Tema del Mes

MAYO 2016

China: A lo lejos, el trayecto de la pelota se ve con ojos rasgados.

31 / 05 / 2016 - Por Juan Manuel Herbella

La agresiva política de selección de talentos y el estricto entrenamiento fueron dando fruto en el transcurso de esos treinta años y llevaron al deporte chino del onceavo lugar del medallero en Seúl 88, al primero en Beijing 08. Ahora, el proyecto es conducir a la potencia hacia el deporte colectivo del fútbol: en la base, con millones de niños formándose en la escuela; en la cima con millones de dólares expectantes en el nuevo negocio.

Soplan vientos de cambio en el fútbol chino. Hace poco más de un año, el 16 de marzo de 2015, el gobierno nacional daba a conocer un ambicioso plan de reforma, enfocado particularmente en el deporte rey. Hoy, China se ubica en la 81º posición en la clasificación mundial que realiza la Federación Internacional de Fútbol Asociado (FIFA), bastante detrás de competidores directos como Arabia Saudita, Emiratos Árabes y Uzbekistán. Un lugar poco acorde a la envergadura de una potencia deportiva que pretende, en un par de meses, terminar en el primer puesto del medallero en los Juegos Olímpicos de Río 2016.

Los resultados históricos brindan un panorama claro de la realidad deportiva china: un marcado poderío y dominio en deportes individuales de series (cíclicos o técnicos) como la gimnasia, los saltos ornamentales, el remo, la natación y el atletismo; y un descenso abrupto en el nivel competitivo -con contadas excepciones- cuando los deportes son colectivos. 

No casualmente, en su primera entrevista como presidente de la FIFA, el abogado suizo descendiente de italianos Gianni Infantino, hizo público “su sueño”: ver a Asia, fundamentalmente China e India, desarrollándose en el fútbol mundial. Justamente los dos países más populosos del mundo, no tienen tradición alguna en materia futbolística. Hay que evocar “Corea - Japón 2002” como la única presencia china en un Mundial, justamente en la eliminatoria donde no participaron los dos anfitriones.  

La historia de la reforma comenzó la tarde del 15 de junio de 2013, cuando la selección china perdió 5 a 1, jugando en casa, contra Tailandia (142° en el ranking FIFA), dando vergüenza y forzando la salida de su entrenador: el español José Antonio Camacho. En ese momento, el padre de la criatura, Xi Jinping, acababa de asumir como secretario general del Comité Central del Partido Comunista Chino y nuevo Presidente de la República Popular (el 14 de marzo de 2013). Sin su inestimable apoyo y férrea determinación, no hubiese sido posible la concreción del proyecto que incluye: millones de dólares para contratar estrellas y reclutar entrenadores de todo el mundo, facilidades gubernamentales para promover la construcción regional de campos de fútbol y aplicar estrategias intercomunitarias de desarrollo, modificaciones curriculares y estructurales en las escuelas para difundir la práctica y un plan nacional global de largo plazo, que sueña concluir albergando y obteniendo una Copa del Mundo. 

El plan apunta, por un lado, a desarrollar una gran base de la pirámide y, en el mientras tanto, a potenciar el negocio económico en el ápice. Es audaz porque busca empalmar al sistema escolar formal con el desarrollo deportivo en fútbol, ubicándolo como materia obligatoria en las escuelas primarias y secundarias e instrumentando la creación de 45.000 centros de enseñanza específicos en diez años. Actualmente, doscientos millones de niños chinos reciben clases de táctica y estrategia (de fútbol) en la escuela. 

El mecanismo de desarrollo deportivo por escuelas específicas no es novedoso en China y lleva tiempo aplicándose con otras especialidades olímpicas. Pensar una reforma curricular de estas características en la Argentina, rápidamente sería considerado un barbarismo. En el transcurso de los años, sin importar las orientaciones políticas y a contramano del proyecto chino, el estado nacional no ha hecho más que quitarle relevancia a la educación física en la escuela. Así fue como nuestro país ha perdido progresivamente la preponderancia deportiva que supo tener a mediados del siglo pasado.

“La politización del deporte en la China moderna” es un ejemplar pionero y de lectura obligatoria al querer abordar el tema. Describe cronológicamente cuestiones claves en el desarrollo de la República Popular -desde 1949 a 2012- y en sus páginas se mezclan armoniosamente las gestas deportivas con contextos históricos y vicisitudes políticas. Sus autores, Fan Hong y Lu Zhouxiang, inicialmente lo pensaron como una serie de artículos para la “International Journal of the History of Sport” pero los textos tienen vida propia y estos se convirtieron en un atrapante libro.

Hong y Zhouxiang cuentan como en China, originariamente, no existía una palabra que describiese al “deporte”. Su ideación fue fruto de la interacción temprana con el sistema deportivo occidental. Hoy conocida como Tĭyù (ejercicios físicos o deporte) surgió de una derivación del concepto de entrenamiento militar. La brecha con Europa era tal que, a comienzos del siglo XX, China no estaba siquiera familiarizada con el nacimiento del movimiento olímpico creado por el Barón Pierre de Coubertin. Tuvieron que pasar décadas hasta que el gobierno central organizara una Federación Deportiva, que luego se convirtiese en el Comité Olímpico Chino (COC) . Recién en los decimoquintos Juegos Olímpicos (en Helsinki 1952) hubo una primera delegación oficial. La historia continuó por los siguientes  cuarenta años de competencias, sin dar pena ni recibir gloria, hasta que a comienzos del nuevo siglo Pekín/Beijing logró la designación para hospedar los Juegos Olímpicos de 2008. Para ese entonces, su potencial de crecimiento era vox populi. Algo había cambiado en el seno de poder chino, en la previa de “Seul 88”, y las modificaciones propuestas empezaban a dar resultado.

Transcurrían los 80´s, cuando China estableció su programa de desarrollo deportivo -un poco por cercanía, otro por similitud estructural y, también, por afinidad ideológica- guiándose en el modelo soviético: un sistema amplio de selección de talentos a edades tempranas que facilita el reagrupamiento en unos pocos centros específicos de formación, donde se llevan a cabo los rigurosos programas de entrenamiento que sólo permiten que los más aptos y resilientes lleguen a la alta competencia. Los altos al voleyball y el básquet; los de gran envergadura/alcance de brazos, a la natación; los de rápidos reflejos, al tenis de mesa; los livianos y flexibles, a la gimnasia; cual campamento militar, los niños son separados de sus familias, seleccionados a través de cualidades técnicas y antropométricas, formados durante años y, finalmente, conducidos al exterior para representar a la nación. 

Se estima que en la actualidad, cerca de 400.000 atletas se están entrenando en sus doscientos campos deportivos de élite. Institutos como el Wuhan de la Educación Física y el provincial de Zhejiang o el de Deporte Escolar Hangzhou y la Escuela de Deportes de Shanghai, actúan como centros de complejidad intermedia y avanzada, antes del salto máximo al selecto grupo de élite del “Kunming Haigeng Sports Training Base”: el mayor campo de entrenamiento deportivo en China. Situado a 1888 metros de altura sobre el nivel del mar (para obtener los beneficios de una mejor oxigenación) y ocupando una superficie de 410,000 m², en las afueras de la ciudad de Kunming (la capital de la provincia sureña de Yunnan) se encuentra el selecto lugar del deporte chino: la casa del equipo olímpico.

Toda esta infraestructura, la agresiva política de selección de talentos y el estricto entrenamiento fueron dando fruto en el transcurso de esos treinta años y llevaron al deporte chino del onceavo lugar del medallero en Seúl 88, al primero en Beijing 08. En este lapso de tiempo, alejado del progreso, el fútbol continuó siendo un deporte esquivo -pese a gozar de la aceptación de las masas- por su alto componente técnico-táctico y el irremplazable valor colectivo: donde ambiente y experiencia poseen un peso fundamental.

En la actualidad, los vientos soplan fuerte y el cambio es evidente. El 4 de marzo pasado, con dieciséis equipos, la renovada SuperLiga tuvo su puntapié inicial en una temporada récord en cuanto a contrataciones. Los números son exorbitantes: más de cuatrocientos millones de dólares invertidos en la llegada de jugadores de renombre como Ezequiel Lavezzi, Jackson Martínez, Freddy Guarín, Alex Teixeira, Ramires Santos, Paulinho y Demba Ba; por primera vez la televisión pagará para retransmitir el torneo (1600 millones de dólares por los próximos cinco años); empresas importantes invierten comprando clubes, como Alibaba que pagó 192 millones de dólares para obtener el 50% de participación del Guangzhou Suning Evergrande. 

Las medidas de Xi Jinping están orientando al buque factoría de talentos chinos en dirección al fútbol. Las consecuencias directas de esta decisión son inciertas en el corto plazo (en cuanto a repercusión y nivel competitivo de la Liga) pero fácilmente imaginables a futuro por cuando uno mira a lo lejos, el trayecto de la pelota se ve con ojos rasgados.