Tema del Mes

JUNIO 2014

Los italianos festejan (otras cosas)

24 / 06 / 2014 - Por Franco Bronzini

Diario de un argentino en Italia durante el Mundial: fútbol, mafias, decadencia y el equipo de los sueños, Por Franco Bronzini

Domingo 15 de junio, Santa Margherita Ligure. La mañana siguiente del triunfo de Italia contra Inglaterra fui como todos los días a mi bar de Santa Margherita Ligure, cerca de Génova, a pedir mi café ristretto que solo en Italia es café y ristretto. Pensé que me encontraría con feligreses eufóricos (los ingleses no son de su preferencia), rebosantes de satisfacción por el triunfo y el modo en el que se lo alcanzó. Nada de eso, sólo los titulares de los diarios acompañaron mi expectativa. Había un clima alegre, pero muy distante de la alegría que yo suponía. Para los italianos ganarle a los ingleses es algo descontado (en la Argentina diríamos “con la camiseta”). Me di cuenta de que esa ontología de la actualidad (como define Foucault a la filosofía italiana) que caracteriza la vida de los italianos (muy distinta al pragmatismo) implica una justa elección de prioridades. Mucho más importante que el triunfo de la Azzurra en ese momento era la venta de la Sampdoria por parte de sus tradicionales dueños, los Garrone, a un productor cinematográfico romano llamado Ferrero. La Sampdoria fue un gran equipo en la década del ochenta y parte de los noventa. Vialli, Mancini, Toninho Cerezo, Pagliuca, Lombardo, llevaron a ese equipo a la final de la Champions, que perdieron con el Barcelona con un gol de tiro libre de Koeman. Después, la decadencia, los descensos, la pérdida del sueño. De alguna manera el lugar que dejó la Samp lo ocupó en los noventa el Parma. Luego vino la decadencia también para este equipo, de la mano de Tanzi, dueño del Parma y de Parmalat, encarcelado por fraudes (los italianos no son iguales a los argentinos). El fútbol italiano acompañó la decadencia brutal de la sociedad en manos de Berlusconi, que hundió a Italia en lo más profundo imaginable, destruyendo su esencia, su memoria, negándole un futuro. Sin embargo, considero a este personaje siniestro el mejor, el más visionario directivo del fútbol mundial de los últimos treinta años: por los resultados deportivos del Milan y su forma de entender el fútbol (ofensivo), como también por haber sido el club que mejor cuidó a sus deportistas. Hernán Crespo siempre dijo que el motivo por el cual los jugadores del Milan juegan hasta tan grandes es por el sistema médico y de preparación física con el que cuentan, el Milan Lab. Berlusconi pasó, fue sentenciado en una de sus primeras causas y recorre tribunales todas las semanas; los italianos no son iguales a los argentinos, pregúntenle a Sofia Loren, a la familia de Pavarotti, a la lucha contra la subversión sin desaparecidos, al intendente de Venezia y treinta de sus colaboradores en este momento destituidos e investigados por corrupción

 

Lunes 16 de junio, Génova. Berlusconi pasó y nuevos aires se respiran en Italia. Renzi devolvió a Italia al centro de Europa y a los italianos la ilusión, como corresponde a su tradición. Fue el único país de la Comunidad que creció en el primer cuatrimestre y el líder europeo más importante, como quedó demostrado en las últimas elecciones parlamentarias europeas. Italia se despertó de una larga pesadilla.

 

Martes 17 de junio, Santa Margherita Ligure. Volviendo al bar, decía que para los genoveses sampdorianos es más importante la venta de su club que el Mundial. Cualquier verdadero hincha de fútbol puede comprenderlos. Que San Lorenzo ganara la Libertadores cambiaría mi ánimo mucho más que si la Argentina ganara el Mundial. Pregúntenle a un hincha de River, de Independiente, de Boca, de Racing… mucho más sumidos en las realidades de sus clubs y de sus pantanos institucionales que en la realidad de la Selección. Solo en los chicos, los más chicos, los que desconocen la infección que está destruyendo al fútbol argentino, existe esa pureza de amor por la patria (no el patrioterismo demagógico, mediático y publicitario). Pureza que se irá corrompiendo a medida que se impartan historias de héroes “puros”, ficcionados y adaptados al partido gobernante, de himnos bélicos, de nacionalismos xenófobos, de religiones excluyentes y fanáticas. Ojalá en Brasil algún héroe verdadero llevara adentro del estadio, como en las Olimpíadas de México 68, las protestas que se abrieron en las calles contra la publicidad nacionalista y populista con que se recubren las alianzas con lo más sucio del poder económico internacional.

 

Miércoles 18 de junio, Génova. Italia-Inglaterra quedo atrás. Sampdoria, ése es el tema. “Pero este Ferrero dicen que lava dinero con el tema de las producciones de cine”, dice uno en dialecto genovés. El que atiende el bar, mucho más joven, le responde en italiano: “Obvio, pero esto es fútbol señores: ¡lavado de dinero! Y de todas formas lo va a lavar, así que mejor que sea en la Sampdoria”. “Por lo menos no es árabe, ni ruso, ni de Singapure”, agrega otro; “Y sí, es preferible nuestra mafia que ya la conocemos a la que maneja el fútbol francés y al inglés” se suma otro; “y al Inter!” remata otro desde un rincón. “Los Agnelli (eternos mafiosos de guantes blancos para la tradición popular italiana) por lo menos tienen más clase”… y así sigue.

La clase media está desapareciendo en el mundo globalizado. El fraccionamiento por países y por zonas, entre espacios para la innovación y la investigación (mucha educación y sueldos altos) por un lado, y la producción manufacturera (baja educación y sueldos bajos) por otro ha dejado a una gran parte de la sociedad, la clase de media, de educación intermedia y sueldos intermedios, al borde de la desaparición (Enrico Moretti, La nueva geografía del trabajo, 2012). Esta mutación en la sociedad se emparienta con cambios en las costumbres, en las formas de entender la actualidad. Ya no es la supervivencia de la Nación sino la del núcleo íntimo la que interesa. La globalización, con su abstracción conceptual y su contundencia brutal en las personas, las migraciones, la densidad demográfica, la abrumadora presencia de la tecnología en la cotidianidad. El hombre deambula por una realidad que lo apabulla y sólo le queda el refugio en lo conocido e íntimo. El fútbol se globalizó, como la economía y la política. La estética del fútbol ya no es más la del juego, sino la que comienza con Blatter y Grondona, que exige decisiones absurdas como un Mundial en Qatar, con sus carreras nocturnas de una Fórmula uno sin héroes. 

Existe en el periodismo un instinto de supervivencia que se empecina en analizar el Mundial y encontrarle un sentido que no sea, en el mejor de los casos, el de un complejo de vacaciones all inclusive, fugaz, que depreda con su paso lo que toca (ver lo que pasó en Sudáfrica y lo que probablemente quedará en Brasil). ¿Qué pueden hacer jugadores gastados por calendarios inhumanos? ¿Qué puede hacer un técnico en quince días? Lo trascendente es que la Agencia de Turismo Mundiales de Fútbol (FIFA y gobiernos nacionales) es un brillante negocio para muy pocos. 

 

Jueves 19 de junio, Génova. Siguió el día y las reformas de Renzi fueron el centro de las discusiones. Los italianos, aún incrédulos de su capacidad, intentan volver a soñar y crear. Treinta años de cultura berlusconiana dinamitaron su identidad, su memoria y su confianza (los ingleses jamás se recuperaron de Thatcher y a los norteamericanos les va a costar mucho sobrevivir al legado de Bush). La creatividad, y esa capacidad innata para generar belleza con lo ordinario, comienza a dar sus frutos, pero aún están asustados.

 

Viernes 20 de junio, Santa Margherita Ligure. Prandelli juega con tres en el fondo; el equipo intenta hace cuatro años presionar adelante. Es una persona de bien, honesta, muy capaz. Una Italia sin figuras lo acompaña. Los italianos no se sienten muy cómodos con este sistema. Para ellos en fútbol lo importante es tener seguridad atrás. Así ganaron cuatro mundiales y jugaron otras dos finales. Después de Brasil, son –hasta ahora– los mejores. Sin figuras descollantes, con trabajos colectivos superlativos (1982, 2006), no debidamente valorados por un periodismo que se empecina en ver belleza donde no la hay: España en Sudáfrica, el campeón sin goles. Tenencia de pelota, así la llaman. 

En las charlas de café que presencié en mi estadía en Liguria, lo importante sigue siendo que Ferrero lave su dinero en la Sampdoria y que Renzi no sea un espejismo. 

 

Desde Santa Margherita Ligure.

OTRAS NOTAS DEL INFORME