Tema del Mes

JUNIO 2014

Esta hinchada brasileña no te deja de alentar

26 / 06 / 2014 - Por Alejandro Wall

Cantan el himno, idolatran a Messi, alientan por la Argentina y creen que Maradona es más grande que Pelé. En un bar del barrio paulista Vila Madalena un grupo de brasileños se junta para ver a Argentina. Todos tienen sus camisetas y sus banderas celestes y blancas. Quieren que la final en el Maracaná sea entre Argentina y Brasil. Y que gané la selección de Sabella. Una crónica de lo inexplicable. Cómo ser brasileño y alentar por los argentinos.

Julio César Lima Silva, cuarenta y tres años, muestra en su celular las fotos de sus hijas. Las dos tienen la camiseta de Vélez. Arrastra la imagen con su dedo índice y aparece una en la que está con hinchas de Vélez en Campinas, en octubre pasado, cuando el equipo jugó contra Ponte Preta por la Copa Sudamericana. Julio César vive en Embu das Artes, a poco más de veinte kilómetros de San Pablo, y trabaja como chofer de un empresario. Sentado frente a una pantalla en la que está por comenzar Argentina-Nigeria en Porto Alegre, Julio César se suma al ooohhh con el que acompañan el himno en las tribunas del Beira Río, en Porto Alegre.
-¡Vamos Argentina, carajo!-grita apenas empieza el partido.
Abre una lata de Coca. Está nervioso y se mueve en la silla. A los dos minutos y veintiséis segundos celebra con furia el gol de Lionel Messi. Julio César tiene puesta una camiseta argentina de manga larga y apoya sobre la mesa una bufanda celeste y blanca. Pero no es argentino, es brasileño.
Como todos los hinchas de la selección que están en el bar Artilheiros, sobre la calle Mourato, en el barrio de Vila Madalena, cerca del centro de San Pablo, donde se suele reunir a los vecinos durante los días de carnaval. Pero ahora juega la selección su tercer partido del Mundial y los locales comienzan a llenarse de argentinos que residen en la ciudad para ver el partido. Salvo acá, donde no hay argentinos sino brasileños que alientan por Argentina. Incluso si la selección jugara contra Brasil ellos irían por la celeste y blanca sin reparos.
-Mis amigos me dicen que estoy loco- cuenta Vitor Miranda, diecinueve años, estudiante de locución y simpatizante de Boca.
Tiago da Rocha, barba, gorrita azul y amarilla tipo piluso y una campera de la selección, no es hincha de ningún equipo brasileño. “Sólo de Boca”, aclara. Igual que Aparecido Damaceno, otro fanático bostero, que lleva puesta una camiseta suplente de la Argentina, y Diego Alvares, un estudiante de medicina de veintiséis años, que también tiene la azul de la selección. Diego cuenta que a los siete años conoció la Bombonera y que ahí mismo decidió que sería hincha de Boca. Leonardo Pantalone, con la celeste y blanca, se declara neutral, sólo alienta por la Argentina. Leonardo cuenta que todo nació como La 12 de San Pablo, una filial de Boca en Brasil. Y pronto mutó a Hinchada Argentina, donde se juntaron otros brasileños que alientan por el equipo de Lionel Messi.
La filial de Boca la fundó Rodrigo, que en estos días está en Buenos Aires. Primero pidió autorización a La 12 para usar el nombre. Se la dieron junto a un reglamento cuya primera regla dice que si Boca juega con algún equipo brasileño, ellos van a la tribuna de Boca y alientan por Boca. No hay otra posibilidad. Son cerca de ciento treinta y pagan treinta reales por mes y tienen un carné. Dos miembros, hace un tiempo, violaron la norma principal: durante un partido, se fueron con la hinchada de Corinthians. Los echaron.
En las paredes del bar Artilheiros están decoradas con tapas de la revista Placar y bufandas y banderines de distintos equipos, desde Liverpool hasta Ferro Carril Oeste. Ahora, por debajo de un LCD que larga las imágenes del partido entre Nigeria y Argentina con un relato en portugués, cuelga una bandera argentina de seis metros de largo. “Hinchada Argentina. San Pablo BR”. Los brasileños explotan con el gol de Messi y putean con el gol de Nigeria.
-¡No pasa nada, vamos!- se alientan entre todos.

Brasil, decime qué se siente / Tener en casa a tu papá / Te juro, que aunque pasen los años / nunca nos vamos a olvidar / Que el Diego te gambeteó / que Cani te vacunó / que estás llorando desde Italia hasta hoy / A Messi lo vas a ver / la Copa nos va a traer / Maradona es más grande que Pelé.

Lo cantan ellos mismos, brasileños, en su país. Y les encanta, les fascina mover los brazos como si estuvieran en la tribuna. También les sale el vamos, vamos, Argentina, y el brasilero, brasilero, qué amargado se te ve, Maradona es más grande, es más que Pelé. Ninguno puede explicar qué les pasa, cómo habiendo nacido en la tierra de pentacampeón, en el país del futebol. Leonardo Pantalone dice que todo ocurrió cuando Argentina perdió con Colombia cinco a cero. Que ahí vio a la hinchada y se decidió. Que los jugadores, dicen, no tienen amor por la camiseta.
-En Brasil hay mucha hipocresía, sólo hay se habla de la patria cuando se juega al fútbol, después todos lo olvidan.
Julio César no sabe precisar cuando se hizo hincha de Argentina, pero cuenta que el Mundial 78 le partió la cabeza: el equipo de César Luis Menotti y las tribunas. Después se hizo de Vélez y estuvo en el Morumbí cuando el equipo de Liniers ganó la Copa Libertadores. Julio César, que además de Vélez es hincha del Palmeiras, cuenta que ahora está contento con la llegada de Ricardo Gareca al club brasileño. Y que planea conocerlo. Diego Alvares repite que el momento del quiebre fue de chico cuando vio la Bombonera, pero admite que es difícil que sus amigos entiendan esto de alentar por la Argentina y no por Brasil.
-No me comprenden, pero no me importa.
Llegan Ian Lin junto a su hermano William, ambos hijos de un padre chino y una madre jujeña. Nacieron cerca de la frontera con Paraguay, pero alientan para Argentina. También Rodrigo, hincha de Boca, que se suma al grupo con una cerveza. Diego Merida, en cambio, es argentino. Nació en La Plata, es hincha de Estudiantes, y se dedica a las finanzas. Llegó a los dos años a Brasil y con ellos encontró la mejor manera para seguir los partidos de Argentina. Al principio, se reunían en el bar Moocaires, pero al tiempo decidieron abrirse. En el barrio paulista Mooca nació Alfredo Le Pera, letrista de muchos de los tangos que interpretó Carlos Gardel, y allí está la sede del Juventus de San Pablo, el último club de Menotti.
En una mesa de atrás, junto a Tatiana, su novia, mira el partido Leonardo, que se para y muestra su pantalón de Boca. No está con el grupo, pero supo por Facebook que se juntarían ahí para ver el partido. Es bancario y tiene treinta y cinco años. Además de sus camisetas de Boca, tiene otras de varios equipos de la Argentina. No sólo le gusta el fútbol de la Argentina, también la música. Leonardo escucha Ataque 77, Almafuerte y Dos Minutos.
-Me gusta esa canción que dice barrio obrero, Valentín Alsina, barrio obrero, Valentín Alsina.
Wanderson le sirve una cerveza a la pareja. Es el mozo del bar. En voz baja dice que su aliento es para Brasil, que no entiende muy bien a esos brasileños que van por Argentina. Tampoco Rodrigo, que está sentado en la caja, los comprende. ¿Cómo es posible que un brasileño cante que Maradona es más grande que Pelé? Eso no puede ser, no está de acuerdo, pero son clientes y entonces sólo le queda reír.
-Por supuesto que Maradona fue mejor que Pelé, no puede haber dudas de eso- dice Diego Alvares, el estudiante de medicina.
En cada gol de Argentina saltan de la silla y se abrazan. Y gritan contra Brasil. Cuando sale Messi, Aparicio, que es hincha del San Pablo y trabaja como metalúrgico, le grita a la pantalla: “¡Gracias, monstruo!”. Leonardo Pantalone cuenta que ya tiene su entrada para los octavos de final cuando la Argentina juegue en San Pablo. Ian también. Y otros quieren conseguir. Se van a juntan para ir todos juntos al Itaquerao. Todos sueñan con una final entre Argentina y Brasil en el Maracaná. Y que todo termine en un Maracanazo argentino. Así que cuando la selección le gana a Nigeria y queda primera en su grupo, todo es una locura, la fiesta argentina de los brasileños. O la fiesta brasileña de la Argentina. El partido termina y todos festejan. Aunque resulte increíble, lo hacen en un solo grito.
-Tomala vos, damela a mí, el que no salta, es de Brasil.

Desde San Pablo

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