Tema del Mes

JUNIO 2014

Nos rompieron el orto

25 / 06 / 2014 - Por Gabriela Cabezón Cámara

El efecto mundialista impone un naturalizado "nosotros", pero ¿quién juega cuando juega la Selección? ¿Estamos todos los argentinos metidos en la misma bolsa? Y cuando hablamos de bolsa, ¿quién la pone cuando se trata de entregar la bolsa o la vida?

“Ganamos”, “perdimos”, “les rompimos el orto”: la primera persona del plural de las afirmaciones más pronunciadas de estos días me remite derecho al “nene, hundimos dos barcos” que según contaba Fogwill le dijo su mamá y lo llevó a esos seis días durante la guerra de Malvinas sobre los que edificó parte de su leyenda, los que, a pura pala, para usar una palabra del paradigma de las trincheras de sus pichis, le tomó escribir Los pichiciegos. Esa primera persona que en principio me incluye, se trata de “nosotros los argentinos”, me hace ruido cada vez que la escucho. Ese chirrido en el cerebro se volvió estallido cuando, minutos antes del partido de la selección nacional contra Irán, uno de los comentaristas de TyC Sports dijo lo siguiente: “El Mundial ya nos habló”.
Entonces la cosa es así: todos nosotros jugamos y el Mundial nos habla. Antes del estallido, hace poco más de una semana, leí “El Mundial es ficción”, un artículo de Pablo Alabarces en Revista Anfibia. La tesis está enterita en el título: se apoya en una cita de Coleridge, que decía que ante la ficción se suspende la incredulidad, y abundaba en cuánta suspensión produce el fenómeno Mundial, en cómo el universal nuestro de cada día -varón, joven, fuerte- se sobreimprime sobre toda la diversidad y sobre la mayoría de la población: “la patria, deportiva o políticamente hablando, es cosa de machos, que son los que la inventan y administran”, dice certero antes de pasar a analizar la ficción de fondo, que es la de Nación. Esa ficción, esa primera persona del plural, es la que se actualiza y fluye sin escollos durante este evento: todo nosotros supone un otro y el otro de la Patria está muy lejos, en el extranjero. Los inmigrantes no cuentan como otros: convengamos que también son argentinos.
Entonces fluye y ganamos, perdemos, nos rompen el orto o lo rompemos pero yo me siento medio afuera: no estoy en la cancha, no juego yo, no me identifico con la fiebre chauvinista y romántica de estos días en que “los argentinos somos” es el comienzo de cientos de enunciaciones con los predicativos más diversos, una especie de fiebre adolescente nacional. No sé qué somos, no me importa, ni siquiera sé si puede afirmarse semejante cosa, cualquiera del orden del “ser nacional”, tiendo a pensar que no.
Pero, al día siguiente o a los dos días de leer el artículo de Alabarces, nos -sí, uso la primera del plural-  cayó por la cabeza el fallo de ese juez estadounidense Griesa en contra nuestro y a favor de los fondos buitre y con ese acto hizo caer también todo lo ficticio y abstracto de esa abstracción jurídica tramada con relatos que le dan a lo jurídico un costado afectivo, como define también Alabarces, a la Nación.
Ahora sí que perdimos: ni yo, ni todos los argentinos menos 23 jugamos el Mundial. Pero vamos a pagar casi todos; habrá, claro, quienes no, quienes, por ejemplo, licuaron las deudas privadas de sus empresas en el mar infinito de la deuda nacional y pagar ahora como uno cualquiera entre 40 millones les resulta un buen negocio. Pero casi todos nosotros vamos a sufrir las consecuencias de este enorme tributo al imperio que es pagar la deuda externa.
Como dicen los futboleros, “nos rompieron el orto”.
El Capital Financiero habla más clarito que el Mundial. Los argentinos somos deudores. Yo no pagaría, pero ahí ya me estoy cortando casi sola.

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