Tema del Mes

ABRIL 2015

La resistencia de los materiales. Sobre "Tierra en movimiento", de Tiziana Panizza

25 / 04 / 2015 - Por Irene Depetris Chauvin

El cortometraje "Tierra en movimiento" retrata las huellas del sismo ocurrido en Chile en 2010. La dinámica de las imágenes, filmadas en super 8, intentan reflexionar ante la pérdida y la construcción de la memoria como necesidad.

En la última década, la chilena Tiziana Panizza viene desarrollando una interesante labor como documentalista experimental. Sus anteriores trabajos, exhibidos en BAFICI 2013, dan cuenta de una exploración sensible de las dimensiones visuales y sonoras que difumina los límites entre los géneros. Una hibridación de la materialidad, el soporte y los dispositivos de la obra que es sobre todo la apuesta a construir una “mirada documental” que busca revelar los innumerables efectos y afectos de las superficies. Si su trilogía de cartas visuales (Dear Nonna: A film Letter, Remitente: Una carta visual, Al final: la última carta, 2004-2012) cruza el género epistolar con la poesía visual y rescata retazos de home-movies y de found-footage para reflexionar, desde su esfera familiar, sobre los mecanismos de la memoria y del olvido, Tierra sola (2010) acude al super 8 para retratar los modos de habitar un espacio otro: una cárcel sin paredes en la isla más remota del mundo. Tierra en Movimiento (2015), su último film creado en colaboración con el poeta Germán Carrasco, viene a confirmar que para Tiziana Panizza un cine ‘íntimo’ no es necesariamente un cine anclado en la primera persona, sino aquel que explora el potencial sensible y analítico de las texturas.  

Ubicado en el llamado Cinturón de Fuego del Pacífico, Chile es una de las regiones más sísmicas del planeta. El 27 de febrero de 2010 un terremoto castigó el centro del vecino país con una fuerza de 8,8 en la escala de Richter y dejó más de 500 muertos y 500.000 construcciones derribadas. Tierra en Movimiento comienza registrando fragmentaria y pudorosamente una segunda escena de destrucción que sigue a la del terremoto. Las grúas socavan lo que quedó del “Alto Río”, un edificio que se derrumbó en su totalidad y se volvió emblema de la negligencia de los negocios de construcción moderna y rápida que dan la espalda a las realidades de una geografía. ¿Por qué no dejarlo como parte de la memoria sísmica?”, se pregunta la voz en off de la directora. Hay una pregunta y un deseo implícitos en la propuesta de conservar los restos como parte de “un museo a cielo abierto”. Se trata de explorar los modos de dar cuenta de la magnitud de un desastre evadiendo tanto un registro visual que espectaculariza el sufrimiento, como los efectos monumentalizadores de la memoria oficial.

Entonces, ¿cómo dar cuenta de una geografía sísmica? Una forma, propone el cortometraje de la realizadora chilena, es explorar aquello que queda en pie cuando una persona sufre las consecuencias de un terremoto. Tierra en Movimiento es un viaje que comienza en el epicentro pero deja la destrucción casi fuera del plano y nos hace desplazar hacia el perímetro, para ir en busca de lo que queda: una comunidad “humana sísmica”. Un relato más marcado por lo poético que por lo narrativo, Tierra en Movimiento se arma como un caleidoscopio móvil de fotogramas que se potencian, o se tensan, con fragmentos de poemas, anécdotas bíblicas, textos escogidos de un informe de geología o de los periódicos y una atmósfera sonora por momentos onírica que se interrumpe con el registro real de mensajes de radio dejados por las personas que buscaban a sus familiares desaparecidos durante el sismo. Al alejarse del centro, este ensayo en movimiento acude al registro de super 8. Una elección que no sólo plantea una continuidad estilística con los trabajos previos de Panizza en relación a la narrativa epistolar, sino que adquiere aquí más bien la dimensión de una postura “ideológica”. La textura granulada y de colores apastelados del cortometraje no apuntan meramente a la nostalgia y al romanticismo de un formato que asociamos a los recuerdos de proyecciones de la niñez. Frente al bombardeo de los medios que hicieron de la nitidez de un digital en alta definición un instrumento para convertir el dolor en espectáculo, el registro precario e impreciso de Tierra en Movimiento se plantea como un modo de reflexionar sobre la posibilidad de una memoria, un intento de entender la pérdida como una forma de intimidad que comparten los que han sobrevivido y un modo de potenciar, desde la materialidad misma del registro audiovisual, cierta intimidad del espectador con esa pérdida.

“Después de un terremoto siempre aumentan la demanda de ataúdes, de cemento y sobre todo de vidrio”, lee la narradora en la columna financiera de un diario y, continúa “La modernidad se desmorona en un segundo pero erratas y goteras son el fondo pruebas de carácter”. Frente a la solidez del cemento y la histeria por lo nuevo, restos y fragmentos de materiales blandos son los que rescata la mirada de Tierra en Movimiento. Los primeros planos detalle encuentran atrapados entre los escombros y el metal doblado restos de tela y papel, ropa, frazadas, fotografías. La naturaleza crea casi “pinturas abstractas” con esos materiales pero esta mirada sobre la ruina no es un mero preciosismo poético. Mediante su atención a la distinta resistencia de los materiales, el documental explora una atmósfera afectiva en donde el vitalismo y la voluntad de reconstruir, se mezclan con la mudez, el silencio y la renuncia. 

En realidad, más que de resistencia, la comunidad humana sísmica del documental de Panizza parece ensayar pequeños actos de resiliencia. Sabemos que los sobrevivientes a grandes desastres se ven obligados a restablecer una especie de equilibrio interno, a menudo precario y frágil, entre el recordar demasiado y el recordar demasiado poco. El olvido es parte de la memoria y de la elaboración de la catástrofe y la poética de la textura en el documental de Panizza se vuelve también parte de esa política de la resiliencia. Un ovillo de lana y una tijera, las manos de una anciana bordando, el plano detalle de un tapiz. “Siempre tuve admiración por los trabajos cabizbajos que requieren paciencia. Es como volver a la infancia y recortar papelitos con formas de medialunas, estrellas, flores y corazones”, dice la narradora mientras el registro visual insiste en los textiles. Esas “labores que se ejecutan como un mantra” hablan quizás de una especie de utopía del hábito cotidiano como un modo de reconstruir una trama afectiva. Ropa colgada, ropa secándose, el viento que la agita y las convierte en banderas que piden tregua. La renuncia junto a la voluntad de seguir viviendo que se trasmite en esas “historias de sábanas y afectos” y en el plano largo de unos niños jugando en una fuente de agua. 

“El bordado o el cine son escrituras de la imagen”, dice en un momento la narradora explicitando de una vez que el cine de la textura es un cine de la intimidad. No son sólo el referente o las palabras los que construyen esa cercanía, sino el mismo registro visual fragmentario, texturado e impreciso del super 8 el que motiva las miradas en relación a las personas, los espacios y los objetos. Las imágenes de Tierra en Movimiento son verdaderas potencias sensoriales porque participan de una dimensión háptica mucho más próxima a la dimensión táctil que la tradicional visualidad óptica y es este fuerte vínculo entre mirada y tacto el que tiende a crear proximidad con los observadores. El modo de registro del cortometraje comparte la misma “precariedad” de la geografía sísmica ya que trabaja con un universo de imágenes que, por su escasa definición, parecen apuntar necesariamente a su propio límite. Una precariedad de la imagen que, al mismo tiempo, se traspasa al espectador que se vuelve él mismo vulnerable a la imagen. 

Luego del rodeo por Talcahuano, Hualpén y Ninhue, el documental de viaje de Tiziana Panizza nos devuelve al epicentro, a Concepción. Las grúas han terminado su labor. El plano silencioso de un terreno baldío no permite adivinar que alguna vez hubo un edificio y los títulos nos informan que los ejecutivos de la constructora fueron casi en su totalidad exonerados por la justicia. A pocos metros de allí el memorial para las víctimas del terremoto, cuya construcción costó casi cuatro millones de dólares, queda fuera del plano. La cámara insiste en dirigirse al suelo para registrar unas flores volviendo a nacer de esa tierra inestable reafirmando que Tierra en Movimiento es una mirada sobre la destrucción, la demolición, la reconstrucción, la obsolescencia y la fragilidad de la ciudad moderna pero también una forma de entender la fragilidad de una memoria que escapa al monumento, un modo audiovisual de compartir íntimamente pequeños actos de resiliencia: olvido, pedido de tregua, recreo, obstinada vitalidad y paciente persistencia. 

 

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