Tema del Mes

NOVIEMBRE 2016

Avatares de la natación en China

06 / 11 / 2016 - Por Osvaldo Arsenio

El gigante asiático es la segunda potencia en la disciplina y, si se lo propusiera, podría ser la primera en pocos años. De considerarse una actividad para burgueses, la práctica de la natación terminó en un poema de Mao Tse Tung.

Si bien se encontraron vestigios de la práctica de la natación en China, ya desde hace más de 5000 años, en pinturas y restos arqueológicos de la actual provincia de Hunan y otros sitios, estos parecieran corresponder a personas de elevado rango social, a actividades militares, o vinculadas a acciones terapéuticas. Los beneficios del agua para tratar diversas afecciones también se encuentran en trabajos de la medicina tradicional china. El agua es allí definida como “la voluntad de vivir”. Sin embargo, la práctica masiva del deporte de la natación recién llegaría muy avanzado el Siglo XX.

En 1966, el líder de la revolución china, Mao Tse Tung, de 73 años, sorprende al mundo nadando unos 13 kilómetros en el Río Yangtzé. Hasta entonces, aparentemente, Mao había considerado a los deportes como un pasatiempo burgués y, por lo tanto, fuera de agenda. Pero su ejemplo en plena Revolución Cultural entusiasmó a millones de jóvenes.

Luego, en 1971, la diplomacia del ping pong con los Estados Unidos significó otro paso para poner en la palestra una actividad humana nunca demasiado desarrollada, y a veces ignorada, tanto por el mandarinato, los emperadores y la Revolución: el mundo del deporte en competencia.

A pesar de estos tibios pasos y chapuzones mediáticos, en las décadas del 60 y  70, el deporte mundial, y la natación en particular, no se presentaban demasiado interesados por el nivel del deporte en China. Podríamos decir que los resultados internacionales en competencias Olímpicas y Mundiales del gran país asiático eran pobres comparativamente a su enorme potencial. En muchos casos, incluso, los chinos no participaron y recién lo hicieron regularmente desde Los Angeles 1984.

Recuerdo que como entrenador del equipo argentino tuve un primer contacto en 1976 con nadadores de China- Taiwan que habían concurrido a Uruguay y luego a Buenos Aires para unas competencias internacionales. El nivel de la China insular 40 años atrás era muy pobre. Argentina ganó 25 de las 26 pruebas del match. Sin embargo, el entrenador de Taiwan me dijo que el nivel de ellos era superior al del continente en natación, y que China continental tenía menos nadadores federados que la pequeña isla. En pocos años, algo cambiaría allí.

En los Juegos Olímpicos de Seúl 88, Estados Unidos, Australia, Alemania Occidental y varios países más asistían asombrados y enfurecidos al triunfo en natación de la República Democrática Alemana, que llevaba como estandarte a la fabulosa Kristin Otto, ganadora de 6 medallas de oro. Las acusaciones de doping se multiplicaron. Las chicas de la DDR tenían muy poca apariencia femenina: sus voces de tenor, el vello que florecía por doquier en caras y pechos, y su hombruna estructura muscular hacían evidente, salvo para los controles de doping de la época, que usaban esteroides anabólicos en su preparación. 

En esos Juegos, tres nadadoras chinas lograron medallas de plata, mientras que una logró un bronce. Creo que como, aparentemente, no presentaban un peligro para el éxito de las grandes potencias, se miró con cierta simpatía el advenimiento de los chinos a la natación internacional.

Así fue que, en 1989, Canadá invitó a la Conferencia Mundial de Whistler al enigmático jefe de entrenadores de China, Dr. Zhou Ming. La estrella de la Convención era el entrenador norteamericano Richard Quick. Fui participante y conferencista en ese congreso y, además de escuchar a las estrellas occidentales, presté especial atención al pequeño hombre de anteojos que tenía un phisique du role más de científico u oficinista que de entrenador. Tuvimos muchas charlas. Su perfil técnico era inusual: especialista en fisiología del ejercicio y biomecánica, era también entrenador de natación. Recuerdo que siempre insistía con que la clave del éxito estaba en soportar las cargas de entrenamiento. 

Me dijo -y no le creí en ese momento- que un grupo de sus nadadoras realizaban 30.000 metros por día. Le pregunté si estaba seguro, pensando que su inglés le jugaba una mala pasada, porque para nadar 30.000 metros, aún con mínimas pausas, se necesitban entre 8 y 10 horas. ¿Cómo absorber esa paliza? Zhou Ming sonrió y me dijo: “No hay error, 30.000 metros, 30 kilómetros por día”. Recuerdo que Richard Quick, Trevor Tiffany y los demás coaches occidentales presentes lo miraban condescendientes y no tomaban muy en serio al conferencista asiático.

Volví a ver a Zhou Ming varias veces. Por ejemplo, en 1991, durante una World Cup en Milán. Luego de la competencia, lo encontré en una calle cercana al Duomo arrastrando un pesado carrito con electrodomésticos que, me dijo, llevaba para  Shanghai a familiares y amigos. Nada extraño que no hubiera visto antes en Miami o Ezeiza.

En los Juegos de Barcelona 92, los chinos comenzaron a mostrar impactantes progresos, en especial con su natación femenina. Pero fue en el Campeonato del Mundo de Palma de Mallorca, en 1993, cuando los chinos, entrenados por Zhou Ming, con dos nadadoras extraordinarias en su nado y en su anatomía, Yinyi Le y Guong Dai, derrotaron a los poderosos equipos de Estados Unidos y Australia y lograron el 1° puesto para China con 10 medallas de oro, todas ellas logradas por mujeres. Casi sin transición, las sonrisas hacia China, su entrenador y sus nadadoras se convirtieron en una catarata de acusaciones. 

Desde la poderosa Asociación Americana de Técnicos (ASCA), su CEO John Leonard advirtió acerca del nacimiento de otra hidra a la cual sus cruzados debían descabezar de inmediato. La situación se agravó en el Campeonato del Mundo de Roma 1994, cuando China volvió a derrotar a los Estados Unidos con 12 medallas de oro y la exuberante Yinyi Le a la cabeza. Esto hizo cundir la sospecha y también, por qué no, el pánico, ya que ese Mundial era prácticamente la antesala de los Juegos Olímpicos del Centenario programados en 1996 en la ciudad de Atlanta, en los cuales la natación americana esperaba una actuación descollante.

A partir de allí, una enorme cantidad de controles en competencias y entrenamientos se ciñó sobre el equipo chino. Estos controles, sorpresivos muchos de ellos, dieron resultado positivo en un campus de entrenamiento previo a una competencia realizada en Japón, donde se detectaron anabólicos en 7 de las principales nadadoras de China, las que fueron suspendidas.

Entre octubre de 1994 y comienzos de 1996, el equipo femenino de China quedó seriamente reducido por los doping positivos que se dieron casi en cadena. En 1998, en el Mundial de Perth, Australia, se encontraron 13 frascos de somatotrofina en las valijas de una nadadora, y otras 4 dieron positivo durante el torneo. Once técnicos, entre ellos Zhou Ming y 40 nadadores, la mayoría mujeres, fueron suspendidos entre 1994 y 2001, terminando así con esa primavera de la natación china.

La natación de ese país siguió creciendo en juveniles, aunque mantuvo un perfil relativamente bajo en cuanto a resultados en grandes eventos. Hasta los Juegos de Beijing 2008, donde se comenzaron a ver algunos nadadores interesantes, aunque no en la cantidad y calidad de los 90.

Pero en Londres 2012, China resurgió de la mano de Ye Shiwen y Sun Yang, ambos doble campeones olímpicos. Yang se convirtió en el primer nadador chino en hacer récord mundial y ganar una medalla de oro para pasar así a encabezar una nueva generación de deportistas. Su notable técnica parece salida de un estudio individualizado de biomecánica: emplea 28 brazadas por cada pileta, tres menos que el anterior recordman, el australiano Hackett, y tiene una patada de cuatro tiempos muy eficaz, usada como acción compensatoria de su rolido. China así logró el segundo lugar en la natación olímpica, detrás de Estads Unidos, algo impensado cinco años antes.

La ASCA, a través de Leonard, volvió a denunciar a la natación china, “olvidando” informar que algunos de los principales nadadores de ese país, incluyendo a Sun Yang, se preparaban desde hacía dos años en Australia a las órdenes del ex entrenador del fenómeno australiano Grant Hackett. En 2014, Sun Yang fue suspendido tres meses por tomar un estimulante que provenía de un medicamento. En noviembre de 2015, la campeona juvenil de china Quin Wenyi falleció durante un entrenamiento y, en enero de 2016, seis nadadores más dieron positivo.

El 24 de marzo de 2016, el diario The Times expresó en su editorial de la sección Deportes: “Hay temores de que Zhou Ming haya reaparecido en la superficie en algún lugar de China y que esté trabajando en un proyecto similar al de los años 90”. En el mundo se levantaron numerosas voces pidiendo una investigación acerca del polémico entrenador que está suspendido de por vida. Sin embargo, en esta oportunidad, ya no se hablaba de doping estatal, tal como sí se hace con Rusia debido quizás a la buena sintonía comercial de los países occidentales con China y se piensa que son solamente hechos aislados. 

El uso de sustancias prohibidas en el deporte puede ser protegido y/o desarrollado desde el Estado, como en el caso de la ex DDR, y también por lo opuesto, es decir, una ausencia del mismo, para realizar controles o prohibiciones en la venta de fármacos peligrosos, entre ellos, anábolicos a cientos de miles de jóvenes en gimnasios, tal como ocurrió en los Estados Unidos. También se soslaya un dato muy curioso y poco conocido, la actual estrella china de la natación, Sun Yang, se entrenó en los últimos años -precisamente antes de dar positivo- en Australia, con Denis Cotterell, quien alguna vez, a cargo del equipo australiano, también debió salir al cruce de diversas acusaciones.

En julio de 2015, el Daily Telegraph y páginas de internet australianas sostuvieron que Cotterell siguió entrenando al chino Sun aún después de conocerse su suspensión, e involucró a él mismo y a su coentrenador Brian King, quien fue suspendido por tres años, también en denuncias de diversos padres por abusos y maltrato de sus hijos.

Otro dato poco difundido es que en los últimos 8 años han muerto en entrenamiento y/o competencia 12 nadadores o triatletas  pertenecientes a 7 diferentes países,  y solamente se menciona con insistencia en los medios internacionales los casos en China y Rusia.

Mas allá de las especulaciones interesadas de los acérrimos detractores y defensores  del deporte de elite en China, es real que el mismo ha progresado espectacularmente en los últimos 30 años, particularmente luego de las reformas y apertura al mundo de Deng Xiaoping, quien también nadó simbólicamente en el Yangtzé a los casi 80 años y bajo cuyo gobierno se cambió la posición acerca del deporte de alto rendimiento.

Resulta claro que China hoy ya es la segunda potencia mundial y, de buscarlo, será la primera en pocos años. Que la práctica deportiva resulta atractiva para la población, y que es estimulada desde el régimen gobernante. Gran parte de la población infanto-juvenil ha ingresado a programas de deporte social y alto rendimiento. La infraestructura deportiva se multiplicó enormemente aún en las zonas rurales. En las décadas del 80 y 90 se construyeron más de cien piscinas cubiertas en el territorio chino logrando que la natación en la escuela primaria se practique al menos 3 veces por semana. Solamente esto bastaría para explicar su crecimiento en la natación y otras disciplinas.

Finalmente, la traducción del poema “Youyong“, atribuído a Mao, en donde el Gran Timonel expresa su ¿tardía? simpatía por la natación:

Youyong (Nadar)

“Qué importa que el viento sople y las olas se encrespen furiosas

Es mejor que perder inútilmente el tiempo en el patio”.

El poema no me parece ortodoxo en su rima, pero luce contundente como marketing deportivo.