Tema del Mes

MAYO 2015

Crimea, Gaza y el Estado Islámico: entre los conflictos étnicos y la desigualdad internacional

09 / 05 / 2015 - Por Francisco Quintana

El desfase entre fronteras territoriales e identidades nacionales parece ser la fuente común de los principales conflictos mundiales. No obstante, algunos de ellos –casos como Escocia, Catalunya y Quebec- han tendido a tramitarse de forma pacífica. En estas zonas la distribución de la riqueza es relativamente equitativa. La violencia recrudece, en cambio, allí donde la disputa territorial tiene lugar en medio de enormes desigualdades económicas.

El mundo vive enormes y crecientes momentos de tensión y violencia, dispersos en frentes que aparentan ser de lo más diversos. La intervención militar de Rusia en Ucrania, buscando reafirmar su poder sobre una región del Este de Europa que controlaba completamente hasta hace poco tiempo, trajo olor a Guerra Fría y un sinfín de predicciones apocalípticas. Estos temores aún no fueron descartados, pero los medios internacionales se olvidaron por un momento de Putin cuando Israel lanzó la Operación Margen Protector sobre Gaza. Las manifestaciones de preocupación por la vida de los palestinos, nunca tan masivas, cedieron, a su vez, ante el avance del Estado Islámico, un grupo yihadista con control territorial en Irak y Siria. ¿Hay algo que relacione a estos conflictos? El esfuerzo por responder esta compleja pregunta no es vano: si efectivamente lo hubiera, este núcleo podría ayudar a predecir futuros conflictos, y debería guiar la búsqueda de soluciones por parte de las autoridades internacionales y gubernamentales.
En la estela de la Revolución Ucraniana de principios de 2014, que involucró una serie de protestas violentas y terminó con la deposición por parte del Parlamento del presidente Yanukovych, se desató el conflicto internacional del este de Ucrania. Rusia denunció al nuevo gobierno ucraniano como ilegítimo, calificó a la decisión parlamentaria como un golpe de Estado y gradualmente tomó control, a través de la intervención de fuerzas militares pro rusas, de la península de Crimea.
En este escenario, en marzo de 2014, el Parlamento de la República Autónoma de Crimea y el Consejo de la Ciudad de Sebastopol convocaron a dos referéndums para la misma fecha, de los cuales luego participaron alrededor de un 83 y un 90 por ciento del padrón, respectivamente. La opción de incorporarse a Rusia ganó en cada una de las elecciones con alrededor del 95% de los votos. Al día siguiente, ambas entidades, anteriormente subdivisiones de Ucrania, declararon su independencia, establecieron la República de Crimea y solicitaron incorporarse a la Federación Rusa. Rusia reconoció la independencia de la República e incorporó a Crimea y a Sebastopol como dos nuevos sujetos federales. A pesar de las constantes protestas de Ucrania, la condena de Estados Unidos y de los principales países de Europa, y la resolución de la Asamblea General de Naciones Unidas declarando inválido el referéndum e ilegal la anexión, hoy, de facto, Rusia administra la península.
Israel ocupó ininterrumpidamente la Franja de Gaza desde 1967, después de la Guerra de los Seis Días, hasta 1994, cuando transfirió formalmente su autoridad sobre el territorio a la Autoridad Nacional Palestina. Entonces, Israel retiró sus tropas, aunque continuó controlando el espacio aéreo, el mar territorial y la mayoría de las fronteras de la Franja hasta el año 2005, cuando declaró unilateralmente su retiro. En 2006, la organización yihadista Hamas ganó las elecciones en Gaza. Al año siguiente, el partido rival Fatah se alzó en armas contra el gobierno de Hamas y fue expulsado del territorio. Esto rompió la unidad palestina: Hamas gobernaba en Gaza y Fatah en Cisjordania.
Desde 2005, hubo múltiples enfrentamientos entre Hamas e Israel. En 2007, Israel estableció un bloqueo económico que hasta hoy asfixia la economía de la Franja. El 8 de julio de 2014, dos años después de su última gran incursión militar en el territorio –la Operación Pilar Defensivo–, Israel lanzó la Operación Margen Protector sobre Gaza, que acabó con la vida de más de 2200 personas (alrededor de 1600 civiles) e hirió a más de 10000 (alrededor de 7000 civiles). Israel justificó esta nueva escalada sobre la base de la necesidad de poner fin al lanzamiento de misiles desde Gaza. Aun cuando este haya sido efectivamente uno de los objetivos de la operación, el principal factor detrás de la decisión parecería haber sido el acuerdo entre Hamas y Fatah, en junio del año pasado, que estableció un Gobierno de Unidad Palestina en Gaza y Cisjordania, en la cabeza del Presidente Abbas.
El Estado Islámico de Irak y el Levante (EI, o IS o ISIL por sus siglas en inglés) es un grupo sunita yihadista que controla un número importante de ciudades en Irak y Siria. Establecido en enero del 2014, el grupo es una escisión de Al Qaeda, organización con la cual ya no tiene ningún tipo de vínculo formal y por cuyo líder –Ayman al-Zawahiri– fue públicamente criticado debido a sus métodos extremos. El EI cobró notoriedad masiva por primera vez al declarar el establecimiento de un califato –un Estado islámico en la cabeza de un califa (líder supremo religioso y político)–, reclamando  unilateralmente autoridad sobre todos los musulmanes del mundo. Luego de que diversas violaciones a los Derechos Humanos y presuntos ataques terroristas cometidos por el grupo se hicieran públicos (entre los que se destacan por la atención mediática recibida los videos de las decapitaciones de los periodistas estadounidenses James Foley y Steven Sotloff), Obama ordenó combatir al EI a través de ataques aéreos sobre Siria y nuevas incursiones en Irak.
Parece haber poco en común entre los tres conflictos. Un rasgo general salta, sin embargo, a la vista, y lo comparten muchos de los principales conflictos de los tiempos recientes: la existencia de un desfase entre fronteras territoriales e identidades nacionales. Dejando de lado los problemas que casi toda definición conlleva, el concepto de Estado hace referencia a una entidad política soberana, con población, territorio y gobierno, que tiene, consecuentemente, derechos y obligaciones bajo el derecho internacional. Por otro lado, el concepto sociológico de nación alude a una comunidad humana de una misma cultura, etnia, religión o lengua. En ciertos casos, no hay armonía entre estados y naciones. El caso más obvio es el de un Estado que abarca más de una nación, del cual surgen como claros ejemplos, entre muchos otros, la Unión Soviética y Yugoslavia. Cuando esta falta de armonía desemboca en deseos de secesión o de anexión a otro Estado, genera en muchas ocasiones situaciones de violencia (1).
En Crimea, donde alrededor del 60% de la población es étnicamente rusa y sólo un 25% ucraniana, el deseo popular de independizarse desembocó en la tensa anexión a Rusia. La prevalencia étnica de la población rusa en Ucrania no se circunscribe a la península: es un rasgo de toda la región oriental del país, donde el ruso constituye, también, el idioma más hablado. La anexión –legítima o no– de Crimea podría, por su parte, ser temporal, en tanto Putin reclamó iniciar conversaciones para la creación de un Estado del Este de Ucrania. El Estado abarcaría, por supuesto, a la península, pero podría llegar a extenderse sobre toda la región, incluyendo a ciudades ubicadas a muchos kilómetros del conflicto, como Kharkiv (más cercana a Kiev que a Crimea). La propuesta del Kremlin no fue particularmente bien recibida por los poderes occidentales –y ciertamente no fue celebrada en Ucrania–.
El caso del Estado Islámico refleja también claramente, aunque de modo diferente, la falta de equilibro entre límites territoriales e identidades nacionales. El grupo tiene como objetivo principal el establecimiento de un gobierno centralizado sobre la mayoría de las regiones habitadas por musulmanes sunitas alrededor del mundo. Estas regiones, que abarcan territorio de diferentes Estados, son mayormente multiétnicas y multireligiosas. Entre sus principales banderas, el EI reivindica el rechazo a las actuales fronteras internacionales de Medio Oriente. Su video promocional, que se viralizó en Internet, se titula “El Fin de Sykes-Picot”, en referencia a un tratado posterior a la Primera Guerra en el que Francia y Gran Bretaña establecieron muchas de las divisiones políticas actuales en la región. Aunque la abrumadora mayoría de los musulmanes rechaza su brutalidad, no es despreciable la cantidad de ellos que no sólo apoya al EI sino que además viaja desde sus diferentes países de residencia para sumarse al grupo en Siria o Irak.
Tratar de incluir al conflicto entre Israel y Palestina en cualquier categoría o comparación siempre es complejo. Dejar de intentarlo es no tomarlo seriamente. Y el conflicto, entre todas las circunstancias específicas que lo rodean, ilustra también el problema aquí descripto. La solución de dos Estados se basa precisamente en esta lectura, pues propone establecer un Estado para cada nación. Aun cuando Palestina haya sido reconocido como Estado por 138 miembros de Naciones Unidas en la Asamblea General, el conflicto está lejos de ser resuelto. Por supuesto, Israel no reconoce al Estado de Palestina. La mayoría de los territorios que Palestina reclama como propios, a su vez, son ocupados por Israel desde la Guerra de los Seis Días. ¿Cuáles serían las fronteras de estos dos Estados? ¿Cuál sería el estatus de Jerusalén? ¿Qué pasaría con los asentamientos israelíes en Cisjordania? Al día siguiente de la resolución de la Asamblea General, Netanyahu anunció la construcción de tres mil casas en Jerusalén Este.
No toda falta de armonía entre Estados y naciones desemboca necesariamente en situaciones de violencia. Incluso las secesiones pueden ser pacíficas. El año pasado, los gobiernos de Escocia y el Reino Unido acordaron celebrar un referéndum para permitir a los escoceses decidir si su nación debería ser un país independiente. El referéndum se celebró en septiembre, y el 55% de los votantes decidió que Escocia no se independizara. Para obtener este resultado, David Cameron se vio obligado a prometer importantes concesiones que ampliarían la autonomía de Escocia dentro del Reino Unido. Catalunya manifiesta constantemente su deseo de independizarse de España. También el pasado septiembre, cientos de miles de catalanes marcharon en el Día de Catalunya y formaron una letra “V” gigante para revindicar su derecho a votar en referéndum sobre una posible secesión. Quebec vivió dos referéndums –en el último de ellos, en 1995, el “no” ganó por apenas 60.000 votos– y no son pocos los quebequenses que quieren establecer un Estado independiente. La violencia no juega ni jugará ningún tipo de rol en estos tres casos. Pero esta parece ser la excepción y no la regla.
Crimea, el Estado Islámico y Gaza están también vinculados en su estrecha relación con los problemas de distribución y la grandísima desigualdad internacional. Acaso aquí radique una de las diferencias entre estos tres conflictos y los casos de Escocia, Catalunya y Quebec.
El PBI per cápita de Crimea es de aproximadamente 2.500 dólares. El de Sebastopol ronda los 3.000. Crimea es pobre, más pobre que prácticamente todas las provincias argentinas. Pero es también más pobre que Kiev, que cuadruplica su PBI per cápita, y que al menos la mitad de las divisiones administrativas de Ucrania. Con estos datos presentes, la promesa rusa de inyectar muchos miles de millones de dólares en su economía suena aun más tentadora que en abstracto –promesa que incluiría, además, el establecimiento de una zona de juego legal al mejor estilo Las Vegas–. Lamentablemente, desde la anexión, la economía de Crimea sólo ha empeorado.
Irak es el quinto país con mayores reservas petroleras del mundo (algunos lo ubican más arriba en el ranking, incluso en el segundo lugar). Pero el petróleo no ha permitido a la mayoría de los iraquíes mejorar sus condiciones de vida. Y no es lo único que abunda en Irak. De los índices de Transparencia Internacional surge que Irak es uno de los países más corruptos del mundo. La corrupción, junto a otros factores, ha generado pobreza y desigualdad. Todos estos males son habitualmente descriptos como “legados estadounidenses”. “Desestimar lo que está ocurriendo en Irak como el producto de los caprichos maníacos de unos pocos fanáticos radicales implica ignorar la enorme y real desigualdad social que existe en Irak”, concluye Michael Stephens, Director Adjunto de la sucursal Qatar de RUSI (Royal United Services Institute), posiblemente el principal think tank británico de defensa y seguridad (2).
La desigualdad también tiene una fuerte presencia en el conflicto entre Israel y Palestina. Incluso concediendo que no haya tenido un rol principal en los orígenes del conflicto a fines del siglo 19 y principios del 20, sin dudas ha tenido impacto en las recientes escaladas de violencia. El bloqueo impuesto por Israel sobre Gaza por vías terrestres, aéreas y marítimas terminó de condenar a una economía agonizante a la miseria. Gran parte de la población depende de la ayuda humanitaria para sobrevivir. En Cisjordania la situación es mucho mejor pero también pésima. La barrera israelí, junto a una compleja red de controles y obstáculos sobre los caminos, dificulta enormemente el tránsito de los palestinos incluso dentro de la propia Cisjordania y la vida de una economía en la cual tareas básicas como ir a trabajar son difíciles. Las restricciones israelíes impiden a los palestinos acceder a más de la mitad de la tierra de Cisjordania. Un informe del Banco Mundial del 2013 concluyó que estas restricciones le cuestan a Palestina el 35% de su PBI actual (3).
En el medio de Gaza y Cisjordania está Israel, en donde a diario también se sufren inmensamente los efectos de la conflictividad constante. A diferencia de Palestina, sin embargo, Israel es un país rico, con un PBI per cápita superior al de países como España e Italia. Y es también un país muy desigual, en tanto, a pesar de esta riqueza, alrededor del 20% de sus habitantes vive debajo de la línea de pobreza. El retrato de la desigualdad se vuelve aun más crudo si tenemos en cuenta que la mayoría de los pobres pertenecen a dos grandes minorías étnicas: son árabes (incluyendo, por supuesto, a los palestinos que viven en Israel) o jaredíes.
Como contracara, los tres ejemplos de discusiones pacíficas de secesión presentados involucran a países ricos y relativamente equitativos (véanse los índices adjuntos a esta nota). Canadá es el onceavo país con mayor PBI per cápita, mientras que el Reino Unido y España se ubican en los lugares 23 y 31 respectivamente. En el índice de países ordenados por igualdad en el ingreso, los tres países se ubican entre los puestos 39 y 50 (4).
El conflicto entre Estados y naciones, y la desigualdad en la distribución parecen operar como placas tectónicas, cuya relación sale a la vista sólo a través de los conflictos. La colisión entre ambas placas parece, no obstante, inevitable. Dado que, aunque no las veamos, están presentes en muchos más lugares que Crimea, Irak-Siria e Israel-Palestina, si nada cambia, deberíamos esperar nuevos conflictos.
El derecho internacional, con diversas intenciones entre las que se incluye evitar estos conflictos, optó tradicionalmente por tomar una posición conservadora y mostrarse muy contrario a la creación de nuevos Estados. Muchos abogados creen, de hecho, que la secesión de Kosovo, en la cual el derecho internacional relajó sus estándares en la materia sin presentar argumentos jurídicos convincentes, abrió la puerta a que ocurrieran situaciones como la de Crimea. Es cierto, de todos modos, que el derecho internacional tiene una incidencia menor en este tipo de conflictos –aunque tiene una incidencia al fin–.
Si las intuiciones presentadas en este artículo son acertadas, sabemos en qué línea debemos trabajar. Hay que diseñar estructuras institucionales que tiendan a evitar el conflicto entre Estados y naciones, pensar soluciones efectivas para atacar la desigualdad internacional, y trabajar para aliviar el sufrimiento de las víctimas cuando no podamos evitar que estas dos placas colisionen. Es mucho más difícil –y aunque no es objeto de este trabajo, vale a modo de digresión- la sugerencia de que el derecho internacional puede ser un aliado en esta búsqueda. Cuando la dicotomía es, en palabras de Luis Moreno Ocampo, “entre un sistema de reglas o la voluntad de los más poderosos” (5), todo esfuerzo por fortalecer el sistema parece valioso.

1)    Para un análisis profundo de este tipo de conflictos, véase: Miller, Benjamin; States, Nations and the Great Powers: The Sources of Regional War and Peace, (Cambridge, Reino Unido: Cambridge University Press, 2007).
2)    Michael Stephens, “Iraq crisis: How extreme are the fighters in Isis?”. BBC News. Disponible en línea en: http://www.bbc.com/news/world-middle-east-27945954 (en inglés).
3)    "Palestinians Access to Area C Key to Economic Recovery and Sustainable Growth”. Banco Mundial. Disponible en línea en: http://www.worldbank.org/en/news/press-release/2013/10/07/palestinians-access-area-c-economic-recovery-sustainable-growth (en inglés).
4)    Los tres casos se prestan a otro análisis interesante: ¿qué ocurre cuando una región rica quiere convertirse en un país independiente para ser todavía más rica? Muchos autores argumentan que este es el caso de Catalunya y de Quebec. Si bien algunos contraponen el caso de Escocia precisamente a estos dos casos, un fuerte argumento a favor de la secesión durante la campaña política pre-referéndum el año pasado era que, de separarse, Escocia se convertiría en el catorceavo país con mayor PBI per cápita, delante del Reino Unido.
5)        “Entrevista a Luis Moreno Ocampo”. Revista Latinoamericana de Derecho Internacional (año 1, número 1; 2014). Disponible en línea en: http://www.revistaladi.com.ar/numero1-entrevistalmo/.