Tema del Mes

MAYO 2016

Demografía global ¿a la deriva?

04 / 05 / 2016 - Por Franco Bronzini

Evidencias demográficas tornan alarmante el rumbo del individualismo capitalista y la ineficacia de la política global ¿Añoraremos este presente en un futuro aún peor?

Año 2050, 10.000 millones de personas.

98 % del incremento se producirá en países en vías de desarrollo.

50% del mismo tendrá lugar en el África subsahariana; 28 % en el subcontinente indio.

 

Daniel Kanehman, Premio Nobel de Economía 2002, afirma que es imposible realizar mediciones de mediano y largo plazo en materia de economía y política, ya que las variables que entran en juego son demasiadas y sobre todo los factores “suerte” y “cisne negro” hacen que en cada momento las tendencias que estas variables evidencian se encuentran en equilibrio inestable. Solo es posible analizar con un cierto grado de seguridad el corto y mediano plazo. Franco Moretti, en su libro Modern Epic, nos dice que para Darwin la historia es el entrecruzamiento de dos caminos completamente independientes: las variaciones aleatorias y la selección necesaria.

Sin embargo, esto no nos exime de la necesidad de reflexionar sobre datos tan contundentes y a menudo negados o relegados a la inconsciencia. Observemos la tabla adjunta. Mientras nos estábamos empezando a familiarizar con la realidad de China como superpotencia económica, cultural y estratégica en diálogo cotidiano con los Estados Unidos de Norteamérica, apareció la India, con una tradición industrial que va desde las manufacturas a los productos mas sofisticados de la tecnologia, desde el cine a las fabricaciones militares. India, castas, budismo (todo Oriente le es deudor); China, comunismo con vorágine de consumo. Ciudades fantasmas que han permitido al comercio internacional mantenerse a flote en los ultimos diez años y una ambicion de poder que, acompañada por una estrategia geopolitica notable, han transformado a este imperio en referencia obligada a la hora de hablar sobre finanzas, comercio, economía, política, pero tambien sobre educación, mercado del arte y deporte. Baste este último ejemplo, donde una revolución notable se está llevando a cabo, evidente en la supremacía en los deportes individuales (fijarse en los medalleros de Pekín 2008, donde ocuparon el primer lugar delante de los EEUU y en Londres 2012, donde se ubicaron segundos detrás de la potencia del norte) y contundente a traves de la política más agresiva de la historia del deporte, decidida a transformar su liga de futbol en la más rica del mundo.

China e India, y la gran masa de nuevos africanos provenientes de las zonas más pobres y conflictivas del mundo serán -como vemos en el gráfico- la mayoria abrumadora de la población mundial en el 2050. Musulmanes y budistas, de ojos rasgados y pieles de color arrasarán en número, no solo a los habitantes blancos judeo-cristianos de los países tradicionales europeos. En el año 2040, las minorías de latinos y afroamericanos desplazarán a la mayoría blanca en los EEUU. Obama y Ted Cruz son solo una punta de lanza moderada. La reacción evidente que significa Trump y sus propuestas para construir una muralla al estilo DDR que separe Méjico de Texas, más la prohibición de permitir el acceso de musulmanes al país, lejos de ser una manifestación demencial de un psicópata, son el claro sentimiento de inseguridad del americano medio blanco, protestante del centro de los EEUU, que ve cómo su condición de privilegio por raza y tradición religiosa y cultural ha dejado de ser un seguro de vida, y se ha transformado en algo cercano a la anécdota. Los problemas de distribución de los ingresos y la desproporción en el manejo del capital (que Obama recuerda cada vez que puede) han generado en los últimos años una brecha que hoy parece insuparable entre las distintas ciudades del país. Las noticias de violencia policial, francotiradores en los colegios y en las calles, las revueltas en ciudades quebradas como Detroit (otrora capital mundial de la industria) son claros indicios del nivel de tensión social que agita a la gran potencia mundial, el último reducto de nuestra forma de entender el mundo, con lo encomiable y lo más nefasto. 

Europa vive en un estado de desconcierto justificado, bajo la evidencia de que sus mejores días están en el pasado. La Comunidad Europea, que nació como compromiso de paz, igualdad de oportunidades, convivencia, desarrollo económico basado en el equilibrio y la compensación entre las distintas naciones, privilegiando la educacion, la salud y el derecho al ocio, sueño de una gran reserva sociocultural, se ha transformado en un campo de batalla signado por la xenofobia y el desinterés por el otro. Lo que predomina es el resultado exitoso de un balance y no el proyecto de largo plazo que implicaría una integración entre culturas tan diferentes que trascendiera el común denominador de haber sufrido las dos guerras “mundiales”, la guerra “fría” y hoy la violencia del ISIS, la violencia moral que los inmigrantes infligen en la conciencia europea, que después de la sesesión de Yugoslava había intentado borrar y hacer olvidar sus culpas.

Europa, que ya no es capaz de reproducirse en términos culturales, cuya capacidad económica y de investigación se ha convertido en un nicho, tampoco es capaz de reproducirse en términos biológicos. El promedio de edad de su sociedad en el 2050 rondará los cincuenta años. Comparemos Alemania, el país más grande de Europa y la locomotora industrial y económica de la Comunidad Europea, con Nigeria, el país más populoso de África:

2015, Alemania: 81 millones de habitantes.

2015, Nigeria: 182 milones de habitantes.

2050, Alemania: 72 millones de habitantes (menos 11%)

2050, Nigeria: 509 millones de habitantes (más 180%)

2050, Alemania, edad media: 54 años.

2050, Nigeria, edad media: 17 años.

Sabiendo que solo son posibles los análisis en el corto y mediano plazo y que innumerables factores programados (decisiones políticas) o azarosos (catástrofes de cualquier tipo) podrían modificar esta tendencia, podemos aún arriesgar una coyuntura que verá un país rico y con un gran bagaje cultural con una enorme falencia en su estructura productiva y administrativa, que llevaría al coloso teutón al borde de la parálisis si no incopora jóvenes africanos desesperados, sin bagaje cultural, que escapan de un país cuyas condiciones ambientales colapsaran con el incremento poblacional. Los procesos de adaptación que tienden a reducir las tensiones entre las poblaciones originarias y los reción llegados no son inmediatas y, en los últimos tiempos, vemos que tampoco es un fenómeno descontado. Los atentados en Francia y Bélgica son un claro y doloroso ejemplo. No solo Alemania y gran parte de la Europa industrializada se enfrenta a esta situacion: tambien el gran coloso económico e industrial de Oriente, Japón.

A lo largo de la historia. la demografía estaba regulada por tres factores: las epidemias, las guerras y el instinto reproductivo de supervivencia. La demografia no era el acto de una voluntad privada, era algo que la humanidad padecía sin capacidad de decisión y casi nunca de reacción.

La aparición de métodos anticonceptivos, la incorporacion de la mujer al aparato productivo y en las tomas de decisiones, la evolución en los hábitos socioculturales (la higiene, por ejemplo), y la capacidad de la ciencia y la medicina de prolongar la vida hasta limites impensados y de dar batalla casi inmediata a nuevas enfermedades (el HIV, la Gripe A, el Ebola son muestras contundentes de esta velocidad de respuesta) han corrido el eje de la demografia que se padece a la demografia que se decide de manera individual. El postulado mediático del capitalismo –la productividad como efecto de la libre competencia de individuos en igualdad de condiciones- ha desembocado en una concentración de esfuerzos (la inversión en la currícula individual como forma de supervivencia y la suba de los costos de educación a niveles estratosféricos), de cansancios y de hedonismos compensatorios (el antídoto farmacopornográfico como remedio inmediato).

The beggars mounted run their horses to death

W. Shakespeare, Enrique VI 

Pero estos principios que han ganado tantas batallas ideológicas contra los rivales más encarnizados, hoy se enfrentan a sí mismos, corren desbocados al precipicio, montados por jinetes desconcertados y mezquinos. Los grandes estados se muestran incapaces de acciones colectivas . Solo una política concertada y consensuada entre las naciones puede revertir esta tendencia demográfica que equilibre el aumento desmedido y explosivo de la natalidad en países que no están en condiciones económicas, ambientales y culturales de soportarlos y la alarmante (¿autodestructiva?) capacidad de llegar a los dos hijos por familia, cifra que representaría el punto de equilibrio entre muertes y nacimientos. No obstante, basta ver las cartas de intención con centenares de objetivos que se firman en la ONU para comprender la dificultad de realización de una acción conjunta.

Si eso no ocurre, la profecía que vemos en Hijos de Hombres se aproximaría más a un reality show que a una película apocalíptica de ciencia ficción. En ese reality, los seres humanos podrían llegar a añorar este presente que sería su pasado, aún con todas sus calamidades e injusticias. ¡Qué país maravilloso era Italia durante el periodo del fascismo y enseguida despues! La vida era como la habíamos conocido de chicos, y por veinte y treinta años no había cambiado: no digo sus valores -que son una palabra muy elevadas e ideológicas para aquello que simplemente quiero decir- pero las apariencias parecían dotadas del don de la eternidad; se podía creer apasionadamente en la revolución o la revuelta , que de todas maneras aquella maravillosa cosa que era la forma de la vida no habría cambiado. Quizás solo un genio como Pasolini podría en 1973 expresar añoranza por una Italia perdida que incluía la violencia del fascismo, pero la sensibilidad de su argumento bien puede trascender a otra época.