Tema del Mes

JULIO 2014

Las manos de Dios

10 / 07 / 2014 - Por Florencia Calvo

Jugar de arquero o ser arquero, esa es la cuestión. Las nuevas figuras del Mundial.

Señores del área, los arqueros. Donde cabe la pregunta por el origen, en qué ocasión, en qué momento de su vida, ese jugador, vestido de otro color, atrapado en la paradoja de la soledad preferible a la compañía durante los noventa minutos de juego, decidió que su lugar en el fútbol pasaba por el arco. “Atajá un rato”, “Andá al arco que no hay nadie”, “Después cambiamos” o “Tenés que ser arquero como tu abuelo” podrían ser algunas frases fundacionales de estos varones que en algún momento de su infancia fueron mandados, puestos, invitados al arco en un entrenamiento, y allí quedaron para siempre. Sea cual sea la razón primera hay una diferencia y se nota: la diferencia entre jugar de arquero y ser arquero. Claro que a los Mundiales llegan los arqueros, no quienes juegan en ese puesto. Y así es como cada Copa del Mundo nos deja entre sus figuras algunos guardavallas, o por buenos o por extravagantes o por penaleros (neologismo que me agrada): René Higuita, el osado arquero colombiano, el carilindo atajador de penales fortuitamente devenido arquero titular Sergio Goycochea por la lesión de Neri Pumpido, héroe argentino de México 86, el severo teutón Oliver Kahn, el eterno portero inglés Peter Shilton, el brasileño Taffarel, el campeón italiano del 82 Dino Zoff, el belga de rulos y ojos grandes Michel Preud'homme, el arquero delantero mexicano Jorge Campos y el decano de los arqueros, la araña negra, el soviético Lev Yashin, mítico soldado condecorado con la orden de Lenin. 

Ahora, nunca, ni en su peor pesadilla, Iker Casillas debe haber imaginado que Brasil 2014 no solo lo iba a obligar a hacer las valijas para volver a España con el primer contingente de países europeos sin siquiera degustar los octavos de final –si sirve: de premio consuelo compartiendo cartel con Buffon y con Joe Hart– sino que además este campeonato iba a ser el Mundial de los arqueros. La pesadilla increíble del lindo arquero del Real Madrid a la que la realidad superó indica que también volvería con más de media docena de goles a cuestas y con Keylor Navas, arquero costarricense elegido jugador del partido en tres ocasiones de los cinco encuentros que disputó y erigido como uno de los héroes mundialistas, golpeando las puertas de su arco del Santiago Bernabeu como una posible adquisición para el equipo merengue; el tico Keylor Navas, señor del Levante de España, artífice de victorias y empates del team de Costa Rica, la única sorpresa de las tantas prometidas en la primera rueda. Porque el problema de Casillas o su pesadilla no es más que la esencia constitutiva del arquero, dos o tres atajadas excelentes pero cinco o seis que se fueron para adentro; si un delantero marra cinco tiros al arco y mete tres es jugador del partido pero si esa proporción le ocurre al arquero son cinco goles por los cuales será recordado siempre. De ahí la importancia por la pregunta de origen. Se es arquero o se juega de arquero.

Pero Keylor es solo el ejemplo extremo por lo bizarro: país centroamericano de muy poca fortuna y escasa tradición mundialista, condenado desde el sorteo a una zona de la muerte de la que no solo sobrevivió saliendo primero sino en la que dejó por el camino a Italia y a Inglaterra. Keylor, nombre de etimología no del todo clara, descubierto y apadrinado por Conejo, el otrora arquero héroe de Costa Rica que, en su momento, no pudo lograr un pase a octavos. Keylor es un ejemplo extremo de un Mundial que finaliza de modo absolutamente conservador, con cuatro semifinalistas lógicos, y en el que todas las sorpresas y promesas fueron quedando por el camino, todas menos el gran despliegue de buenas atajadas, buenas salidas y de muchos arqueros: ya no casos aislados que fueron fundamentales piezas para que en algún momento Brasil 2014 se haya esbozado, solo esbozado, como un Mundial diferente.

En las zonas clasificatorias se destacaron los arqueros africanos, el de Ghana, el de Nigeria, el de Costa de Marfil y el de Argelia. Los de la América latina también: las sorpresas de Memo Ochoa contra Brasil, de Claudio Bravo contra España y de, una y otra vez, Keylor, besuqueado antes de los partidos por Conejo; los de la América inglesa: Tim Howard. Y en Asia, la dura resistencia ofrecida por el arquero iraní frente a la Argentina. Algunos africanos quedaron por el camino, no sin asustar en el medio, por ejemplo a Alemania, el empate contra Ghana, ese empate que el hoy equipo del bellísimo Joachim Low necesita siempre en todos los mundiales para que después se diga que llegó a estar entre los cuatro primeros sin jugar a nada. Y hubo sí un técnico que decidió un cambio de arquero al final, para jugar cinco minutos, no para atajar penales, para festejar el fútbol, para batir el récord del jugador más viejo en un Mundial. José Pekerman y Faryd Mondragón

En octavos el protagonismo de los arqueros contribuyó a que los formatos de la mayoría de los partidos fueran casi idénticos. Juegos cerrados, trabados, que terminaron definiéndose en los últimos diez minutos, o en el alargue o en penales. Y no por casualidad: en cinco de los ocho partidos disputados los arqueros fueron elegidos por la FIFA, su empleador, como “Man of the Macht”. Fueron éstos Keylor Navas, Julio César, Tim Howard quien, estadísticas de la patronal mediante (muy bien analizadas en un breve pero claro artículo del indiecito Solari en 2008 en El País) que contra Bélgica paró la pelota 16 veces, y del que después nos enteramos que sus infatigables reflejos tienen que ver con padecer una rara enfermedad, no la de ser arquero, sino el síndrome de Taurette que lo hace tener movimientos involuntarios; Memo Ochoa, héroe doble, por sus atajadas y por casi dejar afuera al anfitrión a quien parecía que era imposible que se le escapara el hexa. Y por último Rais M' Bholi, arquero y argelino, como Albert Camus (ninguna reflexión seria sobre los arqueros puede omitir el dato de Camus arquero), asustando otra vez a Alemania forzándola a un alargue impensado, vengando en parte aquella afrenta del 82.

Y en cuartos algunas calas luminosas:

Thibaut Courtois, caballero medieval, enuncia y ejecuta el maleficio por televisión: “Messi hace siete partidos que no me hace goles y vamos por el octavo”. Gracias a que en parte el Mundial es un cambio de camisetas, las de las ligas europeas por las de los países, la del Barcelona por la de Argentina, la del Atlético de Madrid por la de Bélgica, todos los jugadores se conocen más que bien. Courtois, talón de Aquiles de Messi, festeja; en uno de esos momentos en los que el argentino juega y no pasea por la cancha como si estuviera en el Camp Nou, esperando el pase de Iniesta, queda mano a mano con el arquero y Courtois festeja, será por el maleficio, porque se conocen de la liga o porque Messi se olvidó de pasarlo por la izquierda, que Courtois le tapa en un soberbio mano a mano al jugador estrella, el partido perdido, Bélgica eliminado y sin embargo el arquerito del Atlético de Madrid festeja. Se juega de arquero o se es arquero.

Holanda vs. Costa Rica. Se acaba el partido. Otra vez Keylor el héroe de la tarde. Dueño de un arco embrujado en el que la pelota no entra, invicto, pero agotado. El arquero holandés que también tapó un par de pelotas. Todo indica que van a penales. De repente las cámaras toman al arquero suplente de Holanda precalentando. Y faltando un minuto la carta escondida de Van Gaal, cambia el arquero por un atajador de penales. Es el otro extremo del juego Pekerman- Mondragón. Pero es reglamentario, Cillesen, el arquero titular, no parece molesto. Del otro lado, Keylor no da más, no puede ya parar más nada. No hay justicia poética, la tribuna diría que un arquero frío es lo menos adecuado para atajar penales, pero no el atajador para dos penales y clasifica a Holanda. Los once naranjas que corrieron 120 minutos pasan a segundo plano, el héroe es el atajador de penales, el que jugó menos de 10 minutos. Así, si la acción de los arqueros había empezado como revolucionaria, capaz de alterar las relaciones de poder entre los equipos con esto termina de la peor manera posible, especulación pura. 

Quedan ahora, en estos días que faltan, el arquero argentino, señor de los rebotes, que todavía no ha terminado de demostrar del todo sus virtudes bajo los tres palos; Julio César, al que seguramente ya no dejará en paz el fantasma de Barbosa, el arquero del Maracanazo, que fue condenado luego de 1950 a una desafortunada vida relatada recientemente en un lacrimógeno documental; Neuer, el excelente arquero alemán del Bayern Munich, cuya originalidad reside en su muy buen juego con los pies a la manera de un quinto líbero, pero que carece de cualquiera de los condimentos exóticos de los arqueros listados. Y, por supuesto, la dupla holandesa de arquero y penalero (ya adopto la palabra como sinónimo de atajador de penales) Jasper Cillesen-Tim Krull, que se encontró en semifinales con un rival inteligente que si bien no pudo ganar el partido en los ciento veinte minutos fue capaz de forzar los tres cambios antes de los penales. Y que además supo, en silencio y sin la espectacularidad de Van Gaal, conjugar en una sola figura, la de Romero, seguramente próximo héroe televisivo y del corazón, que cambió el traje negro por el amarillo, las virtudes del tandem holandés.

De otro modo, si Holanda llegaba a avanzar a una final por Krull, si llegaba a salir campeón por la especulación prepenales, o incluso si Argentina juega la final contra Alemania desde el principio, pensando en llegar a los penales, a la manera de Italia 90, toda la acción épica de esta gran cantidad de arqueros en Brasil 2014 pasará a segundo plano. Será necesario, entonces, esperar a Rusia 2018. Allí el fantasma de Lev Yashin pondrá las cosas en su lugar.

Desde Buenos Aires.

 

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