Tema del Mes

JUNIO 2014

El Mundial y la política: entrevista a Lucio de Castro

18 / 06 / 2014 - Por Alejandro Wall

El periodista brasileño es autor de documentales que explican la relación entre las dictaduras latinoamericanas y el fútbol. En 2003 ganó el el Premio Iberoamericano de Comunicación por los Derechos de la Niñez y Adolescencia, junto a Fellipe Awi, por una serie de reportajes sobre el lado oscuro de la pelota. Aquí cuenta acerca de las contradicciones de Brasil con esta Copa del Mundo. Las protestas por un lado y las ganas de ver fútbol, por el otro.

Lucio de Castro vive en Rio de Janeiro y es periodista. En 2003, ganó junto a Fellipe Awi el Premio Iberoamericano de Comunicación por los Derechos de la Niñez y Adolescencia por una serie de reportajes publicados en el diario O'Globo que se llamó Nos poroes do futebol (En las cloacas del fútbol), sobre el costado oscuro del juego. Además, es autor de Memorias do Chumbo – O Futebol nos Tempos do Condor, una serie documental que se emitió por ESPN Brasil sobre la relación entre el fútbol y las dictaduras en Latinoamérica.
La historia, de algún modo, continúa. Después de la caída de Ricardo Texeira al frente de la Confederación Brasileña de Fútbol y del Comité Organizador de Brasil 2014 por recibir coimas de la quebrada ISL -al igual que su ex suegro Joao Havelange-, quien tomó el mando fue José María Marín, un ex gobernador de San Pablo durante la dictadura brasileña. Marín, además, fue diputado por un partido aliado a los militares. Cuando ocupaba ese cargo, según denunció el periodista Juca Kfouir, Marín habló en el Congreso sobre la infiltración comunista en el canal TV Cultura. Y reclamó para que se actuara. El editor de la señal era Vladimir Hezog, que pocos días después fue asesinado. A Marín se lo señala como cómplice de ese crimen.
-Marín está acusado por su pasado en la dictadura brasileña, ¿por qué logró sostenerse? ¿Fue por apoyo del gobierno o fue que después de las salidas de Havelange y Texeira ya no se soportaba otra caída más?
-Esa es una cuestión increíble. Estuvo cerca de caer, por un hilo, por su pasado. Pienso que no estaba en cuestión las salidas de Havelange y Teixeira. Creo que Marín, de cierta forma, acabó siendo beneficiado, indirectamente, obvio, por las protestas que comenzaron en la misma época. Debilitada políticamente, Dilma y su gobierno tuvieron que concentrarse en el grito de las calles. Otra guerra en esos días sería inviable e impopular. Abrir un frente de batalla con la CBF era imposible. Con el país prendido fuego en las calles, no existía tiempo para ese frente de guerra.
-Realizaste una serie de documentales sobre fútbol y dictadura, donde la política se mezcló con el juego, o donde la política utilizó al juego, ¿creés que la gran diferencia con lo que sucede hoy en Brasil es que que las manifestaciones son públicas, se ven en todos lados, mientras que en dictadura todo se esconde o directamente no hay protestas?
-Los regímenes democráticos también utilizan al fútbol y a los deportes como instrumento de propaganda. Pero las semejanzas terminan ahí. Como todo en tiempos de dictadura, esa utilización es mucho más sórdida en regímenes de excepción. Pienso que existen algunas otras grandes diferencias en la utilización del deporte ayer y hoy. Si ayer la utilización como instrumento de propaganda y control era más obvia y clara, los nuevos tiempos también cambiaron la posibilidad del uso del deporte y sus grandes eventos para corrupción y apropiación de grandes sumas de dinero. Que en tiempos de dictadura también ya corrían pero el volumen era bien menor. Hoy, encima de todo, el control del gobierno de la maquinaría del Estado en tiempos de grandes eventos significa estrechos vínculos con empresas constructoras, contratistas, empresas de marketing y eventos, todos movimientos millonarios en dinero, que irán a garantizar la caja de los partidos políticos y los propios políticos personalmente.
-En Memorias do Chumbo mostrás cómo Havelange y la FIFA se relacionan con dictaduras latinoamericanas. Hoy es tiempo de democracia. ¿Hay que entender esto como parte del oportunismo de la FIFA o algo cambió más allá de los gobiernos?
-El oportunismo de la FIFA no cambió nada. Por el contrario, ha mejorado. Si hoy no tenés más dictaduras latinoamericanas, caminó a la dirección de Rusia o Qatar, gobiernos de cleptómanos. Terreno fértil para que la FIFA pueda hacer sus grandes jugadas. Si antes encontraban esas facilidades, tuberías de dinero sucio y falta de transparencia de las dictaduras de nuestro continente, hoy se expanden para esos países, donde encuentran un ambiente propicio.
-Más allá de las protestas, ¿creés que en Brasil hay orgullo por recibir al Mundial? ¿Se imponen las ganas de la revancha del Maracanazo?
-Ese es un sentimiento un tanto diferente que estamos viviendo. Al mismo tiempo en que los brasileños aman el fútbol y a la hora de las partidas acompañan, hinchas, la movilización por las calles está mucho, mucho por debajo de lo que eran otros mundiales. Y eso que es en casa. Tal vez ese sentimiento de que es una fiesta en la que sólo paga la cuenta y no puede participar, ir al estadio, etcétera, se ha profundizado. De cualquier forma, fue, de cierta manera, una demostración de madurez del pueblo brasileño: separa lo que es la protesta y lo que es su objeto de amor. Lo que creo por encima de todo es que el sentimiento del brasileño es que esta fiesta no le pertenece mucho a él. Por su amor con el fútbol, a la hora del juego se movilizan un poco, acompañan. Pero sin la participación de antes.
-Se nota por momentos cierta indiferencia y se ve un país dividido entre quienes apoyan y entre quienes critican. ¿cuál es tu mirada de esto?
-Pienso que, como te dije, las personas tienen separado muy bien: la hora de protestar, la de decir que los políticos no la representan, que no acuerda con lo que se gasta en los estadios, que no acuerdo con la FIFA viniendo aquí a exigir cosas, y la hora de hinchar por Brasil.

Desde Río de Janeiro.

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