Tema del Mes

ABRIL 2014

Los límites al “disclosure” de los riesgos

26 / 04 / 2014 - Por Lorenzo Preve

La moderna concepción ya no toma al riesgo como un peligro a evitar sino como parte integral de la estrategia empresarial. Esta concepción colisiona con el pedido de que las empresas deben revelar sus mapas de riesgo a sus inversores. Además de las dificultades de cuantificación, el disclosure de información estratégica podría poner, paradójicamente, en riesgo a la empresa frente a sus competidores y el mercado.

En los últimos años, las empresas han comenzado a tener una política más proactiva frente al riesgo; vemos que de a poco van apareciendo los mapas de riesgo, los directorios van expandiendo su capacidad de reconocer y gestionar los riesgos, y que el tema comienza a tomar el papel central que siempre debería haber tenido.

A partir de la comprensión del riesgo como parte integral de la estrategia de la empresa, comenzamos a pensar en generar valor a partir de asumir los riesgos adecuados, a ser capaces de transformar el riesgo en rentabilidad, y a generar rentabilidad con los efectos positivos de la volatilidad, manteniendo bajo control sus efectos negativos. Esta moderna concepción del riesgo, se opone a la vieja visión, en la que el riesgo era algo a evitar, era el peligro o la posibilidad de un daño. La nueva visión se opone a la vieja visión en la que un regulador pide que no se asuma una determinada cantidad de riesgo, como si la medición futura del riesgo pudiera ser una medida precisa. Pero más aún, la moderna concepción del riesgo, colisiona con el pedido de que las empresas deben reportar sus riesgos a sus inversores.

¿Cual es el sentido de pedirle a las empresas que reporten su mapa de riesgo?  Seguramente el regulador busca evitar que los inversores sufran pérdidas.  Esto nos obliga a preguntar, ¿que riesgos pido a las empresas que reporten?  Se podría pensar en obligar solamente a reportar aquellos riesgos que puedan generar un perjuicio superior a un determinado valor, por ejemplo, aquellos riesgos que, de materializarse, generaran un peligro para la supervivencia misma de la empresa.  Bajo este argumento algunos inversores demandaron a Repsol, su directorio y los bancos de inversión que los asesoraban por no haberlos alertado del riesgo de expropiación que pendía sobre la empresa YPF, en la que Repsol había invertido unos años antes.  Según este argumento, el directorio de Repsol o los bancos de inversión que asesoraban a la empresa española, deberían haber alertado a los inversores del alto riesgo de expropiación que se cernía sobre la inversión.  Si bien este planteo no carece de lógica, me parece que su implementación tiene al menos dos serias dificultades ser consideradas.  La primera cuestión es la siguiente: suponiendo que fuéramos capaces de conocer los riesgos que, en caso de presentarse con sus efectos negativos, pudieran propinarnos un golpe tan fuerte como para dejar a nuestra empresa –o a uno de nuestro competidores- fuera de mercado, ¿quisiéramos que todo el mercado se enterara?  ¿Quisiéramos darle a nuestros competidores esa información tan sensible?  Tengamos en cuenta que con esa información, un competidor nos podría atacar, o al menos, tomar las medidas correctivas para que eso no lo afecte; estaríamos alertando a nuestros competidores.  Ni hablar si nuestra estrategia competitiva se basara en atacar a nuestro competidor usando este potencial escenario de riesgo.  Por ejemplo, ¿podría un inversor acusar a Kodak de no haber avisado del riesgo de que el mercado del revelado de rollos fotográficos dejaría de ser el negocio lucrativo del que se habían beneficiado durante varias décadas? No sabemos si Kodak se dio cuenta de tamaño riesgo, probablemente no.  Pero, de haberlo sabido y medido correctamente, ¿nos lo hubiera debido informar?  ¿Le podríamos decir a Nokia que incurrió en una falta al no avisar a sus inversores que los teléfonos celulares ya no iban a ser usados fundamentalmente para hablar por teléfono sino para una cantidad de otras cosas, y que había una probabilidad de que viniera un outsider a dejarlo sin su gigantesco y rentable market share?  En caso de que Nokia se hubiera dado cuenta de que esto iba a ocurrir, y planeara usarlo contra sus competidores, ¿debería haberle exigido que hiciera disclosure de esta información?

La segunda cuestión es la dificultad que encontramos para cuantificar de manera adecuada, y oponible a terceros, los riesgos que, de materializarse, podrían dejar fuera de mercado a la empresa.  No digo que no sea posible cuantificar estos riesgos, pero quiero señalar la dificultad de llegar a una medición adecuada y aceptada por todas las partes.  ¿Qué tan fácil es cuantificar ex ante sobre el riesgo de una expropiación, o de un cambio radical que haga que un entero mercado desaparezca?  Tengamos en cuenta que para regular un aspecto como este se deberían poner reglas de medición muy claras y estrictas, cuya interpretación sea lo menos laxa posible; en mi opinión eso es casi imposible de implementar.  Además no creo que sea necesario ni deseable.  Por supuesto que una vez que el evento se materializó y el daño ocurrió es fácil clamar, ¡¿cómo no me avisaron?!; la pregunta es si hubiéramos sido capaces de medir ese riesgo de antemano, y con un nivel de certeza oponible a terceros...  Estos eventos son difíciles de ver de antemano, y muchas veces suelen ser casi “obvios” cuando se los mira en retrospectiva.

Llegado este punto, quisiera aclarar que soy de los que creen que es posible medir un riesgo con cierta certeza, no creo en las mediciones exactas sino en los rangos de riesgo, como por ejemplo; “muy alto”, “alto”, “medio”, “bajo”, “muy bajo”.  Lo que también creo, es que esa medición es una de las herramientas de la estrategia competitiva de la empresa por lo que no comparto que tengamos que ponernos de acuerdo con un regulador respecto de esa estimación.

¿Por que le tenemos que pedir a la empresa que haga el disclosure de los riesgos que enfrenta?  ¿Por que no pedirle al inversor que aprenda a medir los riesgos del negocio en que invierte?  Lo puede hacer en primera persona o puede contratar asesores especializados.  Es cierto que hay un criterio de asimetría de información, que asume que los directivos de una empresa saben más que los inversores respecto de lo que ocurre en la compañía.  Esto suele ser verdad en algunos aspectos, aunque en ciertos tipos de riesgo, especialmente aquellos en los que conviene tomar distancia del día a día, quien mira a la empresa y a la industria desde cierta distancia suele ser capaz de ver algunos riesgos con mayor claridad.  De esta manera, el argumento de la asimetría de información se derrumba.  ¿Por que pedirle a las empresas que compartan una herramienta estratégica de tanta importancia como su mapa de riesgo con terceros, en lugar de pedirle a los inversores y demás stakeholders que sean capaces de, directa o indirectamente, poder comprender los riesgos de la empresa con la que interactúan?  ¿Es simplemente un capricho de la regulación del mercado de capitales?  De hecho, esto ya se hace en algunos riesgos, como por ejemplo el  riesgo crediticio, que suele ser evaluado por una calificadora de riesgo. 

Creo que nos debemos un mejor trabajo en cuanto a la educación respecto de los riesgos. Si lo hiciéramos entre todos, probablemente las empresas tendrían un incentivo a hacer mejor sus “deberes” y los resultados serían mejores para la sociedad en su conjunto.