Tema del Mes

JUNIO 2016

Yao Ming, el trabajador modelo del comunismo que globalizó la NBA

18 / 06 / 2016 - Por Martín Núñez

De cómo un país con un promedio de estatura de 1,66 metros pudo convertirse en otra meca para la liga de básquet más espectacular del mundo.

Según un estudio realizado en 2008 por la empresa Alvanón, experta internacional en indumentaria a medida, el promedio de estatura que alcanza a los 1400 millones de chinos es de 1.66 metros. Lejos están los asiáticos de los 1.74 metros de altura de los argentinos (yo apenas llego a 1.65), y ni hablar del 1.84 que promedian los lungos holandeses. Aunque los chinos son más altos que la media de Indonesia, que apenas asoma detrás de 1.58 metros.

La estatura, en la mayoría de los casos, es un requisito físico determinante en la práctica deportiva profesional. Ejemplo: en la gimnasia artística se destacan los atletas de contextura física pequeña, los más livianos y elásticos capaces de dar vueltas por el aire, girar repetidas veces sin siquiera tener la sensación de tocar el suelo. Los chinos, por supuesto, son potencia olímpica en esa disciplina. El básquet también es uno de esos deportes que saca ventajas con la altura. En este caso es al revés de la gimnasia: se busca gente alta (de 1.75 para arriba, preferentemente) en cualquiera de las posiciones. Si lo sabré: en el último torneo de básquet que me anoté fui el más petiso de todo el campeonato. Y le puse unas ganas bárbaras.

En China, dentro de la cantidad infinita de habitantes, lograron dar en un barrio de la zona portuaria de Shanghai con un jugador que supo quebrar la media (por goleada) con 2.29 metros de alto. Su nombre: Yao Ming. Y no solo cumplió con el requisito físico para destacarse en un deporte de altura sino que también supo poseer otro, poco común en los hombres altos y en los basquetbolistas asiáticos: talento.

Yao Ming, que a los nueve años tuvo que dejar el waterpolo porque hacía pie en la pileta (algo prohibido en ese deporte acuático), cambió la forma de ver el básquet en su país y también hizo que otros cambiaran gracias a él. 

Los Houston Rockets (franquicia poderosa, con dos anillos de campeón y que supo contar con estrellas como Hakeem Olajuwon, Charles Barkley o Clyde Drexler) lo seleccionaron en el draft con el número 1 en 2002. Fue el primer jugador asiático en ser elegido en el máximo escalón y también el primero en ser drafteado con el N° 1 sin haber pisado suelo estadounidense. La franquicia de Texas (hay otras dos en ese estado: Dallas Mavericks y San Antonio Spurs), al ver lo generado por el gigante chino dentro del monstruo asiático y también en sus primeros días de NBA, decidió modificar su logo por uno más identificado con el alfabeto chino, dejando atrás su característico cohete. Y al día de hoy lo sigue usando, ya que el paso de Yao con la casaca a colores rojo y blanco les generó un amplio número de fanáticos alrededor del mundo.

Yao Ming también fue uno de los culpables de meter al mercado chino en la casi impenetrable NBA. Luis Scola puede dar fe de eso: cuando el argentino ingresó a la NBA lo hizo en los Rockets para ser compañero de Yao y, al año, fue contratado por la marca Anta para lucir sus zapatillas. No solo Luifa, capitán del seleccionado nacional y que viajó en varias oportunidades a Beijing para promocionar la marca, sino que casi todo el plantel de los Rockets lució durante un tiempo el calzado de Anta. Con el tiempo, otras marcas asiáticas también lograron captar a las grandes figuras del básquet estadounidense. Dwyane Wade, de Miami Heat, se quedó con Li Ning y Tony Parker, el base francés compañero de Manu Ginóbili en los Spurs, prefirió Peak.

Ah, y ni hablar de la televisión: todos los partidos de los Rockets mientras Yao estuvo en el equipo (se retiró en 2011 debido a una racha de lesiones en espalda y rodillas) fueron llevados en vivo, sobre todo en su natal Shanghai, y su primer partido de All Star fue seguido por 200 millones de compatriotas vestidos de rojo y blanco. La NBA conoció en ese momento el potencial del mercado chino cuando abrieron al público las votaciones on line para elegir a los cinco titulares del Juego de las Estrellas: Yao fue el más votado con un total de 2.558.278, solo superado por los 3.150.181 de Dwight Howard cuando recién arrancaba en Orlando Magic 2009. 

Ming es considerado el orgullo de China, elegido abanderado olímpico en Atenas 2004 y Beijing 2008 (elegido por entre los 689 atletas de esa nacionalidad), premiado con el Trabajador Modelo del Comunismo en 2005 (galardón históricamente reservado para campesinos y ganaderos), y modelo a seguir todavía hoy por los más jóvenes.

Nacido de una familia de basquetbolistas (papá Yao Zhiyuan de 2.15 metros de altura, y mamá Fengdi Fang, de 1.90, capitana del seleccionado). Único hijo del matrimonio debido a las restricciones en ese país sobre los niños por familia. Tras abandonar el waterpolo continuó con el legado. Quienes compartieron plantel con él contaron que, con apenas 13 años, se entrenaba diez horas diarias. No tardó en convertirse en la máxima figura de los Shanghai Sharks (32 tantos y 19 rebotes de promedio), a los que llevó al título local en dos oportunidades ante de dar el gran salto a la NBA, la punta de la pirámide. tuvo que negociar su salida de los Sharks y un permiso especial de China para trabajar en otro país. 

Allí tampoco le fue mal en lo individual y tuvo en la temporada 2006 su mejor momento con 25 puntos de promedio y 12 rebotes por juego. Fue siete veces votado para el All Star Game y en cinco oportunidades fue elegido por los especialistas en el quinteto ideal de la NBA. Sin embargo, y pese al aporte de un ganador como Scola y de otras figuras como Shane Battier, Trevor Ariza y Ron Artest, jamás pudo avanzar a la segunda ronda de playoffs. Tampoco pudo cumplir con su seleccionado y en el Mundial de Japón 2006, pese a terminar como goleador del torneo, cayó en cuartos de final ante Grecia (daría el golpe al bajar a Estados Unidos en semis), mientras que en los JJOO de Atenas 2004 y en casa cuatro años más tarde ni siquiera estuvo cerca de hacer podio. Y eso que lo secundaba Yi Jianlian, con un frustrado paso en la NBA y de 2.15 metros.

En su casa ya nada volvió a ser igual. La CBA (Chinese Basketball Association) jamás volvió a ser lo mismo luego de lo que Yao Ming y sus 2.29 metros de altura habían hecho con el mundo del universo mágico del básquet. Desde hacía mucho tiempo que el comisionado David Stern había intentado meter a la NBA en el mercado chino. Stern será reconocido en la historia por globalizar la NBA, por llevar la liga de megaestrellas a los lugares más recónditos del planeta, por hacer un verdadero negocio/espectáculo de la liga más atractiva del mundo. 

Por supuesto que la época dorada de Michael Jordan lo ayudó a conocer el mundo, pero si había un lugar que aún se le negaba era China. Y Yao fue quien abrió las puertas, hizo que la NBA depositara los ojos definitivamente en China cuando se lo descubrió a principios de 2000. No solo fue Yao, sino que también se sumó Jianlian, con pasado en Milwaukee Bucks, New Jersey Nets y Dallas Mavericks, o Mengke Bateer (de origen mongol) o Sun Yue (base de 2.00 metros al que Phil Jackson ni siquiera lo tuvo en cuenta en Los Ángeles Lakers) mientras que ahora se destaca Jeremy Lin, quien sin bien es nacido en Estados Unidos tiene ascendencia china y generó todo un revuelo en Asia con su fugaz y hollywoodense aparición en New York Knicks. 

Siendo el tercer base, en el fondo del banco, Lin apareció como último recurso para un equipo en problemas y se destapó con puntos y asistencias generando una verdadera locura nada más y nada menos que en el Madison Square Garden. Esa Linsanity, como se recuerda a ese pasaje de fantasía del chino por la NBA, es uno de esos guiones especiales que la NBA siempre tiene para aportar a Hollywood. Lin es hoy el base titular de los Charlotte Hornets que preside Michael Jordan.

La CBA nació en 1995 y hoy es mucho más que una liga nacional de básquet. Arrancó con 12 equipos y hoy suma 20. Con el correr de los años fue atrayendo a todo público que quería ver a un nuevo Yao, pero al frustrarse ese sueño, los empresarios de los clubes no tuvieron mejor idea que contratar a figuras de la NBA que eran agentes libres en ese momento. Así fue como la CBA se convirtió en una especie de sucursal de agentes libres de la NBA, además de contar con estadios gigantes y luminosos y coloridas chearleders que animan cada minuto de descanso. 

Fueron (y son) varios los que prefieren pasar por Asia un par de años para luego volver a la liga estadounidense. Michael Beasley es uno de esos casos. Conocido por ser un “niño malo” en Minnesota Timberwolves y Miami Heat, fue nombrado MVP del torneo chino con promedio de 31.2 puntos por juego con los Shandog Golden Stars. Debido a su buen rendimiento, Beasley fue tanteado por varias franquicias yankees para regresar a casa, pero el mismo jugador decidió continuar con su renacer basquetbolístico en China.

El lock out patronal de la NBA en 2011 puso en riesgo el comienzo de la temporada y varias de sus figuras se vieron tentadas por el boom (y el dinero) de la liga china. Carmelo Anthony, Chris Paul y Dwyane Wade amagaron con jugar allí en caso de no llegar a una solución rápida en su país. Hasta viajaron cerca de la Gran Muralla para realizar una serie de exhibiciones y coquetearon con varios equipos locales.

Otros de los jugadores que pasaron por el básquet oriental son Stephon Marbury, quien estuvo en el triunfo de la Argentina sobre Estados unidos en Atenas 2004 y desde 2011 pasa un gran momento en los Beijing Ducks, y Jordan Crowford, que viene de hacer un récord de 72 puntos con los Tianjin Ronggar y varias franquicias ya lo quieren tentar para la temporada que viene. También se destaca quien hace un tiempo fuera Ron Artest, para luego pasar a llamarse Metta World Peace, y quien ahora se rebautizó como Panda Friend.

Hay otros que no son tan conocidos pero que tuvieron un pasado sin lujos en la NBA y encontraron una nueva vida llena de fama en China. Ellos son Von Wafer, Errick MacCollum y Willie Warren, a quienes los grandes general managers ya los tienen anotados en sus carpetas 2016/2017. Allí también brilla el crack iraní Hamed Haddadi, que no tuvo suerte en los Memphis Grizzlies de la NBA.

La liga china está en pleno crecimiento y aparece como un lugar ideal para varios jugadores estadounidenses. Tal es así que los grandes de Europa ven al gigante asiático como una amenaza a sus poderosas ligas.

Yao es grande, muy grande. Lo tuve al lado cuando me tocó cubrir el Mundial de Japón 2006. Creo que ni siquiera me vio, no supo que estaba allí a su lado. Claro, me saca casi un cuerpo, sus palabras llegaban con eco. Lo vi sonreír, lo vi contestar preguntas a todo el periodismo, lo vi moverse dentro de la cancha con una facilidad irreal para una persona de tanta talla. Un talento pocas veces visto y una pequeña naranja en sus manos. 

Yao no solo fue el mejor jugador de básquet en la historia de China: fue mucho más que eso. Su legado no solo es en el juego, con esa naranjita en la mano, sino afuera, en la llegada masiva de sus compatriotas a un deporte que les es esquivo debido a su promedio de altura. Y hoy, a los 35 años, no quiere descansar sino que se dedica a denunciar la caza furtiva de elefantes y rinocerontes en Kenia. Yao rompió con la muralla que ni siquiera Stern ni Jordan habían logrado en los 90. Y hoy China es ese gigante que despierta y promete.