Tema del Mes

JUNIO 2014

Elegía para una España eliminada

22 / 06 / 2014 - Por Maximiliano Tomas

El ciclo que empezó en 2008, con la renovación del Fútbol Club Barcelona a manos de Josep Guardiola, acaba de cerrarse de manera cruda e irreversible. Los amantes del fútbol de todo el mundo asistimos apenados a este final anunciado, mientras agradecemos infinitamente haber sido testigos de tanta belleza.

En octubre de 2008 me fui a vivir una temporada a Barcelona. La semana en que llegué, las tapas de los diarios empezaban a hablar de una crisis económica internacional que todavía, y sobre todo en España, sigue mostrando sus efectos devastadores. Poco antes, en julio, Josep Guardiola, ex capitán del Fútbol Club Barcelona durante los tempranos y exitosos años 90, tomaba las riendas de un plantel que pedía una renovación. Ronaldinho, con quien un joven Lionel Messi ya había marcado sus primeros goles, fue la primera víctima de Guardiola. Era el fin de un ciclo. Y el comienzo de una era tan gloriosa como inesperada. Apenas un año después, por las calles de la ciudad, festejábamos con mis amigos argentinos y catalanes el primer triplete: Copa, Liga y Champions. Desde entonces, y hasta hoy, he suspendido reuniones de trabajo, me he ausentado de cumpleaños y celebraciones, he postergado vacaciones y entregas y creo no haberme perdido más de tres o cuatro partidos del Barcelona en unos seis años. Así y todo soy apenas uno más de los millones que han vuelto a creer en el fútbol gracias a aquel ciclo que empezó en 2008 y que acaba de cerrarse, de manera cruda e irreversible, con la eliminación de la selección de España del mundial de Brasil.

Porque lo cierto es que, mal que le pese a muchos españoles, la tan mentada revolución futbolística de su selección fue más catalana y holandesa que madrileña o sevillana. Si no es exagerado hablar de “revolución” (España ganó dos Eurocopas, en 2008 y en 2012, fue campeona del Mundial de Sudáfrica 2010, y fue nombrada hasta 2013 y durante seis años consecutivos como el mejor equipo del año por la FIFA, entre muchos otros reconocimientos) tampoco lo es decir que no habría existido tal cosa sin la extraordinaria campaña paralela del Barcelona, que obtuvo, entre 2008 y 2014, cuatro ligas (2009/10/11 y 13), cuatro Supercopas de España, dos Copas del Rey, dos Supercopas europeas, dos Champions League y dos Campeonatos Mundiales de Clubes. Es cierto que en las fulgurantes campañas del Barcelona tuvieron que ver algunos jugadores extranjeros y, entre ellos, sobre todo Messi. Pero también lo es que, sin Messi, la selección española logró todo aquello con lo que la argentina sueña desde hace casi tres décadas. Y lo hizo gracias a una columna vertebral catalana, con jugadores criados y educados en las inferiores del club: Víctor Valdés, Carles Puyol, Gerard Piqué, Xavi Hernández, Andrés Iniesta, Cesc Fábregas, Sergio Busquets y Pedro Rodríguez.

Para quien haya seguido las campañas del Barcelona desde la salida de Guardiola, en junio de 2012 (con el reemplazo de Tito Vilanova, seguido fugazmente por Jordi Roura cuando el primero enfermó, y más tarde la llegada de Gerardo Martino), este final de la selección española puede haber sido demasiado abrupto, pero no del todo sorprendente. Hace por lo menos un año y medio que el Barcelona muestra síntomas de un agotamiento que excede lo estrictamente futbolístico. No es posible saber si hay en él una causa determinante, aunque puede advertirse una conjunción de razones. La ausencia del factor sorpresa, por ejemplo: con los años, los demás equipos españoles y europeos han ido encontrando las formas de jugar contra el Barcelona. Otra: la falta de apetito competitivo de un equipo que ha ganado todos los títulos posibles en más de una ocasión. Una tercera: las lesiones y la fatiga física, y la edad de los futbolistas. Hoy Puyol ya está retirado, Xavi Hernández tiene 34 años, Iniesta 30 y Fábregas y Piqué han cumplido los 27, con lo que están lejos de ser jugadores jóvenes. Por si fuera poco, a nivel institucional han sucedido cosas que tienen que haber impactado en la moral del plantel: la enfermedad y la muerte de Tito Vilanova, las denuncias que terminaron con la dimisión y el enjuiciamiento (en enero de 2014) del ahora ex presidente Sandro Rosell, y la sanción que la FIFA le impuso al club en abril pasado, por la que se le prohibía comprar jugadores hasta junio de 2015, que finalmente quedó en suspenso. No fueron solo los títulos los que desde 2013 comenzaron a ser esquivos: fue el juego (la tenencia absoluta de la pelota, los pases milimétricos, la velocidad y la creatividad de los volantes, la efectividad casi alucinada de los delanteros que aseguraban cuatro o cinco goles por fecha como si se tratara de algo frecuente y hasta común) el que terminó por resentirse. 

La selección española, con todos estos jugadores en su equipo principal y en el banco de suplentes, ha quedado eliminada el miércoles 18 después de apenas dos partidos en los que marcó un gol de penal y recibió siete en contra. Apenas un día más tarde, Felipe de Borbón y Grecia asumía como nuevo rey de España, con el nombre de Felipe VI, para demostrar que, a pesar del mundial, el mundo sigue girando (y no es precisamente el mejor de los mundos y nos sucede también a nosotros: el reverso de una primera fase más que accesible parece ser la amenaza de que la Argentina pueda caer nuevamente en default). Imagino que buena parte de España, y sobre todo Madrid, no debe estar tan apenada. La monarquía goza de buena salud y puede exhibir rostros jóvenes y hasta bellos, y ha llegado el momento de eliminar de una vez por todas la carga genética catalana de la selección de fútbol. Allá ellos. Pero el resto del mundo, y sobre todo los argentinos, no tenemos derecho a festejar esta eliminación. Sentir alivio, puede que sí: un problema menos para el equipo de Sabella. Pero alegrarse por este fin de ciclo, que le deparó a los amantes del fútbol momentos de una belleza casi epifánica, roza la canallada. Así que lo mejor que podemos hacer desde acá es decir gracias, muchas gracias. Y llamarnos, por una vez, a silencio.

Desde Buenos Aires.

 

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