Tema del Mes

JUNIO 2014

La nueva independencia de Bosnia

14 / 06 / 2014 - Por Alejandro Wall

Es una de las selecciones que forma parte del grupo de Argentina en primera fase. Sus jugadores son los niños de la guerra, los sobrevivientes. Ellos dicen que su primera participación en el Mundial es lo mejor que les pasó en los últimos veinte años. Cómo el fútbol puede ayudar a construir la identidad de un país.

Muamer Tanovic me dice que después de la guerra lo más importante que le ocurrió a Bosnia-Herzegovina es el Mundial de Brasil. Lo hablamos ahora en la sala de prensa del estadio municipal de Guarujá, la ciudad costera a noventa kilómetros de San Pablo que eligió la selección para este desafío.
-Es un país pequeño, pobre, con muchos problemas económicos y diferencias étnicas, donde el fútbol es muy importante- dice Muamer, que escribe en Dnevi Avaz, el periódico más grande de Bosnia.
Para llegar hasta Guarujá desde San Pablo hay que atravesar la Rodoviaria de los Inmigrantes, una autopista ancha donde se juntan buena parte de todos los Brasiles: el industrial, con los camiones que van y vienen y las fábricas que echan humo; el natural, cuando se entra a la zona del litoral con el paisaje de los morros, y el pobre, con las favelas que se asoman al costado del camino.
Hasta que se llega Guarujá, a la playa de Tombo, donde se ve también el Brasil tropical. Y el Brasil del Mundial, con una saturación de agentes de la policía militar que custodian el estadio Antonio Fernandes donde se entrena la selección de Bosnia-Herzegovina. Julio Adamor Cruz Neto, un periodista de Guarujá que colabora con los enviados del lugar, me ayuda a pasar el cerco. Julio es amable y habla inglés y castellano. Actúa como un lazarillo para los cronistas bosnios.
-Ahora nos vamos todos a la playa, a este lugar lo llaman la Perla del Atlántico, es bellísimo- dice Julio.
Una vez adentro, abro una reja y quedo del lado de la cancha. Un hombre vestido con el uniforme oficial de Bosnia me saca. Ve que soy argentino, el único en el lugar, y parece volverse paranoico. Me lo encuentro varias veces. Y su mirada es siempre la misma: me dice que me corra, que ahí no puedo, que allá tampoco. No le entiendo su bosnio, su idioma eslavo, es como un sonido gutural, pero me alcanza con el gesto de la cara y las manos.
Los periodistas, en cambio, son otra cosa. Tienen otra actitud. Enseguida hablan de fútbol. O de Messi, que es lo mismo. Dicen que la Argentina tiene la responsabilidad en el partido. Los jugadores de Bosnia ya estuvieron bien con lo que hicieron al meter al país por primera vez en el Mundial. Todo lo demás es yapa, para disfrutar: tratar de jugar bien al fútbol y tener un buen papel.
En la Argentina siempre se entiende que los jugadores del país, nuestros jugadores, representan una idea de nación, que están ahí en la cancha para decir algo –con los pies- en nombre nuestro. Parece un absurdo, pero así se ve el fútbol tantas veces. Y es probable que en ocasiones suceda. Más que con Lionel Messi, puede ocurrir con Edin Dzeko, la figura bosnia, un gigante de ciento noventa y tres centímetros que nació en Sarajevo hace veintiocho años. Era un niño de seis cuando su casa fue bombardeada y el sueño tan sólo era poder jugar en la calle. Fueron los años de la Guerra de los Balcanes, que se inició después de que Bosnia decidiera su independencia, una vez desintegrada Yugoslavia.
Dzeko y sus compañeros representan mucho más que un equipo de fútbol para los bosnios. Son también un instrumento para sellar la identidad de un país joven y en conflicto. El 16 de octubre de 2013 hubo festejos en las calles de Sarajevo. Ese día la selección se clasificó a Brasil 2014 después de ganarle a Lituania por uno a cero. Safet Susic, el técnico del equipo, se convirtió en un héroe nacional. Es el mejor futbolista de la historia de ese país. Jugó en España 82 e Italia 90 para Yugoslavia. Y en 1979 le hizo tres goles a la Argentina durante un amistoso. Ahora llega a otro Mundial, pero como técnico de Bosnia, que fue aceptada por la FIFA recién en 1996, al año siguiente del final de la guerra. Frenkie, un cantante de hip hop bosnio, canta contra los dirigentes corruptos del fútbol en Rat Savezu. Son los que tuvieron que renunciar después de que los hinchas realizaran marchas contra ellos. Fue ahí que Susic se hizo cargo de la selección. Asumió el 26 de diciembre de 2009.
Son cuatro millones de personas en Bosnia. Pero no todos alientan por el equipo. Las diferencias también quedan expuestas con el fútbol. Un quince por ciento de la población, aproximadamente, es bosniocroata; el treinta y ocho por ciento es serbobosnio. Eso hace también que futbolistas de origen bosnio jueguen para otras selecciones, como Ivan Rakitic, en Croacia, y Marko Marin, en Alemania. También el sueco Zlatan Ibrahimovic tiene ascendencia bosnia. Y se ofreció para jugar en el equipo. Pero Susic lo rechazó porque, según dijo, no lo necesitaba.
-Hay un gran debate en nuestro país sobre este tema, porque hay bosnios que no quieren que gane Bosnia- explica Muamer Tanovic.
“Gracias a todo el país y también gracias a aquellos que estuvieron en contra”, dijo Emir Spahic, el capitán del equipo, que junto a sus compañeros realizó una campaña para ayudar a las víctimas de las inundaciones de mayo, que dejaron treinta y cinco muertos. Todos los jugadores tienen sus historias con la guerra. Todos la atravesaron cuando eran chicos. Spahic vio las calles de Dubrovnik destruidas. Dzeko sintió las bombas en su casa. El arquero Asmir Begovic, que ahora juega en el Stoke City de Inglaterra, dejó Trebinje a los cuatro años junto a su familia. Primero vivió en Alemania y después en Canadá. Los veintitrés bosnios que tienen puesta la camiseta de su país fueron niños de la guerra. Y el Mundial era un asunto demasiado lejano hace veinte años.
Edin Borovina, periodista de la web Fokus.ba, me pregunta por la Bombonera. Su sueño es estar ahí. Dice que siempre ve fútbol argentino. Pero que ahora su orgullo es Bosnia. Y poder estar ahora mismo en Guaruja.
-Para nosotros esto significa una nueva independencia- dice Edin-. Siempre estuvo Serbia o Croacia, pero es nuestra hora. Ahora también está Bosnia.

Desde Guarujá, Brasil

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