Tema del Mes

DICIEMBRE 2015

Nollywood, la fábrica del sueño africano

06 / 12 / 2015 - Por Héctor Pavón

La segunda industria cinematográfica bautizada con el significante de lo que fue el gigante estadounidense nació en Nigeria. Bajo en presupuestos y artificios, producido y consumido en la trama misma de la vida cotidiana, el nuevo cine nigeriano “es una especie de revolución creativa popular” que se nutre de las tradiciones orales que sobrevivieron a la “educación” colonial.

Hombres, mujeres, niños, ancianos, nigerianos todos, que de repente cambian la actitud, sus rostros se tensan y se vuelven protagonistas inesperados de una trama que los abstrae de sus vidas por unas horas. Aunque en realidad, actúan de sí mismos; suelen representar las vidas que viven cada día. El escenario es la ciudad diaria, el hogar de cada actor. Las historias se parecen mucho a aquello que aman, sufren y que los traspasa como nigerianos. Sets de filmación improvisados, micrófonos colgando de un palo de escoba, vecinos que son actores, filmaciones que devienen profesionales y que luego se piratean. Europa las admira. Esto es Nollywood. 

Hay una continuidad en el nombre del fenómeno: primero fue Hollywood, luego Bollywood y ahora la palabra empieza con N. Hollywood fue la gran industria cinematográfica estadounidense, la oficial que se imponía en el mundo y que obnubilaba a los africanos; la India generó su propio y gigante emprendimiento cinematográfico y años después surgió la tan particular fábrica de sueños nigeriana. Mientras el “Bollywood” indio produjo 1.091 largometrajes en 2006, la industria fílmica nigeriana, conocida como “Nollywood” realizó 872 películas en formato vídeo. Estados Unidos producía 485 largometrajes ese mismo año.

Nigeria no sólo es un país de pobreza cotidiana y excelentes jugadores de fútbol, también es el lugar particular en el que la imagen animada encontró un modo de expresarse, pero no sólo como vanguardia iluminada que se mira a sí misma en festivales de cine internacionales y alternativos sino como una especie de cámara encendida de modo perpetuo por donde las escenas de la vida cotidiana –no privadas- se hacen más públicas aún y circulan por el mundo entero. En Nigeria viven 173 millones de personas que hablan 250 dialectos.

Nollywood nació en uno de los tantos escenarios de crisis globales de un país golpeado y deprimido por situaciones circulares, eternas. No tuvo apoyo estatal, surgió en un contexto de crisis económica, con medios técnicos muy básicos, y filmando historias cotidianas que seducían fácilmente al público grande de ese país grande. 

Con el tiempo, la industria que nació precaria asumió un rol más formal. Los actores están agremiados, filman cientos de películas y a veces ¡no recuerdan en cual trabajaron! Quien actuó en una película como taxista aparece días después en otra como asesino y más tarde como enfermero. Las filmaciones pueden durar días o semanas salvo cuando son grandes producciones. Un caso: con un presupuesto como base de quince mil dólares se filma una película en formato digital en diez días aproximadamente. A su vez, una película nigeriana vende 50 mil copias y puede ser vista en internet, videoclubes, casas, oficinas, buses y espacios públicos. Y el contexto no es fácil. Se corren riesgos, los actores mismos pueden ser víctimas de robos, arrebatos tanto de cosas personales como de equipamiento técnico. No es fácil actuar en Nigeria. 

Las cifras impactan. Se filmaron más de 7000 títulos en entre 2000 y 2013 pero hoy el promedio creció y llegó a las dos mil  películas por año con un costo promedio por producción de entre 15 y 100 mil dólares. La economía que genera esta industria se calcula en un movimiento de entre 300 y 350 millones de dólares.

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Hubo un génesis. A fines de los 90, unos vendedores de aparatos electrónicos, empezaron a hacer películas para ofrecerlas como un plus, un bonus para sumarle al producto que vendían. La idea prendió, creció y se sofisticó. Juntaban el dinero, producían, escribían la historia, contrataban y dirigían a los actores. Después filmaban el corto, lo empaquetaban, se lo sumaban a las televisiones, cámaras de video o reproductores y la vendían ellos mismos. Según Afolabi Adesanya, realizador y director general de la Corporación de Cine Nigeriano, el éxito radica en la falta de presupuesto, que provoca que las películas carezcan de efectos especiales y trabajo de producción: "Es el nuevo socialrealismo africano". El Censo Nacional de Películas, organismo del gobierno nigeriano encargado de controlar el fenómeno, tiene conducta y una disciplina a veces muy estricta: una película con la palabra “prostituta” en el guión significa inmediatamente que no está autorizada para menores de 18 años.

Netflix (versión estadounidense) tiene en su catálogo por lo menos diez títulos surgidos de Nollywood y ha adquirido los derechos de una película estadounidense basada de una novela nigeriana, Beasts of No Nation, por doce millones de dólares. En su gran mayoría son realizadas en video y distribuidas directamente en DVD. También dan trabajo y ganancias: emplean a unas 300 mil personas y han empezado a exportarse a Sudáfrica, Inglaterra y Francia a través de canales de cable. El negocio asoma; en realidad ya está en marcha. 

Una encuesta sobre el cine mundial realizada por el Instituto de Estadística de la UNESCO (IEU) en 2006 pone de manifiesto otro elemento clave del éxito de la producción fílmica nigeriana: el multilingüismo. Un 56% de las películas de “Nollywood” se realizan en tres idiomas locales nigerianos: el yoruba (31%), el hausa (24%) y el igbo (1%). El inglés sigue siendo un idioma de importancia considerable en la cinematografía de Nigeria (44% de las producciones). Este panorama contribuye al éxito interno y a la exportación de sus películas.

En París se organizó en junio la III Nollywood Week, un festival que nació pequeño y que hoy merece un lugar creciente en la prensa europea. En las tres ediciones ya realizadas se han presentado los mejores dramas y comedias como la muy premiada Confusion Na Wa, de Kenneth Gyang plena de tintes ácidos y seleccionada en festivales internacionales, como el African Film de Nueva York; Flower Girl de Michelle Bello; The meeting, de Mildred Okwo, y Misfit, de Daniel Emeke Oriahi. También producciones importantes como Journey to Self de Tope Oshin-Ogun o la muy elogiada Half of a Yellow Sun, basada en la novela del mismo nombre de la gran escritora Chimamanda Ngozi Adichie, y dirigida por Biyi Bandele.

No obstante este gran momento de Nollywood, la industria presenta problemas que amenazan su estabilidad: la piratería local y la que se practica en países vecinos. Una estimación que circula en la web dice que la industria cinematográfica nigeriana está valuada en más de tres mil millones. Sin embargo, menos de 1% corresponde a ventas de entradas y regalías, mientras que el resto proviene de copias piratas vendidas a un precio cercano a los dos dólares cada una.

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El cine llegó a África a finales del siglo XIX con el claro objetivo colonizador de instruir y de propagar ideas europeas. Fue en agosto de 1903 cuando se produjo la primera proyección cinematográfica en Nigeria. Ocurrió en Lagos gracias a un grupo de catalanes. Dos décadas más tarde se creó en Inglaterra The Commission on Educational and Cultural Films. La comisión publicó un informe en el que recomendaba el uso del cine como medio de instrucción, tanto en las islas británicas como en las colonias. A finales de la década de los cincuenta se fundó en Accra la primera escuela de cine, y en 1949 el gobierno nigeriano creó The Federal Film Unit (FFU) cuyas tareas principales fueron producir noticieros y documentales para mostrar en cines públicos, unidades de cine móviles y televisiones.

El fenómeno de Nollywood ha empezado a captar la atención de expertos en medios de comunicación y cine: “la energía en bruto de las películas, y la agilidad con que se graban y venden, es una especie de revolución creativa popular en un continente donde se han contado historias durante generaciones pero raramente se han pasado al cine”, escribía Neely Tucker en el Washington Post, inspirado por la proyección en una sala estadounidense de la película nigeriana, Behind Closed Doors. La propia industria se ha convertido en argumento de las películas. This Is Nollywood, película de Franco Sacchi y Robert Caputo, sigue las peripecias del director Bond Emerja durante la grabación de un largometraje de acción en nueve días, armado solamente de una cámara digital y dos focos.

El fenómeno del cine nigeriano crece sin saberlo, sin tener una real dimensión de lo que genera dentro y fuera del país. Hay tantas películas y actores como público. La forma de ver cine ilustra esa producción ilimitada. En Nigeria ya casi no quedan salas de proyección clásicas. El 99% de las películas se proyectan en lugares que no están previstos para este noble fin. El cine -la sala- está en todas partes: cualquier soporte tecnológico sirve para ver una película. Y esos soportes, sean computadoras, celulares, tablets o viejos televisores, congregan a pequeñas multitudes a su alrededor. El milagro del cine sigue triunfando.