Tema del Mes

ENERO 2015

G I R L (Pharrell Williams, 2014)

24 / 01 / 2015 - Por Hernán Ferreirós

Ambicioso e inocuo, provocativo e indolente suena el promedio musical de 2014, resumido en el disco de un ex productor progresista convertido en artista retrógrado.

El 2013 fue el año de Pharrell Williams. Aportó su voz y su insondable maestría de alquimista de los beats a canciones que muy poca gente en el planeta se quedó sin escuchar como “Get Lucky” de Daft Punk, “Blurred Lines” de Robin Thicke y su propia “Happy”, número uno en casi todos los países que tienen charts y nominada a un Oscar, que terminó perdiendo ante la insufrible “Let it go” de la película Frozen de Disney, una show tune tan altisonante y pomposa que ya debe ser parte del canon de los estudiantes de comedia musical o los aspirantes a ingresar a un reality show de canto.

“Happy” es lo opuesto a la grandilocuencia de “Let it go”. También es parte de la banda sonora de un infantil animado, Mi Villano Favorito 2, de entrada un film con personajes menos dañinos que las irritantes princesas de Disney que a paso firme van convirtiendo a sus espectadoras en pequeños monstruos. Pharrell tuvo la gentileza y la sensibilidad de no recurrir al rosario de clichés de los temas de películas (debe conmover, debe sorprender por la performance vocal, debe ser una balada, etcétera). Su composición habla el idioma diáfano de una canción soul directa, fácil, de una levedad balsámica. Sus atributos son su accesibilidad, un beat contagioso y el falsete diminuto del cantante que recuerda al de Curtis Mayfield (la melodía también podría haber sido de Curtis). Con estos pocos elementos y sin necesidad de levantar la voz, “Happy” toca el epicentro de la música pop: toda resistencia es fútil, es imposible no responder físicamente al llamado del estribillo de esta canción. Al menos hasta que su ubicuidad empieza a desgastarla, como suele pasar con los hits impulsados por la prepotencia millonaria de las discográficas.

“Con ‘Get Lucky’ y ‘Blurred Lines’ Pharrell definió la música pop del 2013. En 2014, vamos a convertirlo en una superestrella global, `Happy´ es solo el comienzo”, declaró, con aire patoteril, el director del sello Columbia Records tras fichar al músico para sus filas. G I R L, el segundo disco solista de Williams, lanzado en marzo de este año, es el primer paso en esa aventura de conquista (el segundo ya fue un paso en falso: convertirlo en jurado de The Voice, junto a los paupérrimos Adam Levine y Gwen Stefani).

Según el propio Pharrell, éste es un álbum conceptual cuyo “concepto”, como sugieren su título y su portada (en la que se lo ve con una salida de baño acompañado por tres mujeres ataviadas de igual modo), vendría a ser una celebración de la femineidad. Tras su participación en la “controvertida” “Blurred Lines” de Thicke, (“retrograda y brutal” sería una descripción más precisa, pero el éxito hace que la idiotez se vuelva un punto de vista válido), Pharrell sintió la necesidad de tomar un poco de distancia de ese track (que, además, es objeto de un juicio porque tiene más que una semejanza pasajera con “Got to give it up” de Marvin Gaye). El tema incluye algunos versos que habrían sido rechazados por los Wachiturros por ordinarios como “tengo algo tan grande para vos / que te va a partir el culo en dos” y su video sigue haciendo lanzar espuma por la boca a las feministas: está protagonizado por el revoleo del busto desnudo de la modelo británica Emily Ratajkowski, el segundo caso de la historia en que un par de pectorales imponentes lograr provocar la recordación de un nombre impronunciable, luego de Schwarzenegger. Ante un grado de sexismo tan desconcertante, Pharrell nos quiere convencer de que su disco solista es una exaltación de lo femenino. Sin embargo, para cualquier oyente que preste un poco de atención a sus letras, es más una exaltación lo mucho que le gustan a Pharrell las mujeres, que no es lo mismo y es una forma bastante particular de feminismo.

Las canciones van de lo que en el mundo del hip hop pasa por una letra sugestiva (“make the pussy just gush, make it make it, just gush”, que podría ser traducido tiernamente como “hacé que la conchita te chorree, hacé que te chorree”) a lo sencillamente predatorio (“Sólo porque es la mitad de la noche, eso no quiere decir que no voy a salir a cazarte... Hay taxidermia en mis paredes, con la descripción de cada grito de muerte, soy un cazador” canta Pharrell en “Hunter”). Es improbable que haya muchas mujeres que consideren que ser identificadas con un trofeo de caza sea una contribución a la lucha emancipatoria. Cuando Pharrell se dice feminista, sencillamente no tiene idea de qué está hablando. Es como si realmente creyera que ser feminista consiste en salir con muchas mujeres porque, evidentemente, lo mejor que le puede pasar a una mujer es acostarse con él.

Sucede que desde el lado temático, el disco muestra desorientación e incomprensión o desinterés ante el mundo al que pertenecen sus oyentes, que no es el mundo confitado en privilegio de las estrellas de música. Incluso la extraordinaria “Happy”, que hace de la liviandad su bandera, deja a Pharrell en offside: en el año en que estallaron protestas en todo Estados Unidos por la exoneración de los policías responsables de los asesinatos injustificables de los jóvenes negros Michael Brown en Ferguson y Eric Garner en Nueva York, el artista negro más célebre del momento no paró de cantar “Estoy feliz, cantá conmigo si sentís que la felicidad es la verdad”. Para peor, el mismo día en que el policía Darren Wilson, que vació su arma en el cuerpo de Brown cuando éste no obedeció a la orden de no caminar por el medio de la calle, era liberado de todos los cargos por la justicia norteamericana, Pharrell estaba en The Voice, interpretando “What a wonderful world”.

Desde luego, nadie dice que Pharrell deba sostener las políticas sexuales de una separatista lesbiana o las raciales de Malcolm X, pero semejante grado de desconexión con algunas de las polémicas centrales de su país revela que el músico es apenas un producto movido a control remoto por su sello. Pharrell se permite ser controvertido cuando canta sobre culos y cazar mujeres porque el sexo vende, pero no para hablar acerca de la opresión sexual o racial porque la ideología política combativa separa. Para alcanzar el superestrellato global al que él y su sello aspiran, Pharrell debe lograr el milagro del crossover: debe saltar sobre los nichos y cautivar a todo el mundo, ya sean blancos (sobre todo), negros, latinos, hombres, mujeres, jóvenes o adultos. Es decir, debe limar todas sus asperezas y ser totalmente inofensivo (u “ofender” sólo con aquellas ofensas que seducen a más de los que expulsan, como el derrape sexual).

A diferencia de casi toda la carrera de Pharrell como productor, mientras fue parte del duo The Neptunes y cada uno de sus beats parecía telegrafiado desde una dimensión paralela, este disco de Pharell como solista es un regreso a lo conocido. The Neptunes fueron los productores más creativos de la música pop norteamericana de los últimos veinte años: sus contribuciones sumaron novedad y solidificaron las carreras de Kelis, Jay Z o Justin Timberlake e hicieron que artistas como Britney Spears parecieran relevantes. Pero, tras pasar la primera década y media de su discografía en el futuro, Pharrell reorientó la máquina del tiempo que es su estudio de grabación hacia el pasado. Las referencias musicales más evidentes de sus últimas composiciones son Marvin Gaye, Curtis Mayfield, Prince o Michael Jackson. Su apropiación de la música de estos autores es un ejercicio retro en el que, en especial Gaye y Mayfield, se convierten en un conjunto de gestos, en rasgos de estilo vacíos.

Estos dos músicos en particular fueron portavoces de los jóvenes negros de su generación y discos como Curtis (1970) o What's going on (1971) actuaron como manifiestos tanto musicales como políticos. La cita de Pharrell borra todo el contenido y deja en su lugar un regreso amable a lo ya escuchado, que el público puede decodificar con facilidad. En un afán de conquista global, el productor más progresista resultó un artista retrógrado. Si bien este segundo trabajo solista de Pharrell Williams no es el mejor disco del 2014, tal vez sea el que mejor definió el estado de la música pop en la era de The Voice y America's Got Talent: calculadamente sexy, expertamente planificado, obsesivamente enfocado en el pasado y completamente inocuo.