Tema del Mes

ENERO 2016

Let England Shake (PJ Harvey, 2011)

04 / 01 / 2016 - Por Fernando García

El gobierno de David Cameron decidió que el 85% de la reducción del déficit vendría de cortes en el sistema de bienestar y solo el 15% de un ajuste en la política impositiva. Inglaterra sacudida bajo la retirada social del Estado es el imaginario de este álbum que interpreta en clave destructiva la nueva era conservadora.

¿Y qué si llevo mis problemas a las Naciones Unidas?

(The words that maketh murder, PJ Harvey, 2011)

 

En abril de 2010 la cantautora Polly Jean Harvey (Somerset, 1969) llevó a cabo un pequeño e intenso acto político. De todos los caminos posibles para presentar una nueva canción que interpelaba los traumas de guerra de Gran Bretaña eligió mostrarse sola acompañada por su auto-harp (un modelo de arpa portátil muy usado en el folk) en el programa de política de los domingos al mediodía que conduce el analista Andrew Marr en la BBC de Londres. La actuación, como suele suceder con absolutamente casi todo, quedó colgada en You Tube. En el videíto vemos a Marr, un hombre adusto que nadie asociaría con el rock indie, anunciando lo prometido: “PJ Harvey presenta su nueva canción: Let England Shake”. Estas últimas tres palabras cargadas de cierta gravedad, como redescubriendo su sentido más puro: “Sacudamos a Inglaterra”. En los años del Swingin’ London las mismas tres palabras hubieran estado a tono, acaso, con un paseo despreocupado por Carnaby Street pero ahora, un domingo al mediodía de 2010 en el programa político más influyente de la BBC, parece que no. 

PJ Harvey aparece vestida de negro con un extraño retoque de plumas, una especie de viuda-cisne, en una tarima que no alcanza dimensiones de escenario. Detrás suyo, un típico decorado de esos que dan idea de un mundo en estado noticia-de-último-momento deja ver tan solo un pequeño amplificador de donde sale una canción ridícula: “Istanbul (not Constantinopla)”. La canción es de los años 50 y pertenece a los Four Lads, un grupo vocal canadiense con visitas frecuentes al top 50 de los Estados Unidos. Harvey utiliza una parte muy precisa donde la frase del título es percutida por notas de un distante (su materialidad acústica lo revela muy lejano a nuestro presente) xilofón y sobre ese motivo, fuera de sincro y tono, ella rasguea el arpa portátil y canta las primeras palabras del álbum que sería, un año más tarde, su obra maestra.

 

The West’s asleep. Let england shake, weighted down with silent dead. I fear our blood won’t rise again

(“Occidente duerme. Sacudamos a Inglaterra, arrastrada por la muerte silenciosa. Temo que nuestra sangre no se levantará de nuevo”)

 

La cámara la enfoca a ella a lo largo de la canción pero sobre el final vuelve a la posición de Marr que está mirando a Polly Jean en un televisor relativamente pequeño y acompañado por Gordon Brown, el Primer Ministro del Reino Unido aún en ejercicio a pocos días de pasarle el llavero de Downing Street 10 a su sucesor, el hiperkinético y ampuloso David Cameron.

En enero, The Guardian publicó el adelanto de Cameron’s Coup (El golpe de Cameron), el libro donde los periodistas Polly Toynbee y David Walker se preguntan si los cinco años de Cameron al frente de la isla terminaron de completar lo que Margaret Thatcher había empezado. Apenas con el adelanto del libro alcanza para entrever el tema de fondo: la definitiva rendición del Welfare State, que había cohesionado a la sociedad de la posguerra, en manos de un consorcio codicioso y voraz puesto a vandalizar el diseño del Estado y poner al Reino Unido al borde de su disolución, abismo alertado por el referéndum en 2014 sobre la independencia de Escocia, el socio mayoritario de Inglaterra.  

Con su mezcla de recopilación de himnos (la canción de amor a un país) tan apócrifos como ambiguos; la exploración descarnada de eso que los estudios culturales llaman “englishness” y un sonido que bascula entre lo evocativo y lo fantasmagórico, PJ Harvey dejó escrita la música de estos años o, mejor, una especie de memorándum de la capitulación del Welfare State, utilizando las imágenes de guerra como metáforas de una Inglaterra efectivamente sacudida desde los pliegues rocosos de su costa hacia adentro, el horizonte precarizado de las Midlands y las ruinas de la vida industrial.

Let England Shake comparte cierto estado meditativo-historiográfico con otros álbumes de música pop que se ocuparon de fotografiar en su momento el estado del Reino. Ya fueran los Kinks de Ray Davies en 1969 con The Village Green Preservation Society, un tratado sobre la nostalgia elaborado por uno de los mayores protagonistas del modernismo sixtie, como el Genesis de Peter Gabriel en 1973 con ese monumento ocre llamado Selling England by the pound, caído en desgracia en el pelotón de fusilamiento del progressive rock. Parklife, de Blur, haya sido acaso el último reflejo deliberado de la música pop sobre la idiosincracia inglesa en días de Labour cool con Tony Blair y el omnipresente brit-pop. Pero en nada pueden parecerse ninguno de estos ejemplos, sobre todo el último, a la imagen de PJ Harvey, sola, acompañada de un arpa, cantándole a Gordon Brown sobre el sacudimiento de Inglaterra, utilizando los fantasmas de tanto cadáver de la I y II Guerras Mundiales para apuntar a la (no tan) silenciosa guerra contra el propio estado. 

Integrada y absorbida al paisaje de la BBC un domingo al mediodía (ya no hay lugar para unos Sex Pistols: sería tan ingenuo como cínico) Polly Jean, viuda de todos, es una poderosa Juana de Arco pos punk que recorre los campos de la muerte con la interioridad de una Virginia Woolf explícita.  

Desde su aparición en el umbral alternativo de los 90 ha corrido el límite de lo que podía decir una cantautora en una canción pop. El “Fuck you” de Lilly Allen (sí, el mismo que usaba Lanata), su versión fish&chips y populista, hubiera sido imposible hoy sin su lírica filosa y desafiante en los 90.

Es el contexto político el que termina de darle a Let England Shake este carácter de soundtrack que se intuye de todos modos en ese proceso fantasmagórico (y fantástico) del sonido. Para hablar de la arrogancia irresponsable de Cameron y su gabinete, Toynbee y Walker citan a Nick Boles, Ministro de Planeamiento de la alianza conservadora: “En nuestro vocabulario, caótico es algo bueno”. Y luego al Jefe de Gabinete, Francis Maude: “Lo que estamos haciendo con el sector público es una destrucción creativa”. Si no se tratara de cómo esta convicción afecta la vida de la gente uno los pensaría como agitadores excéntricos herederos del 68 y el punk, pero no. Nada más lejos. La estadística que utilizan Toynbee y Walker confirma que la pobreza infantil empezó a crecer, terminando con una espiral descendente que se había consolidado hasta 2009. Los autores concluyen que este panorama se volvió inevitable una vez que el gobierno de Cameron decidió que el 85% de la reducción del déficit vendría de cortes en el sistema de bienestar y solo el 15% de un ajuste en la política impositiva.

¿Qué está queriendo decir entonces eso de “sacudir a Inglaterra” en una voz aguda y penetrante montada en notas de un xilofón vetusto sampleado a la atmósfera sónica de la posguerra?

 

England’s dancing days are done. Another day, Bobby, for you to come home & tell me indifference won

(“Los días felices de Inglaterra ya fueron. Otro día, Bobby, para que vuelvas a casa y me cuentes que la indiferencia triunfo”)

 

Este no es el disco que hizo cantar a un país sino más bien el murmullo que lo acompaña. En “The Glorious land” las yuxtaposiciones sonoras empiezan provocando asombro para guiar al oyente a un éxtasis urgente y fugaz. Las estrofas de PJ Harvey están montadas sobre un sample de “Bed’s too big without you” que no se advierte sino hasta leer la letra chica del booklet del álbum. Se trata de una de las mejores canciones que Sting escribió para The Police, aquí reducida al riff de Andy Summers atrapado en un loop que suena a espejismo (el famoso mensaje en una botella, sí). Al mismo tiempo, en un montaje que la acerca más al hip hop que a Radiohead, pasa a través de la canción un toque de diana de la Guardia Irlandesa arrancado de una grabación arcaica. El clarín marcial y guerrero irrumpe fuera de sincro y de tono, una vez más, y entre el efecto lluvioso del sample de The Police y la entonación impetuosa de PJ Harvey se pierde la noción del tiempo. Aún cuando no se sepa nada de este disco, el que escucha es atravesado por una sensación espectral donde lo vivo y lo muerto parecieran confluir a través del sonido. Solo después de muchas pasadas y cuando se revisan las letras uno advierte que ha estado cantando a voz en cuello el cruento remate de la canción:

 

And what is the glorious fruit of the land? It’s fruit is deformed children? And what is the glorious fruit of the land? It’s fruit is orphaned children… 

(“¿Y cuál es el fruto glorioso de nuestra tierra? El fruto son sus niños deformados ¿Y cuál es el fruto glorioso de nuestra tierra? El fruto son sus huérfanos”)

 

Como sucede con la pintura histórica del siglo XIX, Let England Shake parece responder a ciertas reglas que podrían enmarcarlo en un lugar incómodo: un disco de marchas militares. Así como es inevitable la aparición de los bronces (vueltos emblema en esa diana que pasa como un subte en dirección contraria), la base se ciñe mucho menos al tándem de bajo-batería para apoyarse en golpes de percusión acústica propios de una infantería. PJ Harvey y sus caballeros templarios John Parish, Mick Harvey y Flood persiguen durante todo el disco un sonido que habita un limbo entre lo ancestral y lo contemporáneo y que saltea la electrificación de la música popular del siglo XX para unir la pureza atávica de la banda de bronces y tambores con los procedimientos propios de la reinvención digital del pop: sampleos, loops, borramientos del original. Ya no se puede decir de PJ Harvey esa pavada de que sea clásica y moderna porque más bien es antigua (hay algo de inspección filo-victoriana al mercado de Portobello Road en esta música) y posmoderna.

Let England Shake es una de esas obras de arte que se ocupan del presente sin referirlo. Después de leer Cameron’s Coup y comprobar la programática destrucción del Estado de Bienestar que puso en marcha Thatcher nadie podría dudar que estas palabras y esta música que coquetea con el derecho al belicismo están para recordarnos que tanta muerte y destrucción al fin sirvieron para imaginar, God save the Queen, un proyecto más homogéneo de país. Así, Let England Shake podría llamarse también Farewell Welfare.