Tema del Mes

JULIO 2014

Un Mundial sin pena ni gloria

04 / 07 / 2014 - Por Eduardo Ballester

Si no gritan, no sufren ni lloran, ¿se merecen la Copa? La pasión por el fútbol no parece ser francesa.

Todos los años, desde hace mucho tiempo, paso unos meses en Laguiole, un pueblo de 1000 habitantes que está 600 kilómetros al sur de París. Si bien en esta parte de Francia les gusta más el rugby, cada pueblo tiene su cancha (y muy buena) de fútbol. Acá, la mayor parte de la gente vive de la ganadería, los cuchillos o el Estado francés.

¡Empieza el Mundial!

Los primeros partidos los vi tranquilo, no había nada en juego. Para el primer partido de Francia, que jugaba el mismo día que Argentina, le dije a Marcela, mi mujer, que fuéramos a verlo al restaurant de pueblo que iba a ser más divertido que verlo en casa. Allá fuimos. 

El restaurant no estaba muy lleno y, por supuesto, había dos televisores sintonizados en la previa del partido. La gente parecía muy ocupada con su comida. Cuando empezó, los comensales siguieron ocupándose de su comida y de sus charlas varias. No es que no miraran el partido, pero el interés era mínimo y era tal el ruido dentro del restaurant que la televisión no se oía. Impensable en nuestro país. Por suerte terminamos de comer cuando terminó el primer tiempo y volvimos a verlo tranquilos en casa. Después, caminando por el pueblo, me di cuenta de que uno podría no enterarse de que se está jugando el Mundial. Ni una bandera, ni un cartel, ni un poster: nada, nada de nada. Sin embargo, como los habitantes del pueblo saben que soy argentino, enseguida sacan el tema y el primer comentario que me hacen siempre es el mismo: “Suerte que tienen a Messi”.

Los canales de la televisión estatal dan los partidos de Francia y algunos otros (aquí no hay Fútbol para Todos). Aunque parezca extraño en Francia no hay ni Fox ni ESPN, aunque sí tienen Eurosport y Bein Sports, la cadena que transmite todos los partidos del Mundial. Esta cadena pertenece a Qatarí, aunque por supuesto no vamos a asociar esto, o alguna otra cosa, con la elección de la sede del Mundial 2022.

Los periodistas a cargo de la transmisión son franceses y están acompañados por ex futbolistas, llamados “consultores”. Estos últimos son franceses en su mayoría, pero también hay brasileños, portugueses y un argentino que comentó el partido de la selección de Sabella con la cara pintada con los colores de Argentina. Es notable cómo todos ellos hablan un francés excelente. Lo que me llama más la atención es la poca capacidad que tienen los periodistas franceses para entender y/o ver un partido, desde no darse cuenta de lo que cobró el árbitro, hasta no entender por qué un partido se está jugando de una forma determinada. El ejemplo más claro fue el partido entre Italia y Uruguay donde el periodista francés estuvo todo el tiempo reclamándole a Italia que se atreviera, que atacara, sin mencionar ni una vez que a Italia le servía el empate y que por eso jugaba de esa forma.

Cuando juega Francia son insoportables. Al lado de ellos, cualquiera de nuestros “maravillosos” relatores o comentaristas son las personas más objetivas y medidas que he escuchado. Después del segundo partido, cuando Francia ya había hecho ocho goles, ya eran poco menos que los campeones del universo. 

Ayer llegamos a París. Llovía. Salimos a caminar un rato y notamos que se repetía lo del pueblo. Ni un cartel ni una bandera, ni un poster. El Mundial no existe. Sí había un gran movimiento y mucha gente en la calle con la bandera multicolor. Era el día del Gay Parade.

A la “noche”, a eso de las 7:30, fuimos a comer a un pequeño y maravilloso restaurante en el barrio de Belleville. Su propietaria es Raquel, una argentina que se instaló en París con su restaurant hace veintiocho años. Si andan por acá no se lo pierdan. Más allá de la comida, esto viene a cuento porque en la mesa de al lado había un señor, oriental, no uruguayo, que miraba el partido entre Brasil y Chile en su teléfono y cada tanto informaba al dueño del Restaurant sobre el resultado. Mientras tanto yo recibía mensajes de mis hijos que me contaban lo que estaba pasando en Brasil.

Volvimos a casa en subte y en una de las estaciones subió un grupo de colombianos con varias banderas. Esa fue la única señal hasta el momento que indicaba que, en algún lugar, se estaba jugando el Mundial de fútbol. Llegamos a nuestro destino y como queríamos ver el partido de Uruguay, decidimos recorrer un poco las calles buscando algún bar abierto donde tuvieran un televisor. No tuvimos éxito, los únicos dos bares que tenían televisión no pasaban el partido. A esta altura, me pareció claro que no merecen ganar ningún Mundial.

Hoy de mañana encaramos lo que ya es parte de mi ritual parisino: ir a la librería La Hune, una de mis preferidas, aunque ya no es la misma desde que la compró Flammarion y dejó de ser independiente. Buscando algo interesante encontré, entre otras cosas, una revista que se llama Mouvements (Movimientos). El título es un círculo dibujado con nombres y el número del verano 2014 está dedicado al fútbol. El título me gusta y me llama la atención: “Peut-on aimer le football?”. Esto es: “¿Se puede amar al fútbol?”, y con un subtítulo revelador: “Siendo de izquierda”. 

¡¿Se puede amar al fútbol siendo de izquierda?!

Esto sí, no tengo dudas, es difícil de encontrar en un lugar que no sea Francia.

Desde París.

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