Tema del Mes

AGOSTO 2015

Cansancios

01 / 08 / 2015 - Por Solange Camauër

Si cada época da al cansancio sentidos singulares ¿cuál es la particularidad del cansancio contemporáneo? La autoexigencia voluntaria, el volvernos amos de nuestra propia esclavitud, se responde desde un campo filosófico enmarcado en el modelo de la sociedad post-disciplinaria y la industria de los servicios. Pero se olvida allí al persistente trabajador manual que, bajo condiciones de explotación más antiguas, recibe otras lecciones de la materia.

El cansancio tiene historia y colores, ritmos y temperaturas. Puede ser triste y agobiante al final de un día ajetreado pero inútil, o puede ser satisfactorio cuando el cuerpo –animal- derrocha ágiles endorfinas. El cansancio puede ser existencial (desánimo del sinsentido) y también puede descomponer la relación característica de cuerpo y pensamiento y por eso el cansancio mata. ¿Qué es el cansancio? ¿Por qué nos cansamos? 
Vivir es cansarse, es esforzarse por perseverar en el ser actuando buenamente o malgastando o apurando la dosis de potencia que nos anima. Siempre hay cansancio, el cansancio es nuestro cuerpo y también es el balance de los grados de vehemencia o debilidad que se pusieron en juego existiendo; con el cansancio exploramos y medimos el alcance de nuestra finitud. Cansancio y finitud son, tal vez, sinónimos o, quizás, ‘cansarse’ es el verbo de la finitud, el cansancio es mortal. Pero el cansancio tiene, según las épocas, sentidos diferentes.
Jean-Louis Chrétien en Del Cansancio (1) realiza una exquisita historia del cansancio y expone las modalidades griegas, cristianas y modernas del cansancio. En el cansancio se cifra, para Chrétien, el sentido que la vida humana tiene según las épocas puesto que, de acuerdo a lo que el cansancio signifique, el esfuerzo por existir tendrá diferente valor. Por ejemplo, para el autor, Jesús dota de profundo sentido al cansancio, puesto que Dios encarnado se da la posibilidad de cansarse y así se empareja con nosotros, permitiéndonos comprender el cansancio como ocasión de superación, como estela que queda detrás de toda obra, como cuerpo que registra el esfuerzo y el tiempo: hace experiencia. Si Jesús otorga nobleza y dignidad al cansancio, Nietzsche es, para Chrétien, el gran antagonista y, en cierta medida, el demoledor del sentido elevado del cansancio. Porque Nietzche registra ‘el gran cansancio’, el cansancio inútil de todos esos seres extenuados (Sócrates, Wagner) que no saben soportar la vida en su devenir incesante y buscan encuadrarla en sistemas estériles.
En el libro de Chrétien se insinúa una clave para comprender la historia: la historia humana es la sucesión de las maneras en que nos cansamos, de los sentidos secuenciales que se le dan al esfuerzo por existir. Así, el libro de Chrétien debe ponerse en relación con La fatiga de ser uno mismo, depresión y sociedad (2) que Alain Ehrenberg publicó en 1988 y La sociedad del cansancio (3) de Byung -Chul Han (2010), puesto que ambos textos remiten a las formas de extenuación contemporáneas y a sus enfermedades correlativas. ¿Habrá alguna forma de simpatizar con el cansancio? 
El libro de Ehrenberg puede contarse como un antecedente del de Han. Ehrenberg dice que la depresión es el principal malestar contemporáneo (¿es el año 1998 todavía parte de la contemporaneidad o ya pertenece a otra era?) y que esa depresión obedece al cansancio que implica la responsabilidad de ser uno mismo. La época, ya liberada de culpas y prohibiciones, obliga, sin embargo, a la realización compulsiva de todas nuestras posibilidades provocando un depresivo efecto de insuficiencia, de impotencia, porque no podemos realizar todo aquello que, aparentemente, podríamos ser. La enfermedad y el sufrimiento provienen entonces de la exigencia de ser uno mismo. El cansancio no resulta así del efecto de afrontar, soportar o aguantar los embates de la existencia, sino del efecto de la aceleración y la autoexigencia que, finalmente, se estancan por ansiedad. La potencia sobreactivada desfallece por frustración y el verbo reflexivo ‘cansarse’ expone su significado pleno.
Byung Chul Han, en La sociedad del cansancio, coincide con Ehrenberg en que cada época tiene sus enfermedades características. Han afirma que las del siglo XXI son las depresiones, los trastornos de déficit de atención con hiperactividad, el burn out, el síndrome de desgaste ocupacional, ocasionadas por el exceso de positividad que implica la sobreproducción, el superrendimiento y la supercomunicación del sistema neoliberal. Para Han, la sociedad no responde ya al modelo foucaultiano de la vigilancia ni los sujetos son los sujetos de la disciplina, sino que el modo en que el poder circula se ha vuelto tan eficiente que ya no necesita de jefes, gerentes o directores para volver productivos a los hombres. En la sociedad del rendimiento de nuestro siglo los sujetos, ya adiestrados por los antiguos vigilantes, se exprimen a sí mismos ‘desde adentro’, se vuelven amos de su propia esclavitud en una extenuante carrera de autoexplotación pero que, sin embargo, parece libremente elegida. Los trastornos depresivos devienen de una suerte de guerra interiorizada, del agotamiento que significa no poder más. Si el hombre es capaz de explotarse voluntariamente con tal de maximizar sus potencias y rendir, la máquina del poder podría asegurarse un funcionamiento constante.
Habría una serie de antídotos para conjurar la alienante coerción del ‘puedo’. Han habla con gran belleza de la vida contemplativa, de la demora, incluso del aburrimiento como condición de experiencias tales como la duración y el asombro, que conjurarían la progresiva disociación de la existencia humana. Pero Han comete el típico pecado del filósofo: la metonimia. El cansancio que Han describe remite exclusivamente a determinadas franjas sociales pero él (incluso desde el título de su obra) extiende su teoría a todas las sociedades. Han describe las capas dedicadas a la producción de servicios e información, personas en carrera contra sí mismos y hasta el estallido que en la ficción describieron Martin Amis en Dinero o Brest Easton Ellis en American Psycho, clásicos: gente insaciable en Wall Street, blogueros insomnes, cazadores de imágenes (periodistas, marketineros, publicistas), intelectuales altamente requeridos en los foros del mundo, políticos. Su texto, aunque puede ser profético y es de una claridad preciosa, excluye a todos aquellos que están regularmente expuestos a la densa pedagogía de la materia. Trabajar la materia enseña lentitud e impotencia, pero también duración. Los cultivadores de campo y animales, trabajadores de plásticos y metales, los que tratan la basura, las minuciosas costureras, no se cansan porque se sometan ‘voluntariamente’ a la autoexplotación sino porque deben transformar, en condiciones injustas, materiales que recuerdan que las cosas pesan y, por eso, se gastan, se descomponen, se hacen polvo, empezando por el cuerpo humano. Hay algo inexorable en el cansancio de la materia porque es una clase de cansancio incansable, que no se rehabilita con descanso, calma o inactividad.
La literatura mira los problemas generales a través del lente de lo particular, la literatura colecciona casos concretos (de sus personajes) para que, sin embargo, muchos se identifiquen y así, por su perspectiva singular, la literatura es menos injusta que la teoría y no encubre con supuestos el humillante dolor físico o el atontamiento que impone el cansancio. Borges -‘Utopía de un hombre que está cansado’(4)- y Peter Handke -Ensayo sobre el cansancio (5)- hacen ver esos cansancios (que son de cuerpo y pensamiento) siendo fácticamente. Para el hombre que está cansando de Borges, el cansancio es sencillamente una advertencia, una indicación: el ciclo se ha cumplido, se han agotado las experiencias posibles y el cansancio llega antes que el humillante agotamiento para señalar que es preferible la extinción. 
En el ensayo de Handke se describen muchos tipos de cansancios –el que llega después de haber superado algo, el cansancio de los niños porque están creciendo entre adultos, el cansancio ‘arrogante’ del escritor, pero él rescata el cansancio que puede ser una forma de reconciliación. Hacia el final del texto, Handke habla de una humanidad reconciliada en un cansancio cósmico, pero antes y casi como una objeción a la aguda e incompleta teoría de Han, el ensayo describe el cansancio de los carpinteros, gente que trabaja la materia y que por eso experimenta un cansancio que no es el de la autoexplotación sino el de grupos que realizan transformaciones técnicas de la naturaleza (en sentido aristotélico), creando las condiciones necesarias para la existencia de los hombres: “Y luego siguen todavía sentados un rato, vueltos los unos hacia los otros, en un ligero cansancio, y conversan, sin hacer chistes, sin enfadarse, sin levantar nunca la voz, sobre sus familias, casi exclusivamente sobre esto, o bien –y con qué paz- sobre el tiempo- nunca sobre un tema que no sea uno de estos dos-; una conversación que luego pasa al reparto del trabajo para la tarde.” (6)

1)    Chrétien, J-L., Del Cansancio, trad.: M. Zorraquín, P. Ohanian, Buenos Aires, Mar Dulce Editora, 2014.
2)    Eherenberg, A., La fatiga de ser uno mismo, depresión y sociedad, trad.: R. Paredes, Buenos Aires, Nueva Visión, 2000.
3)    Han, Byung-Chul, La Sociedad del cansancio, Trad.: A. Saratxaga Arregi, Barcelona, Herder, 2012
4)    Borges, J.L ., ‘Utopía de un hombre que está cansado’, en El libro de arena, Obra Completa, Vol. III, Buenos Aires, EMECÉ, 1989
5)      Handke, P., Ensayo sobre el cansancio, trad.: E. Barjau, Madrid, Alianza, 2006.
6)    Handke, P., Op. cit., p. 39