Tema del Mes

ABRIL 2015

Psicodelia tecnológica y amor de gelatina. Sobre "Jellyfish eyes" de Takashi Murakami

23 / 04 / 2015 - Por Florencia Wajsman

Inconfundibles personajes de estridentes colores y monstruosas fisonomías invaden la pantalla del BAFICIto. Takashi Murakami, el artista contemporáneo que supo hacer del mercado su hábitat natural, intenta conquistar la industria cinematográfica con "Jellyfish eyes", su primer largometraje orientado al público infantil.

Los ´80 llegaban a su fin cuando la burbuja económica comenzó a pinchase y las secuelas del circuito especulativo comenzaron a manifestarse. Como era de esperar, la cultura no tardó en hacerse eco de los procesos socioeconómicos y la generación neo-pop emergió con vigor en un Japón que trastocaba el mundo del arte. En este contexto, Takashi Murakami (1962) se convirtió en uno de los artistas más reflexivos y estimulantes de la década de los ´90. Su capacidad para interrelacionar elementos de la cultura popular japonesa, como el anime y el manga, con expresiones pictóricas asociadas a técnicas y temáticas tradicionales se transformó en la huella autoral que atraviesa su heterogénea producción. Sin embargo, lejos de tratarse de la simple incorporación de patrones estéticos occidentales, el artista desarrolla una crítica social que subyace con ironía en sus infantiles e inocentes figuras para dar cuenta del consumismo y la ausencia de estructuras culturales consolidadas en el país oriental. 

A partir de un estilo propio denominado superflat –caracterizado por la bidimensionalidad, los colores planos y la primacía del contenido sexual fetichista- Murakami plantea una serie de personajes  inspirados en emblemas de la televisión y los videojuegos. De esta forma, la apropiación iconográfica de hongos, margaritas y calaveras en relación directa con la estética kawaii y nipona es plasmada en pinturas y esculturas de gran escala en las que convergen con ironía la ingenuidad y la abyección. Paradójicamente, si hay algo que atraviesa la totalidad de su obra, es la capacidad de ligar su producción artística con el mercado. Carteras de lujo, camisetas, biromes y vulgares lonas de playa, todo es susceptible de ser convertido en mercancía y conservar al mismo tiempo el status de obra arte bajo la firma Kaikai Kiki que se encarga de gestionar y comercializar todos los proyectos del artista. Criticado por ciertos sectores, celebrado por otros y en ocasiones comparado con Andy Warhol, supo imponerse hasta convertirse en uno de los referentes visuales contemporáneos más importantes. En este sentido, su primera película desarrollada durante más de diez años y planteada en torno a una futura trilogía, pareciera ser parte del proceso natural de su carrera en el que se perpetúa el imperio simbólico y económico que supo llevar a cabo durante los últimos veinte años.

Jellyfish eyes oscila permanentemente entre dos polos. Montada a partir de la fusión entre animación y personajes de carne y hueso, parece responder  a los parámetros de una narración clásica en la que el caos es resuelto en pos de un final feliz, pero plagado de psicodelia al estilo Murakami. Con un trasfondo argumentativo denso y oscuro, que poco tiene que ver con el universo infantil al que acusa pertenecer, el artista plástico introduce un mundo de estridentes criaturas en el que Masashi –que ha perdido a su padre y acaba de llegar al pueblo– deberá sortear una serie de peripecias. Para ello, contará con la ayuda de Karuga-bo, un ser difícilmente identificable con morfología de medusa que pertenece a los FRIENDS, criaturas generadas tecnológicamente que cada niño cree dominar desde un dispositivo. Como una metáfora de la angustia juvenil y los avances exacerbados de la tecnología, los infantes comienzan a utilizar sus amigos para combatir entre sí, sin saber que éstos son parte de un plan macabro desarrollado desde una central nuclear para generar un poder supraterrenal al que deberán enfrentarse.  

A partir de la exacerbación de dualidades como el bien y el mal, la dulzura y la perversión, Murakami  despliega con sutileza  un discurso crítico escondido tras su aparente superficialidad. Paisajes de colores saturados que se derriten hasta desarmarse en la pantalla, seres con múltiples ojos, medusas voladoras e incluso Miss ko2 –uno de sus íconos más famoso plasmado en una escultura de fibra de vidrio cotizado en medio millón de dólares– se entrelazan para personificar el peculiar universo al que nos tiene acostumbrados. De esta forma, Jellyfish eyes puede ser captada como una excéntrica película infantil. Sin embargo, las referencias al accidente nuclear de Fukushima, la problematización de los vínculos sociales contemporáneos y la disgregación cultural obligan a percibirla como un nuevo intento de Murakami por esbozar un revisionismo del relato histórico y cultural de Japón. 

 

Jellyfish eyes de Takashi Murakami

Domingo 19 - 16:35 h. Village Recoleta

Lunes 20 - 17:30 h. Village Recoleta

 

* Florencia Wajsman es Lic. en Crítica de Arte

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