Tema del Mes

ABRIL 2016

Rusia y el doping, entre Dostoievski y una historia de espías.

03 / 04 / 2016 - Por Juan Manuel Herbella

Muertes sospechosas y el oscuro papel del Estado ruso en el doping deportivo.

Tres meses después de ser sancionada por la Asociación Mundial Antidoping (AMA), acusada de implementar un mecanismo sistemático de dopaje habilitado y protegido desde el Estado, la Agencia Rusa (RUSADA) sigue siendo noticia. Dos ataques cardíacos -en menos de doce días- acabaron con la vida de sus ex directores. Las muertes consecutivas de Viacheslav Sinev -fundador de RUSADA y responsable máximo hasta 2010- y Nikita Kamaev -director general desde 2011 hasta el momento de la suspensión- incrementaron el clima de sospecha e incertidumbre que gira alrededor del deporte ruso, cual saga de un texto de Dostoievski o un revival del “caso Litvinenko”.

Alexander Litvinenko fue un influyente exiliado ruso en Gran Bretaña, que murió envenenado por compatriotas a los que consideraba amigos. Su padecimiento duró veintidós días. Se inició el 1º de noviembre de 2006, cuando se reunió con Andrei Lugovoi y Dmitry Kovtun, en el Pine Bar del Millennium Hotel en el distinguido y ricachón barrio de Mayfair, lugar de referencia para las tiendas de moda y la diplomacia extranjera radicada en Inglaterra. Finalizó el 23 de noviembre, postrado en la cama del University College Hospital de Londres.

A las cuarenta y ocho horas del encuentro, Litvinenko ingresó al hospital con naúseas, vómitos y mucho dolor. Nunca más salió. Desde el primer momento, denunció haber sido envenenado. El tiempo y los exámenes le fueron dando la razón: en las alteraciones fisiológicas características (hematológicas, vasculares, digestivas, etc.), con la caída del cabello y, posteriormente, al detectar de manera específica la sustancia: Polonio radioactivo. Los especialistas describen al Po-210 como un gran emisor de radiación alfa, fácilmente bloqueable por elementos como la piel o el papel (lo que dificulta su detección) y 100% mortal, en el caso de ser ingerido, generando un proceso progresivo de destrucción de las células del cuerpo, comenzando por el hígado y los riñones, y acabando en un fallo sistémico. 

Obviamente, los dos “amigos” de Litvinenko se convirtieron en los principales sospechosos y la investigación de las autoridades inglesas, sobre los restos radiactivos, develó una ruta directa con destino a Rusia: la tetera, el baño del bar, las habitaciones de los hoteles donde se hospedaron, las estaciones del metro utilizadas en la conexión e, incluso, el avión del vuelo de vuelta a Moscú, estaban contaminados con polonio. Supuestamente, la droga provino del reactor nuclear de la planta de Avangard (en Sarov), sitio que en tiempos de Stalin, fue hogar de la primera bomba nuclear rusa. Un lugar con acceso restringido, pero no para los poderosos enemigos que tenía Alexander: a finales del siglo pasado, cuando Vladimir Putin era el director del servicio de inteligencia ruso y Litvinenko era uno de sus oficiales principales, cumpliendo funciones de espionaje. 

Espionaje como el que develó recientemente la investigación de la AMA, dentro del laboratorio de control antidoping, durante los Juegos Olímpicos de Invierno de Sochi 2014. Agentes del FSB (servicio interno de seguridad ruso) se infiltraron haciéndose pasar por ingenieros y, entre otras cosas, digitaron el recorrido de las muestras comprometidas. Desde noviembre, el laboratorio está suspendido y podría perder su certificación si no regulariza su situación.

“El 3 de febrero murió Vyacheslav Sinev, actual presidente del Consejo Ejecutivo de la RUSADA y quien fuera director de la organización desde su creación hasta el año 2010. Individuo competente, con experiencia, dedicado desinteresadamente a su trabajo y siempre dispuesto a hacer frente a los retos. El personal de la Asociación expresa su más sentido pésame a los familiares, amigos y colegas”, decía el sucinto comunicado que publicó la RUSADA en su página web, el 5 de febrero. Hasta el momento, se desconocen los pormenores de su muerte pero se sabía que, desde hace un tiempo, no gozaba de buena salud. Oficialmente, el parte médico se limitó a decir que falleció por causas naturales -un infarto de miocardio-, mientras descansaba en su casa.

Si la muerte de Sinev podía resultar, en algún punto, dudosa pero entendible; lo que vino luego, la potenció. Apenas once días después, Nikita Kamaev -director de la RUSADA, hasta que fue obligado a dimitir por la investigación de Dick Pound en noviembre de 2015- falleció de un infarto, también, en su casa: a los 52 años y luego de su práctica diaria habitual de ski. Una muerte muy inesperada, como dijo el ministro de Deportes ruso Vitaly Mutko: “parecía sano y todo estaba bien”. Sus restos fueron despedidos y sepultados en el Cementerio de Troekuro (Moscú).

“Quiero escribir un libro sobre la verdadera historia de la farmacología deportiva y el dopaje en Rusia, desde 1987 en adelante”, afirmó Kamaev en un correo electrónico, enviado en noviembre del año pasado y un par de días después de la suspensión, al periodista deportivo David Walsh, mundialmente conocido por su investigación en el caso del múltiple campeón de ciclismo Lance Armstrong.  “Mi archivo personal contiene documentos, incluidas fuentes confidenciales, acerca del desarrollo de fármacos para mejorar el rendimiento y la medicina deportiva. Tengo correspondencia con la comunidad antidopaje, con el ministerio de Deportes, con el Comité Olímpico Internacional (COI), con el Comité Olímpico Nacional, con la Agencia Mundial Antidopaje (AMA) y otra de carácter personal”, sostuvo en aquel dialogo virtual, a la distancia, que su muerte dejó inconcluso. Desde muy joven,  Nikita Kamaev había estado vinculado con los “laboratorios del deporte ruso”, desde los tiempos de Perestroika, de la época de la extinta Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. 

“Por mi parte indicaré que casi toda realidad, aunque tiene sus leyes inmutables, casi siempre es increíble e inverosímil. Y a veces, cuanto más real es un hecho, tanto más inverosímil parece”, como el príncipe Lev Nikoláievich Myshkin, en El idiota, de Fiodor Dostoievski. ¿Es verosímil la realidad? A veces, el vínculo entre realidad y ficción se entrecruza de manera cautivante, como en el caso de las muertes naturales de Vyacheslav Sinev y Nikita Kamaev. Historias rusas, que tanto atrapan.