Tema del Mes

MAYO 2015

¿A quién no le gusta emocionarse en el cine? - Sobre "Love and Mercy" de Bill Pohland

01 / 05 / 2015 - Por Florencia Wajsman

Bill Pohland renueva su apuesta como director en una biopic sobre Brian Wilson, el mítico integrante de los Beach Boys. Luego de su paso por algunos festivales y previo a su estreno mundial, su segundo largometraje, "Love and Mercy", encabeza la lista de imperdibles en la sección Cine y Música del BAFICI.

Representantes del sueño americano, los Beach Boys enloquecieron al público al mismo tiempo que encandilaron a críticos y discográficas. Sus composiciones basadas en la cultura surfer, las armonías vocales y los delicados arreglos de guitarra constituyeron la marca sonora que llevó a los hermanos Wilson – Brian, Carl y Dennis- junto a Mike Love a consolidarse en los ´60 como el grupo de rock representativo del estilo californiano. Sin embargo, el emblema alimentado a base de conjuntados trajes, sonrisas dignas de comerciales de televisión y pegadizas melodías incluía un “lado B” atravesado por drogas, desequilibrios mentales y luchas internas. Los ataques de pánico de Brian Wilson fueron el puntapié de su alejamiento escénico y la posterior reclusión en el trabajo compositivo. A partir de la incursión en los sonidos barrocos y psicodélicos en la que se encaminó, comenzó la etapa más fructífera de la banda que, paradójicamente, se tradujo en su resquebrajamiento.  Atrapados en su propia imagen, la caída de la cima fue inevitable en el intento de los Beach Boys por redireccionar su estilo, al mismo tiempo que su líder comenzaba a perderse en su propia oscuridad.

De esta forma, los cuerpos bronceados, las tablas de surf y las chicas en bikini que constituyen el imaginario entorno del grupo californiano, quedan relegados en Love and Mercy, en donde el director pone en juego toda su destreza en pos de ingresar en el universo emocional de Brian Wilson a partir de dos períodos de su vida. Por un lado, a mitad de los psicodélicos ´60 - encarnado por Paul Dano-, es retratado en la puja permanente entre la creatividad y sus debilidades mentales. Mientras que entrados los ´80, con John Cusack al frente, se lo presenta como un niño en el cuerpo de un hombre que, sometido al siniestro tratamiento psicoterapéutico del Dr. Landy (Paul Giamatti), conmueve al enamorarse de Melinda (Elizabeth Banks) y reconstruir su vida.

Trastocando los parámetros convencionales del género, Pohland alterna durante el largometraje dos temporalidades que permiten captar a Wilson como un ídolo en decadencia y resurrección. Las suturas propias de cada corte temporal incrementan la tensión entre las dos facetas del artista, al mismo tiempo que permiten el desarrollo dramático del relato. No hay sobresaltos, sino capas de sentido entrecruzadas en las que los aspectos más oscuros de su vida son presentados a la par de la genialidad de su trabajo como músico. Su lucha interna contra los fantasmas del pasado, la relación con su círculo familiar y las secuelas emocionales de su grandeza como artista quedan de esta forma plasmadas en escenas entrañables en las que se evocan éxitos de la banda como “Surfin’ U.S.A.”, “I Get Around” y el proceso creativo de himnos de la historia del rock como “God Only Knows”. 

Es imposible escapar de la emotividad que Love and Mercy emana porque ésta prevalece en distintos aspectos. La gloria de los Beach Boys  y su relación de admiración y competencia con los Beatles son evidenciadas en las escenas de grabación de Pets Sounds y Smiley Smile. Al mismo tiempo, la banda de sonido original - compuesta por Atticus Ross- combinada con las sesiones de estudio y los fantasmagóricos sonidos de la mente de Wilson traducidos en melodías, son dignos de emoción para cualquier melómano. Pero también desde la estrategia narrativa la sensibilidad es puesta a prueba. Los “malos” de la historia, como el padre de los hermanos Wilson o el Dr. Landy, son caracterizados como verdaderos villanos que generan odio en el espectador, mientras que Melinda, emerge como la heroína que le devuelve la vida a nuestro a ídolo.

En este sentido, más allá de la mística rocker que constituye a los personajes y el mensaje superador explicitado en la vida de Wilson, la historia de amor plasmada en Love and Mercy puede ser homologada a cualquier clásico del cine romántico. Cuando la pantalla comienza a oscurecerse y suena “Wouldn't it Be Nice” anunciando que la película termina, lo único importante es que gana el amor. Y eso, por mucho que nos cueste reconocerlo, emociona. 

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