. Tan evidente son las huellas del neoliberalismo en el vaciamiento de identidades que los obreros se tienen que definir por la negativa: “Los mineros no somos terroristas” dicen. La cámara muestra enfáticamente y de forma expresiva esta consigna en las voces y en los cuerpos de los trabajadores. Pero la organización y el aprendizaje (en el cine también) son hijas de la necesidad, y las tradiciones se recuperan en la memoria y en la conciencia de lo que nunca dejaron de ser; obreros. No importa ahí el aburguesamiento cultural que produjo el neoliberalismo en España en las últimas décadas. La clave está en cómo el relato reconstruye la recuperación de la identidad combativa mostrando la transformación de la organización de las bases del movimiento, que va acrecentando su conciencia, perfeccionando sus métodos y radicalizando sus operaciones mientras transcurre el relato.  Porque la película parece nacer también en el perfeccionamiento de la precisión de lo que la cámara necesita contar.

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Remine, el último movimiento obrero de Marcos Merino. Sábado 5 de abril 17.10 hs. en Village Recoleta, lunes 7 de abril 14.25 hs. en Village Recoleta y miércoles 9 de abril 18.35 hs. El cultural San Martín.

* Santiago Asorey es columnista de la Agencia de Noticias Paco Urondo y Profesor universitario de Estética Cinematográfica en la FUC y Profesor en la Carrera de Comunicación del ISTLYR.

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