Tema del Mes

DICIEMBRE 2015

(No) Has de cambiar tu vida

26 / 12 / 2015 - Por Solange Camauër

Las teorías posthumanistas desplazan la noción de “esencia” humana al estudio de las tecnologías de conformación de lo humano. Solange Camauër sugiere que una “expedición a Latinoamérica” podría señalar los riesgos de una ontología vaciada de condiciones sociológicas.

Spinoza dice que debemos librarnos de la esperanza porque la esperanza no se da sin miedo (1). La afirmación –irritante, sensata- se basa en que la esperanza es una alegría fluctuante que depende de sucesos de cuya realización dudamos pero, sin embargo, la conclusión de este artículo contradice a Spinoza.

En 1999 Peter Sloterdijk escandalizó a la comunidad intelectual europea cuando pronunció la conferencia titulada Normas para el parque humano. Una respuesta a la “Carta sobre el humanismo” (2). Allí, en términos muy provocativos, explicó que el proyecto ilustrado de domesticación/civilización del agresivo animal humano basado en el adiestramiento de las habilidad librescas (lectura, escritura, interpretación, etc.) no solo había fracasado, también profundizaba la desigualdad entre los hombres, los ‘seleccionaba’: además de que todavía se verifica una proporción inadmisible de analfabetos en el mundo, entre los alfabetizados existen los ‘pastores’ y las ‘ovejas’, los que producen textos, discursos y los que apenas pueden entenderlos o balarlos, hay guardianes culturales y crías. Sloterdijk destacó entonces que la muy antigua fantasía de transformación del hombre por la tecnología y la intervención genética podía intensificarse: asistimos a otra estrategia de domesticación basada en la progresiva tecnificación del cuerpo, de la sociabilidad, del sexo, del sueño, de la vigilia. Experimento en pleno auge, por cierto.

Las tesis de Normas para el parque humano se continúan en otro discurso: El hombre operable, notas sobre el estado ético de la tecnología génica (3), de 2000, en el que explica, en contrapunto con las teorías heideggerianas sobre la técnica, que gracias a la histórica convivencia del humano con herramientas, máquinas y técnicas ‘el hombre se autorevela a sí mismo como hacedor de soles y el hacedor de vida…’ y que el hombre ‘es’ porque la tecnología lo ha hecho evolucionar a partir de lo pre-humano.      

En 2013 se publicó otro libro de Sloterdijk, cuyo título, Has de cambiar tu vida (sobre antropotécnica) (4), aunque inspirado en un verso de Rilke, suena a mandato. El texto hace máquina con Vigilar y castigar (5), La historia de la sexualidad (6) y Hermenéutica del Sujeto (7), de Foucault y Ejercicios Espirituales y Filosofía Antigua (8), de Pierre Hadot. La premisa que reúne los textos en un conjunto es que en ellos se explora el hecho de que las comunidades humanas se han autoimpuesto ejercicios y entrenamientos varios para moldear la naturaleza biológica y mental del homínido hasta convertirlo en ‘hombre’. Las técnicas que los tres autores describen cubren esferas diversas: la sociabilidad, el cuerpo, la educación, la ética, y se despliegan en ‘programas’ que desarrollan ejercicios -refinados o crueles- y relativos al dialogo, la lógica, la educación, el erotismo, la vida en común. Estos ejercicios, estas antropotécnicas, se inscriben en el campo de los biopoderes que Foucault describió tan bien. La realización de las facultades humanas, la salud del cuerpo, la sociabilidad pero también la explotación y el disciplinamiento son algunos de los objetivos más o menos explícitos que esos entrenamientos proponen. Esos ejercicios son los que nos hacen sujetos políticos y también diseñan nuestra subjetividad. 

La ontología subyacente a los estudios de Foucault, Hadot, Sloterdijk es maravillosa y aterradora: los humanos podemos aplicarnos tecnologías para la estilización o el martirio de nuestros cuerpos y almas porque solo somos una colección de potencias sin esencia que las oriente, nuestra índole no posee determinación a priori que trace un destino inexorable para nuestro desarrollo. Apenas estamos sujetos a ciertos condicionamientos biológicos (que la ciencia sueña con abolir y que tal vez lo logre) y a los mutuos condicionamientos sociales relativos a la tradición, la lengua, la economía. Cierto es que los condicionamientos sociales pueden tener una gravitación en el desarrollo humano aún más grande (y trágica) que el de una hipotética esencia, ya lo veremos.

Esa indeterminación primordial que nos constituye explica todos los horrores y heroísmos (aun en la relación complementaria de horror y heroísmo) de los que la humanidad es capaz y tal es el grado de nuestra ambigüedad ontológica que es difícil vislumbrar qué forma alcanzará nuestra especie en un futuro, cuando ya se habla de posthumanidad o transhumanidad. En otras palabras, si alguna vez fuimos monos, ¿por qué no ser cyborgs, clones, robots o alguna otra cosa? (9)  

En Has de cambiar tu vida, Sloterdijk presenta un arco muy variado de ‘entrenamientos’ humanos que optimizarían la débil inmunidad del hombre en tres planos diferentes: el corporal, el social y el psicológico. Por eso dice Sloterdijk que el que busca comprender la humanidad se encuentra con acróbatas, trapecistas, ‘una raza de seres ejercitantes’. El humano necesitó ejercitar su cuerpo y su mente, fabricarse una ‘segunda naturaleza’ (cultural, artificial) puesto que no de no hacerlo, no habría podido sobrevivir en la feroz naturaleza. Ejercicios de simbolización, de voluntad, atletismo, vida monástica, juegos de lenguaje o de silencios, ejercicios contemplativos-meditativos, estéticos, rituales religiosos y determinadas praxis sexuales constituyen parte del catálogo que Sloterdijk estudia y que lo llevan a afirmar que ‘sujeto es el que se confirma como portador de una serie de ejercicios’. En estos ejercicios se da un cruce entre la pasividad y la actividad del hombre en cuanto que dichos ejercicios se padecen o se ‘autoaplican’ con algún grado de voluntad, en tanto el hombre se deja operar por el training o se opera a sí mismo.  

Sloterdijk es irónico, original, agudísimo pero no hace suficiente hincapié en los condicionamientos sociológicos en los que las antropotécnicas o entrenamientos se engendran, no destaca la red de valores en la que esas tecnologías del yo pueden convertirse en instrumentos de castigo o vectores de libertad. Los entrenamientos que él describe parecen más bien opciones que sujetos educados y libres realizan a pesar de las presiones del medio. Pero los ejercicios que moldean a los sujetos no son libretos de autoayuda que se compran en un kiosko sino que circulan (como el poder), sin rostro visible, pero obligando. 

Por ejemplo, la espectacularización de la vida privada, el entretenimiento evasivo y el consumo en tanto satisfacción fetichista, son las consignas típicas del capitalismo tardío, esas consignas determinan el tipo de prácticas que los hombres realizan para dar cauce y modular sus potencias: trabajar hasta el agotamiento para la adquisición de fetiches, producir un telón de imágenes encubridoras, surfear informaciones sin procesarlas. Así, las antropotécnicas relativas al consumo, a la espectacularización y el entretenimiento producen sujetos autocentrados, tal vez rampantes pero ‘ombliguistas’ y solitarios. El narcisista actual, sin embargo, sigue necesitando del otro para que, o funcione como pantalla, para traficarlo/consumirlo o para entretenerlo. El otro no es un igual sino un instrumento para el consumo o la autosatisfacción. Consumo, espectáculo y diversión no parecen ser compatibles con los trajinados valores de ‘igualdad’, ‘solidaridad’, ‘libertad’, tal vez caducos, pero indispensables para la vida buena en común.

And yet, and yet, las pampas. A los filósofos europeos que tanto admiro, les haría falta una verdadera expedición a Latinoamérica. Los conceptos que desarrollan adquieren en nuestras tierras virajes insólitos, de realismo, de ternura o, incluso, nuevos grados de horror. Por aquí, en muchos enclaves, las antropotécnicas están diseñadas como engranajes de fábricas de pobreza e ignorancia y nuestro ‘parque humano’ tiene jaulas que mantienen a la gente en un irreparable estado vegetativo. Las prácticas de clientelismo, de dependencia a estados corruptos y de miedo hacen que la potencia humana de muchos se limite a una subsistencia atroz. La noción de ‘antropotécnica’, que es eje de estas notas, tiene entre nosotros variaciones crueles y nuestra tierra podría presentarse como un exclusivo campo de estudio en el que las antropotécnicas (especialmente las que conciernen al orden colectivo) se empantanan, interrumpen, fracasan. Casi resulta obsceno aplicar sofisticados instrumentos teóricos (como la noción de ‘antropotécnica’) donde casi no hay anthropos/hombre en el que aplicar técnica alguna. 

Sin embargo, siempre se puede contradecir a Spinoza y refutar -aunque sea en parte-, su desdén respecto de la esperanza. La (incierta) esperanza de que las condiciones de vida cambien es para muchos la única vía de aspirar a ser algo más que repetición biológica a pesar de las manipulaciones discursivas, políticas, partidistas. Como hay una sola vida por vivir, la esperanza no es “lo último que se pierde” sino la condición –y el reclamo- de existir. Esperanza como original antropotécnica.

 

1.Spinoza, B., Ética, trad.: Vidal Peña, Madrid, Alianza, 1994, p. 302

2.Sloterdijk, P., Normas para el parque humano. Una respuesta a la “Carta sobre el  humanismo”. Versión on-line

3.El hombre operable, notas sobre el estado ético de la tecnología génica. Versión on-line

4.Sloterdijk, P., Has de cambiar tu vida, sobre antropotécnica, trad.: P. Madrigal, Valencia, Pre-Textos, 2012. (El título de Sloterdijk se inspira en un verso de un poema de Rilke. ‘Torso arcaico de Apolo’).

5.Foucault, M., Vigilar y Castigar, trad.: A. Garzón del Camino, Buenos Aires, Siglo XXI Editores, 1989.

6.----------------, Historia de la sexualidad (3 tomos), México DF, Siglo XXI Editores, 1998.

7.----------------, Hermenéutica del Sujeto, trad.: F. Alvarez-Uría, La Plata, 1996

8.Hadot, P., Ejercicios Espirituales y Filosofía Antigua, trad.: J.Palacio, Madrid, Siruela, 2006.

9.Aquí se presenta una cuestión subsidiaria muy curiosa, el hombre-dios puede anticiparse a sí mismo e inventarse en una historia de figuras posibles: estatuas vivientes, gólems, frankensteins, autómatas, robots, cyborgs, clones, etc. y, efectivamente, materializar las formas de sus sueños. Lo que parece no erradicar nunca es el conflicto y la desigualdad. Como si, aunque el sustrato –cuerpo/máquina- fuera modificable, la fuerza de los conflictos fraguados entre humanos fueran definitivos. Algunos existencialistas dijeron que la existencia precede a la esencia y por eso, quizás, la existencia humana (siempre desigual y conflictiva), se esencializa en forma agresiva e injusta. De todas maneras, el otro efecto del razonamiento es que, como a pesar de que podríamos modificar nuestro sustrato biológico (hasta convertirlo en máquina) pero no cambiar las determinaciones agresivas de convivencia planetaria, la tan mentada cesura cultura- naturaleza, parece imborrable aunque nuestros cuerpos cambien.