Tema del Mes

JULIO 2015

Speakerboxxx/The Love Below (Outkast, 2004)

05 / 07 / 2015 - Por Rafael Cippolini

El autor arriesga que “este volcánico álbum logró reubicar la elaborada precariedad del hip-hop en la Gran Tradición de la música negra” y lo cuenta entre aquellas obras “que parecen contener, en una destilación muy precisa, todo lo que les antecede y todo lo que vendrá”.

Fue algo muy raro. Estaba recostado en la cama del aquel tradicional Hotel Savoy, en Rosario (circa fines de 2004, antes de su remodelación), con la tele fija en MTV, pero con el audio en mute. Me acuerdo perfectamente que me dio mucha curiosidad saber quién o quiénes eran los del video (sin los anteojos, no llegaba a leer los créditos). Se trataba de una estudiantina –o una parodia a una estudiantina-, protagonizada por actores-músicos negros, saga que me trajo a la cabeza, inmediatamente, Back to the Future (los uniformes, algo de estética fifty reprocesada en una dinámica ochentosa, mucho gel). El video terminó y comenzó otro con los mismos intérpretes, esta vez todos los papeles representados por uno de ellos, clonado en todos los integrantes de la banda. Quité el mute, necesitaba escuchar de qué se trataba, y fue un shock. Resonó por toda la habitación un gran hit que develaba para mí una incógnita de más de un año.
Tenía la respuesta. 

En la primavera de 2003 me estaba mudando. Mientras llenaba cajas en el departamento que dejaba de alquilar, escuchaba discos a un volumen considerable. Básicamente trip-hop (Tricky, Massive Attack, Drunkenstein). En un momento puse pausa para chequear si realmente estaban tocando el timbre, y me llamó la atención que, desde un departamento cercano, llegaba el audio de una canción de rap buenísima, que no conocía. Me asomé al balcón, intenté averiguar de dónde venía esa música, sin ningún resultado. Al rato, el tema concluyó abruptamente. Volví a mis discos. Cuando puse pausa otra vez, escuché nuevamente el tema que había escuchado un rato antes. Tuve la impresión de que alguien, desde algún sitio cercano, me estaba contestando. Por lo cual no mucho después volví a poner pausa y enseguida volvió a sonar el mismo tema.
Definitivamente era un diálogo, y desconociendo toda razón, alguien estaba contestando a la música que yo escuchaba con ese tema.
Unos trece o catorce meses después, en el Hotel Savoy de Rosario, supe que ese temazo era Hey Ya!, de Outkast.

Sólo conocía de nombre al dúo de Atlanta, por notas o partes de notas en las revistas de música que habitualmente leo. Quiero decir, mis noticias al respecto eran más bien difusas. Por esos días, todos mis amigos daban por concluidos, hace rato, los inaugurales tiempos de Napster, una experiencia en todos los sentidos lejana para mí, que jamás había descargado nada de la web. Sin embargo, charlando sobre mi experiencia Hey Ya!, un conocido me pasó un link de descarga para Speakerboxxx / The Love Below. Lo usé. Fue el primer álbum al que accedí, directamente, desde un cielo de bits. Lo escuché tanto que, no mucho después, lo compré en CD. Necesitaba tenerlo materializado.

¿Cómo nos llega la música? Si repasamos los discos y las canciones que realmente son significativas para cada uno de nosotros, enseguida distinguiremos varios momentos. Uno, aquel en que conocimos al intérprete o al compositor, que pueden coincidir o no. Dos, el instante y la situación en que escuchamos el tema. Tres, de cuáles contextos de nuestras vidas –sitios, personas, circunstancias- se convirtió en soundtrack. Pocos estimulantes más eficientes para la memoria que una buena melodía. Bioy Casares supo resumir su biografía sintetizándola en la lista de los libros que había leído en tal o cual año. Me sería más fácil enumerar los discos que escuchaba –y en muchos casos, volvía a escuchar maniáticamente- en tal o cuál época. Un esfuerzo extra me insumiría tratar de entender el por qué de tal o cual elección. No con Outkast, no con Speakerboxxx / The Love Below

Hace relativamente poco estuve leyendo con mucho interés el libro de Jeff Chang, Generación Hip-Hop. Digo con mucho interés porque, generalmente, las coordenadas del hip-hop (su sociología del gusto, sus batallas, su cultura) me son por completo ajenas. El rap me llegó por contrabando. Me alcanzó por contaminación, por cómo se fue infiltrando en otras tradiciones que siento más cercanas. La primera vez que escuché seriamente rap, y esto tardíamente, fue en la plaza de Burzaco. Un amigo a quien frecuentaba mucho en los ochentas, Nico Di Yorio, primo hermano de la percusionista Andrea Álvarez, nos dio a conocer a varios el disco de RUN DMC con Aerosmith. No fue algo buscado. Recuerdo esos temas con un interés más antropológico que musical. Los años y las décadas, pero por sobre todo Outkast, transformaron significativamente esa atención.

Escuché el doble Speakerboxxx / The Love Below pensando que era una especie de Ummagumma o White Album, el experimento de una banda en el que cada integrante dispone, casi privadamente, de su espacio. Big Boi por acá, André 3000 por allá. Con las repetidas audiciones comencé a intuir otra cosa, a entender que más bien se trataba de un Yin y un Yang, de energías que se complementaban. Volveré sobre esto.

Aquella vez en Rosario se trataba de un mini especial dedicado a la banda, varios reportajes y actuaciones en vivo, precedidas y continuadas por videos de diferentes  discos. Mi preferido, de todos ellos, es el de Prototype. Si bien puede suceder con cualquier video musical, lo cierto es que con los de Outkast me sucede de un modo único: estoy seguro de reconocer en ellos un vendaval de citas, aunque nunca termino de registrarlas en particular. Llegué a pensar que no eran verdaderamente citas a tal o cual obra, sino más exactamente a ciertos estilos visuales o sonoros que habían articulado esas citas. En el video de Prototype, por ejemplo, no logro reconocer gestos de ironía, sino de cierta ingenuidad: elementos que posiblemente ya estén en los Teletubbies, Mariko Mori, Lost in the Space. Posiblemente, la reiteración y potencia de estos elementos sean los que enfaticen el contagio.

Es muy probable que sean los artistas del rap quienes, samplers y loop mediante, permanezcan históricamente a la cabeza en la tarea –porque es una tarea, sostenida y cada vez más elaborada- de diseminar influencias. En un tema de hip hop escuchamos, citadas y grabadas, músicas de todo tipo y factor. Está en su ADN. Y esto fue así desde casi sus mismos comienzos. Pero no estoy seguro que ahora sean los únicos en atravesar esta adiposis de citas como factor determinante. Cada vez creo escuchar más géneros dentro de géneros, estilos dentro de estilos, incluso en creadores que invariablemente se tachan de puristas. Speakerboxxx / The Love Below es sin dudas el primer álbum que, sin dejar de sonarme personalísimo, me resulta al mismo tiempo un pobladísimo déjà vu. Amo eso.

Ya sabemos, el rock n’ roll es música negra interpretada y popularizada por blancos, mientras que el hip hop es música negra interpretada y popularizada por negros, con algún blanco en el papel de infiltrado. Crecí con la infantil pero certera idea de que los músicos negros eran súper instrumentistas (en una época sin clips sólo había visto registros de actuaciones de Hendrix y filmaciones de instrumentistas de jazz) y también súper cantantes (“ningún puto blanco tiene la capacidad vocal de un negro” –solía decirme un amigo de la primaria-, “fijate que llenan todo con la voz. Estiran cualquier nota como si fuera una pista de Scalextric”; no puedo dejar de pensar en esto cada vez que escucho I Will Always Love You, de Whitney Houston ¡súper-relleno!).

Pero con el rap ¿qué? Cajas de ritmo y fraseos sin relleno, instrumentaciones pobres, escuálidas. Vuelvo a la escena en la que escucho RUN DMC en Burzaco. No lo podía entender. ¿Qué era eso? Nada más lejos, por otra parte, del minimalismo blusero de Son House. Mi primera impresión fue que el rap era música de pandilleros. ¡Hasta se vestían como desangelados pandilleros! ¡Por Dios! ¡Cuando Hendrix o James Brown, y ni que hablar un Miles Davis, Herbie Hancock u Ornette Coleman eran Masters Fashionistas! El tiempo me instruyó con Wu-Tang Clan, con RZA, a quienes desde el minuto cero adoré. Pero el prejuicio me rondó con fuerza durante años. Años. Hasta que Hey Ya! me enseñó The Love Below.

Caí rendido a los pies de André 3000. El tipo, a los 27 años, confesaba haber estudiado cada una de las prendas de Sly Stone, de Prince, de los looks de los Parliament Funkadelic, de las boinas y sombreros de Thelonius Monk y Dizzy Gillespi. Y, como si fuera poco, había logrado infiltrar un disco ¡sin un solo fraseo de rap! en la galaxia del Hip-Hop. ¿Escucharon detenidamente The Love Below? Nada nos dice que es un disco de rap. Y sin embargo lo es. André 3000 fue el generador de un progreso capital: un más allá del hip-hop, un hip-hop que ni siquiera necesita parecer hip-hop para serlo. Veamos un poco de más cerca esto.

The Love Below fue, en sus comienzos, un disco solista de ese músico que alguna vez se llamó André Benjamin y al que ahora todos llaman Dré. Pero parece que la compañía pensó que un disco solista no era una buena idea. Por lo cual, su mánager pidió a Big Boi que hiciera su propio álbum (que resultó Speakerboxxx, concluido incluso antes de que André finalizara el suyo). Dos discos solistas que en realidad son un solo álbum doble de un dúo. Repito: Yin y Yang. Pero eso no es todo. De su placa anterior, Stankonia (2000), habían dejado afuera un tema, titulado entonces Thank God for Mom and Dad. La historia dice que André 3000 aprendió, en 1999, sus primeros acordes, en una época en la que se había entusiasmado con los Ramones, Buzzcock y The Smiths, y de esos rasgueos salió el tema. Decidió retomarlo para The Love Below, tocando todos los instrumentos –salvo el bajo, a cargo de Aaron Mills- y rebautizarlo Hey Ya!

Sospecho que, si este volcánico álbum doble tiene la importancia que tiene en la Historia de la música popular, no es sólo por la calidad de sus hits, sino porque fue una de las obras que logró reubicar, en todos los sentidos, la elaborada precariedad del hip-hop en la Gran Tradición de la música negra. Si el rock n’ roll nos permitió, a todos los que no somos afrodescendientes, adorar la música negra, el prodigio de Speakerboxxx / The Love Below –especialmente éste último- logró que elevara mis respetos por el hip-hop como ningún otro disco lo había conseguido antes.

Un disco doble que logró instalarse en lo más profundo de las mentes de toda una generación. En agosto pasado, buscando otra cosa en Youtube, descubrí un precioso cover del tema Prototype versionado en vivo en una radio por Tame Impala. Ese mismo un día, un poco más tarde, se lo comento a un amigo y me dice que acababa de leer, en la web de la edición norteamericana de la revista Rolling Stone, que los Tame Impala plagiaron a Pablito Ruiz (sic): It Feels Like We Only Go Backwards, de su segundo disco, Lonerims, parece ser un robo al hit Océano del ex Festilindo.

Y lo cierto es que las melodías se parecen mucho. “El viento sopla fuerte / sobre la playa / Mi casa está en el cielo / cerca del sol”, cantaba el porteño. “Da la sensación de que sólo voy para atrás, baby / Todas mis partes me dicen ¡adelante!”, es lo que de alguna manera, plagiándolo o no, le contestan los chicos de la ciudad de Perth.
Quizás habría que llamar al plagio cover acaso involuntario. Aunque todo hace suponer que el Señor Ruiz no estaría de acuerdo. “No me gustaría llegar a un problema legal –declaró a La Voz del Interior, diario de Córdoba- pero, obviamente, que se pongan con una tortita, una platita, ja”. Es parte de las tradiciones espontáneas, donde el inconsciente gobierna. Entendemos todo por deslizamiento de cadenas de sentidos, por líneas de empatía que nos llevan siempre más lejos de lo que esperábamos.

Durante años (en la era vinilo, en la para mí simultánea era cassette casero, en la era CD), me esforcé por escuchar lo más completa posible la discografía de cada solista o banda que me interesaba. Mi mujer suele repetirme que ese es un gesto masculino: la histeria por la completud y la información. Eso no quita que haya obras que parezcan contener, en una destilación muy precisa, todo lo que les antecede y todo lo que vendrá de su(s) autor(es). Speakerboxxx / The Love Below posee todo lo que necesito saber del hip hop. Lo cual, con toda seguridad, no hable nada bien de mí, pero sí de estos talentos esenciales de la de la música popular contemporánea.