Tema del Mes

JULIO 2014

El hit de la selección

08 / 07 / 2014 - Por Fernando García

De López Rega a Creedence Clearwater Revival. De Argentina al mundo.

A mitad de camino entre el humor absurdo (Capusotto) y los viejos himnos de la militancia política (los de la JP), el remix que los hinchas argentinos hicieron del original “Bad Moon Rising” de Creedence Clearwater Revival y que ahora se conoce y viraliza como “Decime qué se siente” adquirió dimensiones planetarias con el último spot de Nike con un Zlatan Ibrahimovich animado.

Copiado y contagiado primero entre las hinchadas locales saltó luego a Río y Belo Horizonte donde a fuerza de los cameos obligados por (y a) los enviados especiales que cubren esa tierra media que hay entre los partidos replicó como un mantra en la audiencia de Brasil 2014 para desbarrancar, por fin, al pundoroso y viejo clásico del Mundial 78

A partir de este asalto a la Bastilla de los himnos populares argentinos (una notita de color para la tele de la tarde) se abre un delta hermenéutico tan proteico como azaroso.

Si esa especie de marcha silvestre que es el “Vamos vamos” consagra ciertas maneras de la autocensura (como en una película de Luis Sandrini la barra “quilombera” deviene aquí “bullanguera”) muy enraizadas a partir del período 76-83, la apropiación de una canción de Creedence más antigua que el “Vamos vamos” podría leerse casi como otro, el más reciente, triunfo de la batalla simbólica del kirchnerismo. 

Según con qué perspectiva de los últimos años se analice, la apropiación de Creedence es el equivalente en el ingenio popular del gesto fundador de la retórica K: el descuelgue del retrato del dictador Videla. 

Más aún, el fenómeno podría ser explicado desde una intencionalidad militante. El estilo beat (en el sentido de la música popular de la Argentina que no había sido contaminada por la contracultura) del “Vamos vamos” con su swing despreocupado (alla Katunga) de fiesta de casamiento podría haber sido representativo de esa cultura trash de los años del Proceso. Ahí es donde una canción de rock de Creedence Clearwater Revival resulta desde ya más afín al paradigma setentista aunque el grupo de San Francisco no presumiera de una posición estética radicalizada. 

Peronismo de izquierda y Creedence es curiosamente el Shangri-La que construyó y habita un ferviente difusor de las estrategias K como es el sociólogo Artemio López cuyo blog lleva por nombre “Ramble Tamble”, uno de los clásicos de Creedence.

López se presenta en el blog como “Argentino. Peronista. 55 años. Fan de CCR [Creedence Clearwater Revival]” e ilustra el encabezado del sitio con una obra de Daniel Santoro, el único artista visual que ha tomado el pathos peronista como soporte. En esta re-presentación del peronismo de los 70 más como una contra-cultura (Santoro y Capusotto, sobre todo) que como ideología, Creedence es para López la traslación de ciertos valores de la militancia argentina a los ensueños de la psicodelia californiana. Justamente si hay algo que Creedence representó en su tiempo fue una resistencia a los manierismos del acid rock haciendo opción por lo rústico, lo sencillo, un rock del (y para) el pueblo, anti-intelligentsia, físico y visceral. No descamisado pero sí de rigurosa camisa leñadora, un equivalente americano a nuestra ropa de trabajo. La elección de López es obviamente generacional (se pierde de vista que la popularidad de Creedence hacia 1970 solo podía ser opacada por Los Beatles) pero no puede soslayarse la afinidad en la relación problemática del grupo de los hermanos Fogerty con el resto del rock circa Woodstock y la de la juventud peronista con las izquierdas filo guevaristas. 

En este rosario de apropiaciones (de Creedence al fútbol argentino; de este a la selección nacional y el mundial 2014 y de ahí de regreso a América vía la multinacional Nike) no puede pasarse por alto la que hizo la hinchada de La Cámpora como parte de su arsenal de pirotecnia simbólica para realzar las apariciones de Cristina Fernández de Kirchner en la Casa Rosada. El “decime que se siente” de Río y Belo Horizonte fue anticipado, de algún modo, por este “Sigo bancando este proyecto / proyecto nacional & popular” que instaló el “Bad Moon Rising” original nada menos que en el songbook oficial.

“Bad Moon Rising” fue editada en abril de 1969 como anticipo del álbum Green River y alcanzó rápidamente los primeros puestos en los charts de Inglaterra, Estados Unidos y Europa. En Argentina la constatación de su pregnancia es puramente empírica. Pasado su momento de grupo de moda (bailable, sobre todo) y barrido fuera del radar de la educación sentimental rockera de los setenta, Creedence ancló en los extremos del mapa social de la música popular. Sobrevivió el paso del tiempo en las “rockerías” (locales de baile de rock&roll) del oeste de la provincia de Buenos Aires junto con otros artistas ajenos al canon pos hippie como Johnny Rivers o Status Quo tanto como permaneció en la consideración de los cultores de la música country en la zona norte. 

John Fogerty reconoció haber compuesto la canción tras ver The Devil and Daniel Webster, una película de 1941 que retoma el mitologema del pacto con el diablo para ambientarlo en la New Hampshire del siglo XIX 

La letra de “Bad Moon Rising” semeja una advertencia evangélica sobre el apocalipsis. Sobre ese country-rock up tempo se canta sobre una tormenta devastadora, ríos que crecen hasta desbordar la tierra entera y la presencia ominosa de una “luna mala”. La hermenéutica de la cultura rock advirtió con el paso del tiempo cómo Fogerty pudo haber utilizado la meteorología para profetizar acerca del destino de la contracultura para ese 1969 que sumó la aparición de Charles Manson, la orgía de sangre del show de los Rolling Stones en Altamont y el ascenso de Richard Nixon al poder. Ajena al ideario de Fogerty, esa obsesión por la pesadilla americana quedó fijada a partir de la apropiación (otra más) que hiciera el grupo avant garde neoyorquino (tres palabras que juntas podrían definir el anti-Fogertismo) Sonic Youth cuando editó un álbum con el nombre de “Bad Moon Rising” en 1985. 

La inversión rítmica que practicaron las hinchadas argentinas sobre el original explica mejor que cualquier investigación de campo hasta donde se hunden los viejos hits de Creedence en la pirámide social. La versión que dio paso al coro militante de La Cámpora y, luego, al “Decime que se siente” ralenta el original de Creedence hasta situarlo en un lugar de acuerdo entre la murga y la cumbia. 

Así, finalmente, los barras terminaron nacionalizando el gusto de clase por Creedence para imponerlo como la nueva canción oficial de la Selección Argentina. El “Vamos Vamos Argentina” podría ya ser estigmatizado como un residuo resiliente del período 76-83 y hasta la compleja urdimbre de su autoría encaja en el puzzle del Mundial 78 como triunfo maldito del fútbol argentino.

El simple editado por el sello holandés Philips (finalmente absorbido en la megacorporación Sony/BMG) con “Vamos Vamos Argentina” está firmado por el grupo Los Campeones (intérprete) y el misterioso autor “D.R”. Otro simple de Philips de Los Campeones con “Te queremos ver campeón” en la cara “A” lleva la firma de N.Rama y J.Fontana. Curiosamente en el álbum Fiesta Argentina, una recopilación de estos himnos casi anónimos junto a goles relatados por Yiyo Arangio y cuentos de Landriscina (¡!), el “Vamos vamos Argentina” aparece firmado por la dupla Nemara-Rimasi. “Nemara” es claramente un anagrama de Néstor Rama quien canta la versión más popularizada acompañado por un coro de empleados de Phonogram. ¿Rimasi? Ninguna pista. Pero en 1978, aparece otra versión, vendida como la auténtica, firmada por Rocky Mellace.

La letra de la “versión actual”, que vendría a ser pos campeonato, dice absolutamente todo sobre la época y el lugar. Al estribillo sobreviviente por treinta y cinco años le siguen las estrofas deglutidas por el tiempo tanto como la versión original del Himno Nacional que, a esta altura, resulta un out-take de la historia argentina.

 

Nos vieron en todas partes

La gente nos aplaudió

Hemos sido ganadores

Por nuestra organización

Todo en paz y libertad

La Argentina ha sido ejemplo

Que hemos asombrado al mundo

Con nuestra cordialidad

 

En ediciones posteriores de Fiesta Argentina, el hit cambió de autor y se publicó con la firma de Zaraik Goulu y Sustaita. ¿“Zaraik (¿SADAIC?) Goulu (¿Gol?)”?  “Sustaita”, sí, es Fernando Sustaita o el Dick del dúo beat Bárbara y Dick. Su jingle político “Contagiate mi alegría”, utilizado durante el último gobierno de Perón, “atosigaba las pantallas durante el siniestro reinado de José López Rega” según explica el periodista Daniel Guiñazú en www.elortiba.org. En algún momento indeterminado la letra que Sustaita compuso a pedido de la propaganda oficial fue apropiada por las hinchadas que sustituyeron los dulcificados versos de unidad nacional que siguen.

 

Contagiate mi alegría, y reite como yo; que hoy es tiempo de esperanza, de buscar en la unidad la paz que nos dará el amor.

 

Rocky Mellace y Enrique Núñez fueron los primeros en registrar la propiedad del “Vamos vamos Argentina” en 1977 aunque tardaron treinta años en ser reconocidos como los autores por la Justicia. Sustaita, el autor de la melodía que devino en un himno de época, también la registró con ese nombre pero después de que Argentina se consagrara campeón del mundo. Como fuera, el hit hegemónico de la Selección de fútbol arrastra el barro de la época: la demanda por la identidad y la propiedad, la propaganda que pasa de manos del lopézrreguismo a la idea de “Argentina potencia”. Y, de nuevo, la autocensura casi como recurso artístico.

Finalmente Creedence Clearwater Revival termina su larga argentinización nada menos que con un hit apropiado que quedará en la memoria como el soundtrack del regreso a semifinales en larguísimos veinticuatro años de espera mientras que el (no tan) inocentón “Vamos Vamos” aparece citado y cantado en un oportunista éxito de You Tube firmado por The Band of God que se propone lo contrario: britanizar a Messi para mejorar las pálidas chances de Inglaterra en los últimos mundiales. 

“If Messi was an englishman…”

Quién lo hubiera pensado en 1978…

 

Desde Buenos Aires.

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