Tema del Mes

ABRIL 2015

Diálogo II. Vigilados al nacer. Sobre "Citizen Four" de Laura Poitras

26 / 04 / 2015 - Por Emanuel Rivero, Federica Torres y Rafael Bea

Una vez más los tres críticos de cine se reúnen para dialogar sobre "Citizen Four", el documental que registró cómo Edward Snowden develó los mecanismos de espionaje e invasión de la privacidad realizados por la inteligencia de Estados Unidos. Ganador del OSCAR a Mejor Documental, este largometraje trasciende el cine para volverse un problema en boca de todos.

- Federica Torres: ¡Bienvenidos al Estado de Vigilancia! Mientras estamos conversando en este bar sobre la película Citizenfour, de la valiente Laura Poitras, una cámara está registrando todos nuestros movimientos que van a parar a una sala en la que varios empleados observan en un juego de múltiples pantallas todo lo que pasa en el shopping. Los celulares que tenemos sobre la mesa y que miramos adictivamente envían mensajes que pasan con la velocidad de la luz por varios servidores que los almacenan. La laptop que tiene Rafael y que parece dormir sobre la mesa, contiene un montón de información que cualquier hacker u organismo de poder tiene la capacidad de revisar. El iPad con el que grabamos esta conversación se conecta a la red wi-fi y el hermoso logo que ven ahí, que nos avisa que este bar está conectado con la red, pertenece a la empresa Wi-fi Alliance, una industria global con dos billones de licenciatarios, más usuarios que habitantes en cualquier país del planeta. Citizenfour es sobre Edward Snowden, un laburante de la NSA (Agencia de Seguridad Nacional) de Estados Unidos, que reveló cómo el Estado norteamericano espiaba y vigilaba todo el flujo de informaciones de la red. Snowden se conectó con Poitras, que ya había hecho importantes documentales, y con el periodista Glenn Greenwald, de The Guardian, para denunciar este hecho.

- Emanuel Rivero: Casi todo el documental está filmado desde un hotel en Hong Kong, donde Snowden se esconde de la persecución de los sabuesos del poder. Cititzenfour es un thriller documental en el que la víctima somos todos nosotros; el culpable, el Estado; y el motivo del delito, la obtención de información. Como dice uno de los periodistas, se trata de “la mayor infracción a las libertades cívicas norteamericanas de todos los tiempos”.

- Rafael Bea: Con esas cámaras de vigilancia Harun Farocki hizo verdaderas obras maestras. El documental de Poitras carece de imaginación en la puesta en escena y en los procedimientos, pero tiene la virtud de cumplir el sueño de todo cine político: hacer tambalear a los poderosos. El hecho de que le hayan dado el Oscar, en la mejor tradición liberal de Estados Unidos, muestra que la opinión pública norteamericana todavía tiene la virtud de entender que las exigencias al poder no pasan por la realpolitik sino por los principios, aunque éstos raramente se cumplan.

- Federica Torres: Citizenfour nos muestra cómo pasamos de un régimen de censura (no debés hacerlo) a otro de control (qué estás haciendo). Y esto complica mucho la idea que teníamos de la libertad, que se basaba en poder hablar, poder ver, poder oír. Ahora se trata de hablar sin que te vigilen, ver sin que te miren, oír sin que te administren lo que escuchás.

- Rafael Bea: Planteás algo apocalíptico, como si uno no pudiera abstenerse de conectarse a ese mundo. Nosotros, que nos jactamos de no tener Twitter ni Facebook, no dejamos de ver los celulares de un modo adictivo y pasamos más tiempo en la computadora que en la vida misma.

- Federica Torres: El problema no es la vigilancia sino el deseo de vigilancia. Esa es la cuestión central de los poderes establecidos: cómo alentar el querer ser vigilado. Entre la inseguridad y la vigilancia elegimos la segunda sin darnos cuenta de que es una falsa opción. ¿Vos tenés alarma en tu casa?

- Emanuel Rivero: Sí.

- Federica Torres: ¿Te robaron alguna vez?

- Emanuel Rivero: Sí.

- Federica Torres: ¿Y qué te dijeron los de la compañía de seguridad?

- Emanuel Rivero: Los sensores funcionaron bien pero los cacos desconectaron la alarma y entonces el monitereo no llegó a nuestra eficiente policía federal que tal vez ya estaba avisada; nunca lo sabré. La cuestión es que me dijeron que faltaba el Back Up GPRS, que es algo que yo desconocía, y que es un chip que se conecta directamente con un celular por más que desconecten la alarma. La empresa de seguridad me recomendó ponerlo para evitar futuros robos.

- Federica Torres: ¿Y te cobraron para poner el Back Up GPRS pese a que te habían robado?

- Emanuel Rivero: Me hicieron una promo.

- Federica Torres: O sea que te robaron los ladrones y también la empresa de seguridad. ¿Y vos, Rafael?

- Rafael Bea: Yo qué…

- Federica Torres: ¿Tenés alarma?

- Rafael Bea: Yo vivo en un departamento. Pero tengo portero las 24 horas. Es un portero de lo más chismoso, al viejo estilo. Me espía pero puedo asegurarte que no trabaja para la CIA.

- Federica Torres: La seguridad es el gran mito de nuestro tiempo y la paranoia su mesías. La cuestión es que como la inseguridad es un componente básico de los hombres y las mujeres (sin inseguridad moriríamos de tedio), la paranoia entonces no tiene fin.

- Emanuel Rivero: Pero nos desvíamos del tema, porque el tema de Citizenfour es la vigilancia, pero en internet. En todo caso, la huida de Snowden y la búsqueda de protección tienen que ver con lo que pasó en el mundo virtual (un mundo virtual que ocupa cada vez más nuestra realidad). Ahí se desarrolla una verdadera batalla política, jurídica, y periodística sobre un proceso (el del derecho a la privacidad) que todavía está en curso. Lo que más me gustó de la película es cuando Appelbaum dice que ya no hablamos de libertad sino de privacidad y eso él lo ve como un peligro. Efectivamente, la libertad estaba asignada a la esfera pública y el derecho a la vida privada era algo que no se ponía en cuestión. Pero con el avance de los medios, la diferencia entre vida pública y vida privada colapsó totalmente. Entonces, sostener la privacidad como motivo de lucha política es más bien una reacción defensiva. Snowden, Appelbaum, Poitras, Greenwald están repensando la tradición liberal para redefinir los conceptos desde el campo de batalla mismo.

- Federica Torres: Sí, se trata de una guerra de nuevo tipo. El lugar en el que se desarrolla ya no es la tierra sino el cerebro, pero un cerebro inhumano y ubicuo que contiene información infinita y velocidad instantánea. En esta batalla se puede participar con un camuflaje que no consiste en vestimenta sino en un nickname. Mientras los soldados desde tiempos inmemoriales buscan mimetizarse con la naturaleza, los internautas quieren hacerlo con la información engañosa. No hay armamento pesado sino que se puede luchar con una pequeña computadora, como esas que tiene  Snowden. El botín de guerra es la información, sobre todo la que el poder denomina “sensible” o “clasificada”. Y el lema es el que forjó Julian Assange: “privacidad para los débiles, transparencia para los poderosos”.

- Rafael Bea: ¿Podemos hablar de cine? ¿Hacemos crítica de cine o esto es polémica en el bar? [se escucha un ruido: pip pip] Esperen, me llegó un msm a mi celular. “Ya podés tener tu DNI en 24hs Inicia el trámite en el mininterior.gob.ar Ministro Florencio Randazzo” Uia, me escribió Randazzo en persona, ¿cómo tiene mi número? ¿Cómo sabe que justo hoy pensé que tenía que hacerme el nuevo DNI? Me hace acordar cuando uno llega a Ezeiza y nos recibe un gran cartel del Ministerio de Transporte hablando de las bondades de nuestro pasaporte por su tecnología biométrica que hubiera hecho la delicia de los positivistas del siglo XIX.

- Emanuel Rivero: El SIBIOS (Sistema Federal de Identificación Biométrica para la Seguridad) viola los derechos fundamentales a la privacidad y sobre todo el de presunción de inocencia. En la biometría, todos somos delincuentes en potencia. El almacenamiento de datos biométricos por parte del Estado ha sido prohibido y objetado en Inglaterra, Francia y Estados Unidos, donde los ciudadanos ni siquiera tienen documento nacional de identidad.

- Federica Torres: Eso es cierto pero también es verdad que usaron la biometría en Irak y en Afganistán y, como cuenta la película, violaron en internet la privacidad de ciudadanos extranjeros porque no estaban protegidos por las leyes norteamericanas. Es decir que Internet, que es un espacio global, terminó nacionalizado con el caso que denuncia Snowden.

- Emanuel Rivero: Me parece también que la defensa del sistema biométrico en la Argentina tiene que ver con la creencia de que el Estado básicamente nos incluye y nos protege. De otra manera no se entiende el entusiasmo de las publicidades sobre poder conocer nuestra identidad por medio del iris. Estamos tranquilos hasta que no entremos en la zona de la información sensible o mientras el Estado no cometa errores.

- Rafael Bea: Para mí una de las mejores escenas de la película (discúlpenme por hablar de cine) es la del juicio. Parece que dependiéramos de un poder judicial independiente para evitar ser avasallados. Pero eso limita mucho la acción política que, por su propia naturaleza, trabaja en una zona en la que a menudo la distinción legal/ilegal está en disputa.

- Federica Torres: Lamentablemente nuestra sociedad está procesando las luchas políticas como cuestiones jurídicas. Deberíamos poder criticar un tratado o un programa más allá de que haya un delito o no. De todos modos, el aporte de Citizenfour no debe ser dejado de lado: ante la juridización de la esfera pública y política, hay que ir al origen de la ley misma y aferrarnos a su espíritu de igualdad y de protección de los débiles. Tenemos que conocer la ley y buscar los medios para que la ley se ligue a la justicia. Esa es una tarea de la política y no podemos dejársela a los leguleyos.

- Rafael Bea: No dijeron nada interesante para la historia del cine pero así y todo me interesó mucho la conversación. Creo que después de haber tenido tan instructiva charla podemos saludar con una sonrisa a ese dron que nos está vigilando desde que comenzamos a grabar. Propongo cambiar los cartelitos que nos saludan en bares y ascensores: ¡Sonría, te estamos filmando… pero no te vamos a dar ni un maldito Oscar!

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