Tema del Mes

ABRIL 2014

El ingreso de China al mercado de arte mundial en el siglo XXI

26 / 04 / 2014 - Por Delfina Helguera

Los datos aportados por este artículo no dejan dudas sobre un proceso de transformación drástico en el mercado del arte mundial, aún poco conocido en Argentina. Delfina Helguera traza los derroteros históricos y las coyunturas contemporáneas que explican la contundente emergencia de China como actor protagónico en este sector, a la vez dependiente de la economía global y específico en sus regulaciones.


                                                                Los últimos 250 años fueron años de humillación. Ahora sienten la obligación de capturar su arte y traerlo de vuelta.
                                                                                                                                                     Vishakha N. Desai, Presidente de la Asia Society (1)


China ya era una potencia en materia de arte cuando los europeos llegaron en el siglo XVI en busca de nuevos horizontes. Habían inventado y perfeccionado una técnica que los haría célebres y abriría una ruta de comercio con Europa: la porcelana. Fue el principal vehículo material para la asimilación y transmisión de diseños y temas artísticos, la evidencia material de un mundo que estaba cambiando hacia otra escala global. En el momento del contacto con el hombre europeo reinaba la dinastía Ming y la fabricación de objetos de porcelana había llegado a unos niveles de excelencia y sofisticación desconocidos para los ávidos comerciantes. Solamente en la ciudad de Jingdezhen, provincia de Jiangxi, que fue el centro productor por excelencia de la porcelana, funcionaban 300 hornos oficiales y privados. Además, en el mercado interno, desde el siglo IX China abastecía al Sudeste asiático, India y Medio Oriente. Los primeros en llegar fueron los portugueses afincados en Malaca y Macau, que pronto tuvieron el monopolio de esta valiosas mercancías. No tardaron en llegar los encargos para satisfacer al rey y a la corte, con predominio de la porcelana azul y blanca que luego serían las marcas distintivas de un imperio en expansión.
La influencia sobre Portugal, España y por ende sobre los nuevos territorios conquistados en América fue inmensa y se refleja en los centros productores como Talavera de la Reina en España y Puebla de los Ángeles en México. A raíz del atraco pirata  de dos naves portuguesas en 1602 y 1604  que transportaban miles de piezas, se produjo el ingreso de la porcelana a Holanda y se desató una furia consumista en las principales ciudades de Europa. Para darnos una idea del fenómeno, se estima que entre 1604 y 1647 los holandeses introdujeron 3 millones de piezas a Europa (2). Los holandeses disputaban las rutas comerciales y se instalaron con la Compañía de las Indias Orientales; así nació lo que se llamó porcelana china de exportación, un producto elaborado para suplir una demanda de un mundo ajeno a China. La influencia de este país en las artes decorativas y el gusto europeos durante los siglos XVI, XVII, XVIII y XIX fue innegable y alcanzó no solamente al coleccionismo más poderoso de las cortes y la aristocracia, sino que impregnó la vida cotidiana de la burguesía en ascenso, que ostentaba en vitrinas pequeñas figuras de marfil, jades y porcelana china. La chinoiserie como estilo se impuso en la decoración, textiles y hasta en los jardines, siendo el ejemplo perfecto la decoración interior del Trianon de Porcelain (1670-1671) para Luis XIV en Versalles.
Al mismo tiempo, China desarrolló escuelas de pintores de una técnica tradicional relacionada a la caligrafía con tinta: los materiales involucrados son papel, seda y pincel. El género más valorado es la pintura de paisajes, que también ha sido fuente de inspiración en ciertos artistas occidentales, junto con los signos caligráficos (que encontramos en Franz Kline, por ejemplo). Esta pintura se llama guóhuà (国画)  que significa pintura nacional en oposición a la pintura occidental. La transmisión de la técnica involucra una serie de ejercicios que favorecen el automatismo y la copia es parte del aprendizaje; la caligrafía juega un papel fundamental y es considerada un arte a la vez que una disciplina. A partir de fines del siglo XIX y durante el XX los pintores chinos se vieron confrontados con el arte europeo: surgieron aquellos que rechazaban de plano la tradición y otros que intentaban integrar los dos mundos. El pintor más famoso del siglo XX fue Qi Baishi (1864–1957), conocido por sus pinturas de flores y animales en el estilo tradicional, y fue también el más copiado. 
 
A partir del siglo XIX China fue asediada por potencias europeas como Francia y Gran Bretaña, que terminarían dominando el comercio de ese país con el mundo exterior. El siglo XX para China fue turbulento en términos políticos y fue solamente después de la II Guerra Mundial que comenzó a emerger como una posible potencia. En el  período de la Revolución Cultural (1966-1976), con el fortalecimiento de su líder Mao Zedong, el país se cerró a influencias externas y tampoco participaba activamente de los movimientos del mundo artístico mundial. El papel del arte quedó supeditado al régimen maoísta con una función propagandística. Toda la actividad artística estaba regulada por el estado, la exportación de obras de arte china anteriores a 1949 fue prohibida y los únicos compradores autorizados eran los museos nacionales. La actividad del coleccionismo local estaba basado en el contacto directo con los artistas a través de un circuito informal. Fue a partir de la década del ’80 del siglo pasado, durante el gobierno de Deng Xiaoping, que fomentó la apertura de China,  que comienenzó el intercambio de artistas chinos con el mundo y la incorporación de técnicas y temas propiamente occidentales.  Una instancia importante en este sentido fue la organización, en el Museo Nacional de Arte en Beijing, de China Avant Garde Exhibition, una oportunidad para que el público entrara en relación con  obras de artistas contemporáneos chinos en un escenario oficial. La muestra, que se abrió en el día del Año Nuevo de 1989, fue clausurada a las pocas horas debido a obras perfomáticas controversiales que son consideradas por la historiografía como obras premonitorias de los sucesos en Tiananmen (3). No obstante, haría falta que pasaran varios años para que los artistas chinos empezaran a estar presentes en los grandes eventos del mundo del arte occidental como las bienales o la Documenta de Kassel.  La apertura provocó también, a partir de los ’90, el surgimiento de las primeras galerías de arte contemporáneo locales, que debieron adaptarse a reglas del mercado mundial.
Entretanto, la presencia del arte chino en los centros del mundo capitalista y acaudalado, durante el siglo XX, se resumía en anticuarios especializados en arte oriental, estando algunos de ellos dedicados a la porcelana china de exportación en Londres y Nueva York, por citar las más importantes. Los compradores seguían siendo básicamente coleccionistas occidentales y asiáticos que continuaban una tradición ya centenaria y los precios se mantenían en niveles altos por buenas piezas de porcelana, cerámica, jade y bronces. Las casas de subastas más importantes, Sotheby’s y Christie’s, mantenían sus departamentos dedicados al arte oriental y replicaban el esquema de los anticuarios con ventas exclusivas de la categoría conocida como “Chinese Export Porcelain” en sus salas y semanas especiales de lo que ellos llaman “Asian Art”. Entretanto, la pintura contemporánea china era totalmente desconocida y carecía de mercado en estos centros. Estas empresas mantenían sus representaciones en Hong Kong y Taiwán, enclaves del comercio libre con el mundo, que resultaron un factor clave para el desarrollo del mercado en la región. Sotheby’s fue la primera en organizar remates en Hong Kong en 1973; Christie’s llegó más de diez años después, en 1984. En un mundo que iba hacia la globalización, decidieron salir del centro e ir en busca del comprador en el afán por encontrar nuevos mercados, como lo hicieron en la Rusia de la Perestroika en los ’80 con exitosos resultados. Hong Kong hoy ostenta el tercer lugar en el mercado de subastas mundial, después de Nueva York y Londres y es la ciudad elegida para la más prestigiosa feria de arte del mundo, Art Basel. En el continente los remates fueron permitidos recién en 1992, cuando el gobierno comunista chino legalizó las transacciones privadas que eran multadas anteriormente. Esta iniciativa tuvo tanto éxito que, en la década del ’90, se abrieron más de 100 casas de subastas, algunas de corta vida. Las condiciones para un mercado en expansión estaban dadas.

El inicio del siglo XXI: la conquista de mercados y el cambio de paradigma
No es posible separar los datos de un mercado de arte floreciente con los de un país de 1300 millones de habitantes que se ha convertido en superpotencia, con un crecimiento sostenido hace dos décadas, una política exportadora agresiva y el principal importador de materias primas que ha modificado el mapa mundial. La revista Forbes en 2013 identificó a 168 ciudadanos chinos con una fortuna de más de 1000 millones de dólares, 22 más que en 2012. El segmento de los “súper-ricos” también crece año a año. Forbes calcula que ya hay en China 10.26 millones de personas con activos líquidos valorados entre 100.000 y un millón de dólares, y estima que el número alcanzará este año los 12 millones. El banco Credit Suisse  decidió enfocarse en quienes suman más de 50 millones de dólares, un porcentaje que a  nivel mundial indica que el 6% ya son chinos. Esto redunda en el mercado de los objetos de lujo, y el arte es parte de este mundo exclusivo. Los datos son contundentes:  entre el 2009 y junio de  2012 China se convirtió en el mercado de arte más poderoso del mundo en el sector contemporáneo, desplazando al tradicional gran jugador, los Estados Unidos según el informe anual que publica Artprice (4).

El año 2000 marca un punto de inflexión económico y social en China, ya que entra en la Organización Mundial del Comercio un año más tarde y en el 2003 se gana el derecho a organizar los Juegos Olímpicos de 2008. En el mundo cultural el año 2000 también marca el momento en que el estado reconoce la importancia del arte contemporáneo desde el punto de vista político, y el poder que la cultura contemporánea puede llegar a ejercer en el ámbito internacional. La Bienal de Shangai 2000, organizada por una institución estatal en el Museo de Arte de Shangai, y la decisión del gobierno chino, en 2001, de enviar una exposición de arte contemporáneo y no clásico a Berlín para responder a una petición del gobierno alemán, comenzarán a dar visibilidad a toda una generación de artistas. Comienza el intercambio entre China y Occidente; los artistas chinos empiezan a ser tenidos en cuenta en la agenda de los ahora poderosos operadores culturales, los curadores. El ingreso en la escena artística occidental y el reconocimiento que reciben viene acompañado naturalmente con la oferta de obras contemporáneas chinas en las subastas de las principales casas de remates; nadie quiere perderse esta nueva tendencia. Ai Wei Wei (1957), Wang Qingsong (1966), Song Dong (1966),  Yue Minjun (1962) y Zeng Fanzhi (1964) son los nuevos nombres del arte contemporáneo.
A partir de 2004 la casa Sotheby’s decide organizar subastas dedicadas solamente al arte contemporáneo chino en Hong Kong, un mercado que comenzó en cero y en la década ya ha alcanzado resultados millonarios. Es más, esta empresa rematadora decidió festejar los 40 años de su ingreso al mercado asiático con una serie de subastas en octubre de 2013 que marcó un record de ventas: se pagaron 538 millones de dólares solamente en cinco días. Hubo precios récords para un diamante blanco, una escultura de bronce histórica representando a Buda y para una pintura del artista contemporáneo Zeng Fanzhi realizada en 2001, una versión personal de La Última Cena de Leonardo, que se vendió en 23.3 millones de dólares. Este dato viene a coronar una década de precios ascendentes en este segmento del mercado, que replica lo que sucede en Occidente con los precios del arte contemporáneo. El precio también habla de una preferencia hacia los artistas propios en contraposición con los artistas ya establecidos en otros mercados. El crecimiento de este segmento se aceleró a partir del año 2005, no solamente en los remates sino con el surgimiento de nuevas galerías chinas que aprovecharon el florecimiento del comercio contemporáneo tanto en Hong Kong como en las ciudades de Beijing y Shangai en el continente. Las grandes galerías de arte contemporáneo del mundo occidental que funcionan con sucursales en los principales centros comerciales pusieron foco en esta región: Pace llegó a Hong Kong en 2008 y la siguieron Gagosian y White Cube, con el aliciente de que en Hong Kong no se cobran tasas para importar o exportar obras de arte a diferencia de China continental que cobra el 34%.
El año 2013 es un año bisagra para el mercado de arte contemporáneo, ya que es la primera vez que se rompe la barrera de los mil millones de dólares en operaciones, registrando un crecimiento del 15% sobre el año anterior. Y es también el año en que China se posiciona casi al mismo nivel que los Estados Unidos, registrando un porcentaje de ingresos por subastas del 37, 70 % en comparación al 37,72 % de Norteamérica. Ya había ostentado el primer puesto en el período julio 2009 a junio de 2010; hoy en día representa el 90% del mercado asiático en todas las categorías, no solamente en arte contemporáneo. Después de Nueva York y Londres, Beijing y Hong Kong son los centros que más dinero mueven en el mundo del arte, puestos conseguidos solamente con el movimiento de los últimos años. Para darnos una idea, hace diez años los resultados de las subastas en Hong Kong representaban para las subastadoras Christie’s y Sotheby’s un 2 % y un 0,1 % del total de ingresos mundiales de arte contemporáneo y hoy en día estas compañías obtienen entre un 20% y un 30% del mismo segmento. François Curiel, alto ejecutivo de Christie’s, lo explica en una entrevista al diario El País:  “China está encontrando el lugar que le corresponde. El predominio occidental en el arte tiene los días contados... y es justo. El magnífico desarrollo económico del país ha dado poder a una élite que comienza a invertir en arte, aunque solo sea por copiar lo que hacen en otras partes del mundo, y la apertura sociocultural ha provocado la explosión de la creatividad de los artistas locales”. Ilustra también con un ejemplo claro la escalada de los precios de arte contemporáneo de sus propios artistas:  “En octubre de 2004 vendimos en Hong Kong un par de pequeñas obras de Zeng Fanzhi, de la serie Máscaras, por 12.000 dólares. Fue la primera obra de este autor que se subastaba. Cuatro años después, Zeng marcó, también en Hong Kong y con una obra de esa misma serie, el récord de cualquier artista chino vivo con 9,6 millones de dólares” (5). En la lista de los 10 artistas contemporáneos más cotizados del mundo hay tres chinos: Zeng Fhanzi, Zhou Chunya y Chen Yifei (fallecido en 2005).
Sin embargo, no todos los récords se los lleva el sector contemporáneo. El corazón de este nuevo mercado de arte sigue siendo la pintura china considerada clásica o que sigue la tradición. Esto ha posicionado a artistas como Fu Baoshi, Qi Baishi, Wu Guanzhong, Xu Beihong y Zhang Daqian en las listas de artistas globales mejor cotizados. El precio más alto fue pagado en el continente por una pintura de Qi Baishi A long Life, A Peaceful World (1946), en mayo de 2011, por  CNY425.5 millones ( millones de dólares) en la subastadora Guardian, en Beijing. Estos pintores son considerados por las nuevas generaciones como los maestros modernistas del siglo XX, los que permitieron que entraran nuevos vientos, y forman parte del patrimonio simbólico chino al haber formado parte de colecciones públicas y privadas en la China de Mao. Los precios reflejan una escala de valores que coloca a Qi Baishi como el pintor más popular y mejor considerado, una perfecta combinación entre la tradición milenaria y las influencias externas.

El patrimonio recuperado
El mercado no se reduce a las bellas artes, hay otros ámbitos dentro del mercado que también han evolucionado hacia un nivel de precios inusual hasta hace unos años y es el de las antigüedades, que incluye los objetos de porcelana. Hay una cruzada para recuperar obra de arte y antigüedades a China. Ellos consideran que es un orgullo recobrar lo que ha sido expoliado o llevado fuera del país por siglos, es por eso que desde el gobierno hay una organización expresamente montada para este fin. En 1993, la Administración Estatal China de Patrimonio Cultural (6) envió al Sr. Qian Weipeng a Londres, donde estableció una oficina especializada en recuperar antigüedades que habían sido saqueadas o desperdigadas por el mundo. Es el responsable de haber repatriado más de 10.000 reliquias culturales y es ahora un respetado comerciante, coleccionista y asesor de museos en su país. Este accionar desde el gobierno, que vino acompañado también por el coleccionismo privado que algunos llaman “patriotismo de la porcelana” , ha revolucionado los precios de las antigüedades chinas. No solamente compran en las grandes casas de remates sino en anticuarios y casas regionales alrededor del mundo entero. Está claro que el dinero no es el problema: por ejemplo, en noviembre de 2010 todos los medios del Reino Unido comentaron la venta de un jarrón imperial Qianlong por 53 millones de libras esterlinas (83 millones de dólares) en Bainbridges, una casa de subastas de West Ruislip, Middlesex, a un comprador chino no identificado, un monto 40 veces su precio estimado (7). Ivan Macquisten, editor de la Antiques Trade Gazette explicaba que “los precios han explotado desde el 2009. Hace unos años los principales dealers del mundo eran los que pagaban los precios altos ya que compraban para coleccionistas serios. Ahora hay una base de coleccionistas que va en aumento emergiendo directamente de China, dispuestos a gastar grandes sumas en recuperar el patrimonio y ellos o sus representantes son los que se apersonan directamente en las salas” (8). Esta costumbre de pagar precios récords es criticada en China porque alegan que fomenta el robo y la piratería de este tipo de objetos. 
Este nuevo coleccionismo chino, tanto desde el sector privado como desde el público, está abocado a construir nuevos museos destinados a mostrar el patrimonio. En 1949, cuando el partido comunista tomó el control, China tenía 25 museos. Muchos fueron quemados durante la Revolución Cultural entre 1966-1976 y sus colecciones desperdigadas. A partir de la reapertura de Deng Xiaoping se inicia un boom museístico que abarca las ciudades del interior también, y actualmente los coleccionistas que construyen museos para albergar sus colecciones. En 2010 se lanzó un plan quinquenal para construir 3500 museos, a fines del 2012 ya había 3866 museos, 451 de los cuales solamente habían abierto en el 2012 (9) . François Curiel, Director de Christie’s para Asia, en la entrevista ya citada explicaba: “Vemos que los coleccionistas chinos quieren recuperar el patrimonio artístico que se vendió en tiempos pasados. Es motivo de orgullo para ellos adquirir obras que habían estado fuera de China.” Además, no solo hay que tener en cuenta a los coleccionistas individuales, sostiene. “En este país se han construido 360 museos a lo largo de 2012. Casi uno al día. Y necesitan obras. Como en todos los ámbitos, el gobierno también juega un papel importante en el mercado del arte”.

El informe TEFAF Art Market Report de 2013 (10) pone el foco en el mercado de Estados Unidos y China mostrando que el mercado global de arte y antigüedades ha alcanzado los 47.4 billones de Euros, con un incremento del 8% con respecto al año anterior. China se mantiene como el mercado emergente más importante con un resultado de 11.5 billones de Euros en el 2013 con un incremento del 2% con respecto al 2012. Es indudable que el mercado de arte chino vive momentos de esplendor. Los analistas no creen que haya una vuelta atrás o que entre en una etapa recesiva por ahora, aunque no todo lo que brilla es oro. Hay ciertos factores que inciden en la desconfianza: el alto índice de lotes impagos que registran las subastadoras y el tema de las falsificaciones.  Existe también la necesidad de reordenar y regular un mercado que, hasta hace unos años, era inexistente, sobre todo en el continente.

 

(1) http://www.nytimes.com/2011/09/07/arts/chinese-art-collectors-prove-to-be-a-new-market-force.html?_r=3&pagewanted=1&
(2) Colin Sheaf and Richard Kilburn, The Hatcher Porcelain Cargoes, The Complete Record. Oxford: Phaidon Christie’s Limited, 1988, p. 21.
(3) La injerencia de las exhibiciones en relación al posicionamiento del arte contemporáneo chino en el mundo y en el propio país será ampliado en otro artículo.
(4) Artprice, El mercado de arte contemporáneo, Informe anual Artprice 2013. 11 Cada año, a fines de octubre, Artprice, el líder en información mundial del mercado de arte, publica un informe en que toma en cuenta los resultados públicos de ventas desde julio a junio del siguiente año, tomando el esquema del hemisferio norte.
(5) Zigor Aldama Shanghái, “El predominio occidental en el arte tiene los días contados... y es justo”,
Diario El País, 11 de enero de 2013. Esta entrevista se realizó antes de que el mismo artista marcara otro récord con la venta de su versión de La Última Cena, citada más arriba.
(6) SACH (China State Administration for Cultural Heritage) es una organización creada para inventariar,      preservar y restaurar el legado cultural chino.
(7) “Chinese tycoons trawl UK antiques market for treasures”, The Observer, 16 de enero de 2011;
“Suburban art dealers aghast as collectors dish out millions to reclaim nation's heritage”, Dalya Alberge, 16 de enero de 2011.
(8) ibídem
(9) “Mad about Museums”, The Economist, 13 de diciembre de 2013.
(10) El informe sobre el desempeño del mercado de arte  de la TEFAF (The European Fine Art Foundation) se publica todos los años en marzo.