Tema del Mes

NOVIEMBRE 2016

Poptopía en Casa Tomada

25 / 11 / 2016 - Por Fernando García y Pablo Schanton

La CNB (Riobamba 985) fue tomada y transfigurada por artistas. En el ambiente extrañado de ese museo público invadido, el dúo Poptopía creó un soundtrack conceptual y en diferido, que imagina los sonidos de esa casa tomada según las utopías y distopías que la cultura pop se construyó para re-habitar el mundo.

El proyecto

Poptopía, colectivo integrado por Fernando García y Pablo Schanton, diseñó una banda de sonido imaginaria para “Casa Tomada”, un proceso en el que el museo de arte contemporáneo CNB es ocupado e invadido por diversas acciones artísticas. 

Se dice que el soundtrack es “imaginario” en el sentido de que no hay un sistema de amplificación en el edificio que haga sonar la música programada por Poptopía. De esta manera, la intervención debería encuadrarse como una sonorización silenciosa, in absentia

Poptopía fue convocado desde la necesidad de que “Casa Tomada” tuviera una especificidad sonora, más allá de las actividades de carácter experimental que allí han venido sucediendo en los meses previos, aunque esa musicalización fuera solo conceptual. Poptopía decidió entonces desplegar una cartografía de canciones de la era pop (considerando que zonas del folclore, el tango y la música contemporánea pueden ser re-conducidas hacia sus imaginarios) que refiriese al mismo tiempo a diversas pulsiones utópicas verificadas en su historia como a la idea filoanarquista del movimiento okupa o “squat” que reconvirtió zonas urbanas degradadas en polos artísticos insurrectos a las instituciones centrales. 

Así aparecieron en el horizonte de trabajo categorías que enmarcaban estas fantasías utópico/distópicas de la música pop, muchas veces accesorias a las ideas de la contracultura y las subculturas estéticas, y que posibilitaban la confección de listas de canciones (un género hipertrofiado en la recurrente historización del pop) de definición restrictiva. 

Del cancionero pop auscultado por Poptopía surgen diferentes mundos dentro del mundo que nos contiene. Hay un mundo sin dios; un mundo sin propiedad; un mundo sin géneros; un mundo sin fin; un mundo sin amor e, incluso, un mundo sin humanos. Esos conceptos pueden vertebrar ideas que van de la psicodelia al punk y del tecno a la música popular de Brasil y Argentina. Y así como “Casa Tomada” expresa el extrañamiento de una invasión dentro de un espacio institucional, la acción de Poptopía propone una visita diferida a esos mundos que la cultura pop se construyó para re-habitar el mundo.

El contenido de las listas elaboradas para esta acción (con excepciones puntuales) puede escucharse en la plataforma de música online Spotify.

El método

Poptopía se propuso pensar cada lista limitándose a lo que primero se le viniera a la memoria en una hora por vez, sin repetir y sin apelar a los motores de búsqueda de Internet. Consciente de que, terminada cada enumeración, se aparecería otra y asomarían los olvidados. Lo mismo para escribir sobre cada tema: tras enfrentar de nuevo la canción, anotar lo que ella inspire en lo inmediato. Por eso, estas listas responden a ciertos momentos, que tuvieron lugar en distintos días y distintas horas de noviembre de 2016. Estos inventarios podrían continuarse sin límite por el resto de la vida. Y seguro que nunca se parecerían entre sí, aunque traumas, obsesiones y fetiches fijen aquí algunos nombres…

Las listas

(Fernando García)

#UnmundosinDios

1.Religion I y II, Public Image Limited, 1978 

Espejando la liturgia católica, John Lydon (hasta un año atrás el Johnny Rotten de los Sex Pistols) divide “Religion” en un sermón y un salmo. Si hay algo que puede considerarse como “misa punk” es este himno iconoclasta cuya tensión permanente se resuelve en un grito de guerra: “Esto es la religión/hay un mentiroso en el altar”. A diferencia de la tópica velocidad del punk, la música de P.I.L explora la deconstrucción de las estructuras del rock (riff, groove, estribillo) para iluminar un soundscape apocalíptico con destellos de experiencia avant-garde. Como un milenarista desencajado (ya Greil Marcus encontraría en el adventista medieval John de Leyden una posible genealogía), Rotten/Lydon toma por asalto el púlpito para denunciar la doble moral y la decadencia de la institución.

2.My god is the sun, Queens of the Stone Age, 2013 

“Los paganos sin dios siempre bailan en el cielo” se escucha hacia el final de esta dramática pieza de hard rock (categoría que los QOTSA redefinieron mejor que nadie en el mundo after Nirvana) cuyo texto panteísta se hace visible en un video que trae de regreso la línea del cómic underground para ilustrar un escenario urbano distópico. “My god is the sun” fue el adelanto de …Like Clockwork, sexto disco de QOTSA, y es un compendio de violencia y lirismo, clave en el estilo del grupo, asegurado por vibrantes staccatos de guitarra, el groove suelto de Dave Grohl (ex Nirvana) y la voz de Josh Homme que traza la melodía con soltura de sinusoide. La obsesión del heavy metal con la simbología cristiana (de Black Sabbath a Marilyn Manson) aparece aquí abstraída de sus símbolos, reducida al sonido puro. Como cruces de Malevich.

 3.Mediaeval, Peter Hammill, 1978  

Haciéndose cargo de todas las voces y los instrumentos (apenas un murmullo de guitarra eléctrica sintetizada), Peter Hammill (aquí en modo solista de Van der Graaf Generator) recrea un coro litúrgico cuya voz principal hace un repaso crítico de la relación entre la iglesia y la sociedad. Editada en el álbum “The Future now” coincide en el año de lanzamiento con “Religion” conformando un frente apóstata en el rock independiente inglés de fines de los 70. “Mediaeval” parece una crónica del abandono mutuo entre Dios y los hombres y la impostura de la Iglesia para ocupar ese vacío. Una de las líneas más agudas de un Hammill cuyas torsiones vocales inspiraron ciertamente las de Lydon sentencia: “Oh, Dios ha dejado la catedral, un poder diferente ahora tomó control, podemos empaquetarlos en libros de historia pero la Edad Media no se irá y la respuesta a nuestras plegarias es un valium al lado de la cama”.

4.Credulidad, Pescado Rabioso, 1972 

¿Qué es la “credulidad”? El radical Spinetta de Pescado Rabioso apela a una forma en desuso de “creencia” en el mismo álbum en el que declara “No tengo más Dios” (“Cristálida”), como un Nietzsche pos psicodélico. La canción que arranca con el memorable verso “Las uvas viejas de un amor en el placard son esas cosas que te están amortajando” mantiene su impronta acústica y, como en un delta, las estrofas desembocan en esta palabra que refiere a la capacidad de creer. Si bien todo el texto gira en torno a una experiencia amorosa puede pensarse también en el señalamiento de cierta afirmación de lo místico. En el texto del cuadernillo original del álbum “Pescado 2” Spinetta anotaba: “Este tema fue compuesto en el 72’, allí, en Viamonte en una noche de delirio y luz. No sufrió mutación alguna en la composición. Lo grabamos directo y así quedó. Es un tema triste en MI bemol menor, la letra expresa la necesidad de extirpar los lazos con cualquier pasado penumbroso y ver el amor”. 

5.Dear God, XTC, 1986 

Anticipando en una década la fijación beatlesca de Oasis, XTC le escribe una carta a Dios apelando al formato de banda y orquesta tan caro al pop barroco de Left Banke a Tears For Fears (la producción es del renacentista Todd Rungren, además). Los primeros versos son cantados por un chico hasta que la entrada de la batería marca la entrada a la voz de Andy Partridge que va desgranando con amargura su imposiblidad de creer en un dios mientras “la gente muere de hambruna en las calles”. En determinado momento XTC le pregunta a Dios: “¿Hiciste a la humanidad, después de que te hicimos a vos? ¿Y al demonio?” La canción va subiendo en intensidad hasta la descarga final (“Si hay algo en lo que no creo es en vos”). Se agradece el sentido del humor también: “Querido Dios, no estoy pidiendo una reducción en el precio de la cerveza”.

6.Preguntitas sobre Dios, Jorge Cafrune, 1972 

Versión del original de Atahualpa Yupanqui y quizás cumbre del ateísmo en la música popular argentina (el folklore, sobre todo, se caracteriza por el apego a tradiciones y el cristianismo es una). La claridad conceptual de esta zamba es tal que dar vueltas sobre su texto es redundante. Yupanqui canta por el silencio del peón rural y supone que la idea de Dios y toda su construcción ideológica es patrimonio del patrón, equiparando religión a poder de clase. “Que Dios ayuda a los pobres, tal vez sí o tal vez no, pero es seguro que almuerza en la mesa del patrón”, termina cantando Cafrune. La desnudez de la instrumentación, apenas guitarra criolla y voz, hace que las palabras reverberen con mayor profundidad y se claven como astillas en el oído.

7.God, John Lennon/Plastic Ono Band, 1970 

El John Lennon pos Beatles tan característico en este tipo de balada desencadenada al piano reescribe el “Credo” (una oración de la fe de los católicos) cantando acerca de todo en lo que, justamente, no cree. “Dios es un concepto a través del cual medimos nuestro dolor”, arranca la canción para después repetir o parodiar la enumeración del “Credo” con una lista en la que suman desde Buddha y la Biblia a Hitler y Kennedy y también Elvis, Zimmerman (Bob Dylan) y finalmente Los Beatles. Lennon solo cree en sí mismo y en Yoko, su mujer, ahora, 1970, que, como insiste hacia el final, “el sueño se ha terminado”. “God” quizás exprese tanto la rebeldía iconoclasta de Lennon como el fin de su confianza en las experiencias que se habían cristalizado en los 60. Es, también, un anticipo doloroso del individualismo por venir.

 

#Unmundosinfin

1.Endless, nameless, Nirvana, 1991 

Seis minutos y cuarenta y tres segundos de ruido y demencia guíados por el grito ininteligible de Kurt Cobain (¿Pide “silencio” a los gritos?) solo pueden decodificarse en la intención del título: lo que no tiene fin, lo que no puede nombrarse. Toda la performance de Nirvana (pues, sí, es un acto performático) parece una lucha contra las limitaciones de la música pop grabada en cuanto a la construcción del tiempo y la identidad. En el final de un álbum consagratorio como fue “Nevermind”, el trío se propone romper lazos con todo lo que nos era familiar al oído. Una zapada informalista y abstracta que rompe las categorías de principio y fin y que también saca a Nirvana del límite del pop y el punk (su fin) para situarlos como una posibilidad nueva para la música concreta.  

2.Europe endless, Kraftwerk, 1977 

Cuando todavía Alemania estaba dividida por el muro de Berlín y Europa era acaso dos continentes en uno, Kraftwerk profetizaba en su romanticismo tecno una Europa sin fin. Su línea de Schengen era menos política que estética (o subordinaba la decisión política a una estética que iluminaba la zona común) y aventuraba un destino común de “elegancia y decadencia” para esa Europa sin fin. La música emula el desplazamiento automático de una cinta de aeropuerto sobre la que se van imprimiendo con voz monocorde esas tipologías que definen lo europeo: “Vida real y vistas de postal/parques, hoteles y palacios/paseos y avenidas”. Con una Unión Europea en crisis de representatividad, el himno neutro e inexpresivo de Kraftwerk vuelve a cobrar sentido. 

3.Goin' home, Rolling Stones, 1966 

En determinado momento de los 60 los singles dieron lugar al álbum como recipiente y duración de la música grabada. Aún así, los Rolling Stones intentaron desafiar en el estudio el límite de tres minutos promedio que se le podía dedicar a una canción pop. Echando mano a las raíces del blues de Chicago en el que se habían formado construyeron esta pieza que simula no acabar nunca (es metáfora sexual también, tratándose de ellos) y que por momentos, como si se tratara de esas pesadillas tecno de la serie Black Mirror, parece incrustada desde siempre en el hipotálamo del que escucha. “Goin’ home” es la anomalía del álbum “Aftermath” llegando a los once minutos y trece segundos, la mitad de los cuales se consumen en la larga sucesión de jadeos y medias frases con las que Mick Jagger pareciera haberse quedado a vivir en el estudio para nunca “volver a casa”.

4.Interstellar overdrive, Pink Floyd, 1967 

Traducida en la edición argentina como “Calvario Interestelar”, esta especie de zapada muy informada por las experiencias de la música concreta y el consumo de lsd, pone a Pink Floyd en la línea de fuego de la música pop como desafío a los límites sensoriales de la cultura. En pleno auge de las experiencias espaciales, comandados por el psicótico Syd Barrett, aquellos Floyd del underground londinense (no pensemos en nada parecido al The Wall de Roger Waters) se proponían también la conquista del espacio (mental). Es una música que comparte imaginario con la ciencia ficción y sienta las bases del futuro rock progresivo, aunque aquí en un estado de libertad creativa casi absoluta. Un riff marca el comienzo y fin de la zapada (también aquí hay rasgos performáticos) y en el medio todo es exploración extrañada de los instrumentos característicos del rock.

5.Organ/ASLSP, John Cage, s/f  

No hay soporte material o virtual para escuchar esta pieza de John Cage (ASLSP por “as slow as posible”, tan lento cono fuera posible) diseñada para durar 639 años lo que supone el desafío más grande en la historia de la composición a la duración, al tiempo medido en música. La pieza se interpreta en un órgano especialmente construído para la iglesia de San Burchardi en Halsbertadt, Alemania. Empezó a tocarse en 2001 y se cree que debería finalizar en 2640. Sus cambios de sonido están fijados en un calendario y atraen público a la pequeña parroquia. El próximo está indicado para el 5 de setiembre de 2020. 

6.Space is the place, Sun Ra, 1974  

Sun Ra ha sido una de las criaturas más extravagantes en el ambiente del jazz lo que lo pone casi en el lugar de una estrella pop fuera de sistema. Su imaginario está situado más allá del planeta tierra confiando su música a las fuerzas intergalácticas y antiguas deidades egipcias. En esa puesta en escena no solo desafía los limites del jazz y la música popular sino que a través de su concepto ha intentado trascender las audiencias de la tierra como lo demuestra en composiciones como “Space is the place”. Pionero del uso de instrumentos electrónicos en su ensamble de hard bop, la música de Sun Ra debe ser pensada como una sonda enviada a los confines del universo.  

7.Master of the universe, Hawkwind, 1971 

La psicodelia dio lugar a un subgénero que hizo de los intereses en común con la ciencia ficción su piedra angular: el space rock. Difícilmente pueda separarse esa definición del nombre de Hawkwind, una de las leyendas más excéntricas y duraderas del underground londinense. Encontrando una zona común entre la experimentación con las drogas alucinógenas y las fantasías espaciales, este grupo con atisbos de comuna anarquista producía este sonido singular e irrepetible. La música de unos Hell Angels insurrectos a lo largo de la gran Vía Láctea en perpetua recorrida. Base y cadencia de heavy metal temprano con intromisiones de la electrónica (los sintetizadores y osciladores utilizados como ruido) y el free jazz. 

 

#Unmundosinhumanos

1.Future Legend, David Bowie, 1974 

Como apertura del orwelliano álbum Diamond Dogs, un Bowie distorsionado describe el paisaje pos apocalíptico de una Manhattan que ha pasado a llamarse “Hunger City”. Se trata de una pieza vocal de poco más de un minuto que funciona como posible prólogo al resto del álbum, una colección de rock distópico e iridiscente. Sobre la base de un standard de Richard Rodgers (“bewitched, bothered and bewildered”) el texto describe “moscas del tamaño de ratas” y “ratas del tamaño de gatos”. La sombra de William Burroughs puede percibirse en las pandillas de humanoides “moviéndose como una jauría de perros”. No hay lugar, según este Bowie glam de mitad de los 70, para el hombre, tal cual lo conocimos, en la leyenda del futuro. (ver también “Pantalla del mundo nuevo”, Riff) 

2.I Robot, The Alan Parsons Project, 1977 

A partir del suceso de Tubular Bells (Mike Oldfield), el rock progresivo inglés desarrolló este modelo de música instrumental de intención futurista (Jean Michel Jarré, Vangelis) basado en el protagonismo absoluto de los sintetizadores de última generación. Una vez más, la ciencia ficción funcionó como brazo narrativo para este tecno sobreexplotado en cortinas de televisión para connotar modernidad y telecomunicaciones. Alan Parsons, un ingeniero de sonido devenido compositor, recurrió al “Yo Robot” de Isaac Asimov para estirar la vida del álbum conceptual ya en el advenimiento del punk y la new wave.

3.Me! I disconnect from you, Gary Numan & Tubeway Army, 1979 

Sucedáneo de Bowie (siguiendo el patrón alienígena y andrógino) en la Londres punk de los últimos 70, Gary Numan se proponía establecer un costumbrismo para cyborgs. La frase “Yo me desconecto de vos” que da título a esta canción que anticipa el género industrial de los 80 es pura cotidianeidad de humanoides que viven colgados de la red eléctrica. Sintetizadores que espejan sirenas de la policía en una urbe caótica y mutante reemplazan el lugar de las guitarras del punk para eliminar el gesto expresionista y reemplazarlo por un sentimiento frío y distanciado que la voz robótica de Numan hace explícito. Aquí el modelo conceptual es Philip K. Dick. 

4.Jocko Homo, Devo, 1978  

“No somos hombres?”, se pregunta la voz líder y el coro responde “Somos DEVO”. Todo en un clima de ritmos entrecortados producto del estilo maquinal con el que DEVO reescribió las reglas del trío guitarra-bajo-batería para interpretar su partitura futurista. En DEVO se verifica esa pulsión del pop por trascender el género humano (pensemos en Michael Jackson) a partir de una idea estética. El “Jocko Homo” es una (d)evolución del Homo Sapiens y uno de los primeros intentos por poner en el centro del sistema pop al nerd, algo que se volvería mucho más común desde la segunda mitad de los 90 con la consagración del DJ. Exasperante, la música de “Jocko Homo” expresa parodia y objeto parodiado sin que se pueda verificar nunca la costura, el límite. 

5.Planet Claire, B-52's, 1979 

Explotando estéticas olvidadas como el cine clase B y la moda a gogó, los B-52’s recrean en tres minutos de alta intensidad el anhelo de contacto extraterrestre que atraviesa la cultura moderna y contemporánea de “La Guerra de los mundos” a “E.T”. La visita de una ¿mujer? del inexistente planeta Claire sirve para que el grupo cante sobre un paisaje extraño más allá de lo humano: “En el Planeta Claire el aire es rosa/todos los árboles son rojos, nadie muere allí y nadie tiene cabeza”. Para connotar este más allá de lo humano, los B 52’s trabajan sobre todo aquello que, por fuera de la contracultura, fue afectado por la psicodelia en la segunda mitad de los 60. Desde la música incidental de las series de espías a los catálogos de moda y el easy listening de la era espacial.   

6.Human after all, Daft Punk, 2005 

Después de Kratfwerk y DEVO, le tocó a este dúo francés actualizar al humanoide como estrella pop. A esta genealogía del tecno alemán y el punk estadounidense le agregaron el misterio de la máscara vía Kiss. Sin fotos, la única imagen que conocemos de los Daft Punk son esos cascos donde el cerebro humano parece haber sido reemplazado por un pequeño laboratorio digital. La cuestión post humana es recurrente en la lírica breve, como de señaléctica, que los franceses utilizan casi como neones para iluminar su actualización de la música disco y el house. Humanos a pesar de todo: la música que en vivo carece de ejecución, la ausencia de rostro, las voces procesadas, los cascos inteligentes. 

7.Alien Days, MGMT, 2013 

En “Alien Days”, los MGMT trabajan la cuestión alienígena, una obsesión cultural, como si se tratara de un music hall para una Broadway alternativa. A la música manierista (casi rococó en términos audiovisuales) le corresponde un desopilante video donde se mezclan escenas extrañadas del paisaje rural americano del siglo XIX con una pareja de ballet extraterrestre. En la puesta al día del contacto del tercer tipo, el pop imagina que la tan temida (¿deseada?) invasión puede provocar acaso el regreso en clave Roswell de Ginger Rogers y Fred Astaire. 

 

(Pablo Schanton)

#Unmundosinpropiedad

 1.Ain't Got No, I Got Life, Nina Simone, 1968

Si hay dos granos de voz femenina que me afectan especialmente son el de Maria Bethania y el de Nina Simone. Cuando vivíamos en Viamonte y Azcuénaga, con Susana usábamos un CD de la Simone como despertador. Salíamos del sueño martillados por el piano, humeados por esa entonación y ese timbre. Una mañana de invierno, cuando volaron la AMIA, salimos al balconcito sin saber qué había pasado. ¿Qué había sido semejante ruido? De eso, de todo eso, vuelve siempre la misma imagen. Una señora desnuda parada en la ochava, un poco ensangrentada, tapándose el pecho con las manos. Estática, como extática. Además de los gritos, el caos coreográfico de las corridas, las sirenas: una mujer desnuda en una esquina tapándose los pechos, tocándose los codos. ¿La sorprendió la explosión mientras se bañaba? Está claro que tanto en las guerras como en los actos terroristas, abundan los ejemplo más flagrantes de la entrada “Zoe” que podrían ofrecer los Diccionarios de Biopolítica. Una mujer desnuda cubiéndose los pechos: la Eva de Masaccio, la expulsada del Paraíso, pero trasladada al barrio de Once a principios de los ’90. Por qué track del CD iba Nina mientras tanto, no sé. Correspondería que fuese Ain't Got No, I Got Life.

2.Tengo, Sandro, 1968

 “¿Cómo una canción cuyas estrofas están recicladas de otra canción del año anterior, cuyo riff es una copia de un tema que el compositor solía interpretar, y que suena como si hubiese sido arreglada y grabada de manera expeditiva funcionó y funciona tan bien? Porque se nota que toda la energía del cantante, el arreglador y algunos músicos claves está puesta en hacer que la canción explote, conscientes de su gancho”. (Pablo S. Alonso, La música de Sandro. Cómo se hicieron sus canciones, 2016)

“Sandro me parece lamentable. Es increíble que cuando fuera chico, me gustaran temas como Dulce, que él cantaba. Si algo tuviera que rescatar de Sandro sería su voluptuosidad en escena”. (L. A. Spinetta, revista GENTE, 28/10/76)

3.A desalambrar, Víctor Jara, 1969

 “Pete Seeger and I are nothing compared to this. I mean here’ s a man who really is what he’ s saying”. (Phil Ochs, citado por Dorian Lynskey en 33 Revolutions Per Minute, 2011)

Hace unos meses, di con la colección completa de la revista El Descamisado mientras desguazaba la casa de mi papá. Hasta que asomó la primera tapa de un verde barrilete, tuve que desatar un paquete de diarios La Razón, todos amarillos y arrugados, donde se anunciaba el fin de la guerra de Vietnam. El empaquetado revelaba paranoia: a ver si revisando la casa, encontraban esas revistas prohibidas. Recuerdo el olor de la revista montonera, siempre escondida adentro de una GENTE, que entraba a casa con mi papá. Olor a tinta picante, urticante. ¿Tinta o brea? Hedor que urgía, como algunos de esos títulos que entreveía, como el chorreado estilo grafiti del nombre en la tapa. Urgía como la pincelada del que escribe contra la pared de noche, rápido, que nos agarra la cana.

En las discusiones que se producían en casa, al momento del café, en almuerzos y cenas, él siempre insistía en que no habría revolución hasta que no se expropiaran las tierras. Que todo cambio real empezaba ahí, en el desalambrado, para continuar con la repartición equitativa de terrenos. Imaginaba esa tabula rasa. Me hacía visualizar extensiones y extensiones soviéticas liberadas de sus dueños. Saharas de trigal.

Ahora pienso en el momento en que tuvo que armar ese paquete. El tempo del bricollage. Apilar las revistas, armar un cubo de papeles, envolverlo en diarios, pasarle el piolín, atar. Un paquete. Menos: un cubo amarillo. Geometría inofensiva. Ahora sí, listo para que cure el olvido. ¿No hubiera sido más eficaz quemar todo?

4.Your Property, Swans, 1984

Podría haber elegido el I Wanna Be Your Dog (69) de los Stooges, el clásico de los clásicos del masoquismo rockero. El monólogo del esclavo del amor. Pero quería que fuera ésta la terminal para el crescendo de la “despropiación” por el que vamos. A saber: el despojo biopolítico de Nina, el potlatch seductor de Sandro, la expropiación del poderoso en Jara, el poder de darse “por entero” (des-sujetarse, soltarse al vacío por amor al otro). “Yo no existo// Vos sos mi dueño”, gruñe Michael Gira sobre un machaque que es ADN del rock (golpe, golpe, golpe y ruido, ruido, ruido). Cuando cantamos “I worship your authority” a coro con Gira, ¿acaso no traducimos la dialéctica del amo y el esclavo a nuestra relación Ídolo/Fan?

5.Mother, 5CM, 1990

 “La apropiación es en efecto el primer estadio de la postproducción; ya no se trata de fabricar un objeto, sino de seleccionar uno entre los que existen y utilizarlo o modificarlo de acuerdo con una intención específica.” (John Oswald, Plunderphonics, or Audio Piracy as a Compositional Prerogative, 1985)

A comienzos de 1969, Lester Bangs escribió su crítica del LP Kick Out the Jams de MC5 para Rolling Stone. Frases suyas, tipo “Kick Out the Jams suena como Money de Barret Strong, de haber sido grabada por los Kingsmen”, han sido calcadas por todos los que tuvimos que escribir reseñas de discos después.

6.What More Can I Say?, Dangermouse, 2004

 “No tardé en darme cuenta del peligro que podía haber en usar sin discriminación esta forma de expresión y decidí limitar la producción de los ready-mades a una pequeña cantidad cada año. Comprendí por esa época que, para el espectador más aún que para el artista, el arte es una droga de hábito y quise proteger mis ready-mades contra una contaminación de tal género.” (Marcel Duchamp, A propósito de los ready-mades, 1961)

En la entrada de Wikipedia en español destinada al llamado “Bastard Pop” o “Mash Up”, no sólo se cita como ejemplo ineludible el disco The Grey Album (04) donde el DJ Dangermouse mezcla bases del álbum blanco beatle con raps del álbum negro de Jay Z. También figura un argentino, un tal Alejandro Arias Segarra (nombre artístico Curlie Howard), quien por abusar de la fórmula mash up –superponer el tema A al tema B, especialmente si ambos son de géneros diversos- no ha hecho más que contribuir a la consagración del citado Grey Album, obra maestra de un género que no va mucho más allá de la aplicación de programas hoy al alcance de todos.

7.Nobody Here, Sunsetcorp, 2010

Cuando hace seis años, Daniel Lopatin –bajo los heterónimos Sunsetcorp o Chuck Person- subió Nobody Here a Youtube, ni se le pasó por al cabeza que estaba fundando un nuevo género musical de la era post-Internet. La pieza es simple: consiste en la repetición ralentizada, y con agregado de reverb, de un segmento extraído del hit Lady in Red, grabado en 1986 por el argentino Chris De Burgh. Pese a que Lopatin bautizó “Ecco Jams” a este tipo de composiciones, aquí se gestó la fórmula del Vaporwave. Es decir, se trata de poner en loop un fragmento de algún éxito de los ’80, pasarlo por FX y ya. Loop/ zoom: loopa que aumenta la sección hasta habilitar el soundscape de un inconsciente auditivo. Lopatin devela y desvela (hay ambiente de insomnio ahí) la soledad escondida en esa canción acerca de una pareja que baila. Al contrario de lo que John Oswald buscaba con sus “plunderphonics” (Cfr. Mother (90) 5CM) desde mediados de los ’80, el hecho de que la fuente sampleada fuera reconocida aun en su más mínima expresión, el Vaporwave prefiere sublimar el origen hasta la abstracción.

Ahora bien, ¿por qué no pensar que en la voz que repite “Nadie aquí, nadie aquí, nadie aquí” resuena un eco de la de Alvin Lucier en I Am Sitting in a Room (69)?

 

#Unmundosinamor

 1.Zamba para olvidar, Daniel Toro, 1971

 “Como sucede en un capítulo de la serie televisiva Black Mirror (…) que nos ubica en un futuro donde todos poseen un implante que permite almacenar y proyectar la memoria en una pantalla o en la superficie de las retinas: la supresión del olvido trae consecuencias nefastas para la vida de pareja”. (Andrés Gallina y Matías Moscardi, Diccionario de separación, 2016)

2.O que tinha de ser, Maria Bethania, Vinicius y Toquinho, 1971

Entiendo mal algunas cosas de esta canción. Será porque la conozco de hace mucho tiempo, y los errores de audición de la primera vez se me fijaron. La forma de cortar y contar la palabra “Amanhecer” de la que abusa Bethania creó para mí un fantasma, la frase “magma de acero”. Entonces oía (no dejo de oír aún) esta metáfora: “Porque fuiste en mi alma/ como un magma de acero.” La gravidez de la imagen es adecuada, ya que en la canción todo pesa, y cómo, pasa como pasa una fatalidad de bossa, pero menos calma. Como un pasado que quedó reducido a la cicatriz de un término solo, al fin: “Fuiste”. Tampoco debo tener razón ahora, cuando pienso que la hermana de Caetano deja caer las dos últimas palabras -“de… ser”- porque ese hombre que no está, que llegó y fue suyo sin que ella lo supiera, personificó mucho más que el amor, muchísimo más: el ser. Al decir de Ingeborg Bachmann, “No es a vos lo que he perdido/ sino al mundo”. Eso expresa Bethania con su interpretación. O, por lo pronto, es algo así lo que escucho.

3.Love Hurts, Nazareth, 1975

Más allá de ofrecer el horno a fuego lento donde se cocinarían las Power Ballads una década después, el primer hit/ hito que le debemos a Nazareth fue darle relieve al nihilismo que los Everly Brothers habían neutralizado diez años antes (una versión demasiado balsámica para semejante moraleja). Acá el amor que duele. Las posteriores sombras platónicas de la Idea –cosas como Crazy o November Rain- resultan cínicas fórmulas para seducir a la clienta radial. 

Love Hurts sobrevive como una advertencia que el disco del Voyager debería haber portado para bien de los extraterrestres. Esta canción no puede disimular tanto escepticismo, tanto que aún nos desespera oír al pobre Dan McCafferty, alguien que tomó la decisión de no volver a amar.

4.Ever Fallen in Love With Someone (You Shouldn´t Fallen In Love With), Buzzcocks, 1978

Con The Smiths, Morrissey inventó una soltería defensiva para protegerse de todo lo que su precursor y coterráneo, Pete Shelley (líder de Buzzcocks), había padecido años antes. A los errores de puntería tan propios de Cupido como los blancos alcanzados, hay que sumarle, en casos de homosexualidad furtiva, la falsa habilitación de los héteros. Así es como siempre se puede uno enamorar (“caer enamorado” se dice mejor en inglés) de alguien (de quien no se debería), porque a la hora de gustar cualquier hombre parece disponible, ¿no, Pete? Mientras duró el ataque 77, aunque Shelley le dio la espalda al explícito y ofensivo Tom Robinson, terminó convirtiéndose en el verdadero ícono gay del movimiento. Simplemente, gracias.

5.Close Watch, John Cale, 1982

Cuando Charly acuñó la definición “La paranoia es nuestro peor enemigo”, ¿desconocía que tres años antes John Cale había invertido el refranero progre cantando “El miedo es el mejor amigo de un hombre”? (En este caso, habría que agregar: un hombre enamorado).

6.Caught Out There, Kelis, 1999 

Pensé que Kelis iba a ser Erykah Badu, pero me equivoqué. Igual que Lauryn Hill, aquélla se ha desdibujado notablemente en el mapa Neo Soul de estos últimos años. Los Neptunes (Pharrell Williams + Chad Hugo) moldearon para Caught Out There una base no muy distinta de la que le cederían luego a Britney a la altura de I’m a Slave 4U. Pero vaya si hay contraste entre sendas moralejas. Si no fuera por los gritos y la lírica, no distinguiríamos demasiado entre la promesa soft sadomaso de una, y el remedio que propone la otra para una eficaz venganza por infidelidad. All you need is hate.

7.Seigfried, Frank Ocean, 2016

Y no, no podría escribir algo corto sobre un disco que admiro tanto. Blonde es una obra que hace meses escucho diariamente. En estos casos, resuelvo la reseña deteniéndome en algún detalle que pueda funcionar como sinécdoque. Digamos, el falsete ahogado donde asoma cada “anything” en la tercera parte de esta rapsodia, quintaesencia de la “sensiblidad queer” de Ocean. Podría referirme a su lectura del “indie de guitarras intimistas”, propio de hypsters blancos (Seigfried bien podría ser un outtake del North Marine Drive que grabó Ben Watt en 1983, sin contar la cita a Elliott Smith o la referencia a Cobain, etc.). Prefiero quedarme en un verso que me pega: “Two kids in a swimming pool”. Luego de elogiar la natación solitaria como ejercicio para borrarse la sensación de haber sido abandonado (Swim Good, 2011), expone esta situación de un homoerotismo meditacional, el que se produce cuando dos chicos nadan juntos, un cuerpo paralelo al otro, el sol en los ojos, a ritmo de respiración y brazada (con José, en la pileta de su casa; con Guillermo, en el río Uruguay). En 2001, el irlandés Jamie O’Neill publicó casi 800 páginas que giran alrededor de esa situación, que también remite a un Pavese. La novela se llama At Swim, Two Boys. Acá pasa lo mismo: qué citar de ese ladrillo que aprieta cientos de páginas. Opto por el momento en que uno de los chicos aprende a nadar. El que le enseña le indica al novato, cuyo cuerpo horizontal semisumergido él sostiene en línea de flotación,“Arqueá el cuello de nuevo. La cara en el agua. No te pongas tenso, yo te tengo”. Dejo ahí, en el “Yo te tengo”. Esa bondad como de padre, que funciona necesariamente hasta en el pacto bondage, habilita la relación sexual entre dos hombres: “Yo te tengo”. Toda liberación sensual de los cuerpos depende de esa confianza primera. “Yo te tengo”…

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#Unmundosingeneros

 1.Whole Lotta Love, Led Zeppelin, 1969 

En el interludio donde la canción se desteje, Plant cumple su Devenir Janis. La onomatopeya orgásmica -el cacareo que se transcribiría como un Huá huá huá huá en crescendo- fue sampleada analógicamente por Page, con el fin de repetirla más de una vez,  cerrada la laguna por asomo del riff, que empuja a puro ritmo de pene-tracción. Por lo menos, lo que dice su voz es que acabó siendo como una Joplin. La letra pide otra cosa, es cierto, que la cosa se deje penetrar, así de abajo está listo el instinto más macho (“Every inch of my love” entona, si será atrevido, como si no bastara enfocar una de las entrepiernas más traslúcidas de la Historia).

2.Entra, María Rosa Yorio, 1980

Para archivar con Antes de gira (76), he aquí otra de esas canciones en que el Charly de los ’70 cambia el 2X3 por el 2X2, esto es, por una situación de pareja en un dos ambientes porteño (la escenografía da departamento de acá, no podría especificar el porqué). A puerta/ piano/ cama/ puerta de nuevo parece reducirse el encuentro, lo que se llama “pasar una noche juntos en casa” (bueno, Canción para mi muerte y Nena también van del living a la cama, y mejor ni hablar del Blues del levante). En 1974, Entra fue a parar a un lado B de Sui Generis (en el A del simple venía la igual de sobrecocinada Alto en la Torre; atravesamos plena etapa “Sui Genesis”). Cuatro años después, Nito Mestre y los Desconocidos de Siempre por lo menos destina la canción a lado A de single, acentuando con torpeza el lado rock de su folk-rock (lo mejor de esta banda tiene lugar cuando sucede lo opuesto, es más, cuando suenan bien FM). Así y todo, se alejaron de los barroquismos tardíos que poseían a Charly, y dejaron atrás una armónica que arruinaba todo. Lo notable es cómo María Rosa Yorio se apodera de la canción, que implica además un punto de vista. En la etiqueta del vinilo Microfón se lee “Entra (seas bienvenida a casa)”, pese a que esta chica lo canta como mujer a un hombre. A su voz le calza tan bien la invitación desde el umbral de la sorpresa… Una situación retro, claro, que corresponde a los tiempos en que no había que bajar a abrir, y ni siquiera existía el celu para documentar la llegada. Sin embargo, al cambiar de género, todas las referencias terminan neutralizando el verosímil biográfico (vamos, el que toca el piano y compone canciones es Charly, no ella) y convierten en unisex automáticamente a un “tapado”. En la versión de su primer disco solista, la Yorio consigue ser acompañada por el piano y una traversa, un arreglo de cámara adecuado, tono beige, que la legitima como verdadera dueña de casa. Siempre me impresionó cómo las intérpretes de tango se posesionan con un catálogo sentimental que codificaron los hombres. Pienso en la versión de Mercedes Sosa de Los Mareados, donde una mujer beoda le canta a otra: podría figurar segunda en la una lista que arranca en El 45 de la Walsh… Al contrario, esta apropiación de María Rosa demuestra que Entra fue escrita a la espera de la Circe que le dé sentido.

3.Smells Like Teen Spirit, Tori Amos, 1992

Inversión del caso Joplin/Plant: justamente, esta colorada (carmín, para ser precisos) canadiense se mandó un cover de Whole Lotta Love en vivo, allá por el ‘92, durante un concierto de Montreux, el mismo donde se le escucha la mejor versión del máximo hit que Nirvana legó. Cuando aquí escuchábamos contemporáneamente su ep Crucify, del ’92, la falta de YouTube nos hizo perder lo más importante: su performance. Por más que de ahí disfrutáramos Thank You (Zeppelin), o Angie (lo más aristógato de Jagger, el piropo más maricón que dejó trascender), en la voz de esta mujer que inauguraba la década tan prima de Joni Mitchell como de Kate Bush, sospechábamos apenas, por lectura de reviews, cómo ella se ponía en escena ante su piano. El modo en que apoyaba lateralmente sus caderas en el taburete, el roce de las piernas al borde, la lengua demorada en una comisura tras alguna cadencia, la cabeza alta, la mirada frontal… Toda ella encarnaba un desafío feminista y sexy a la historia del rock. Una mujer al piano que se sale de la vaina por responderles a todos los hombres del rock con otra moneda, pero dándose a entender, y, sobre todo, sin toda la parnafernalia explícita de una trans deconstructivista al estilo Terre Thaemlitz interpretando a Kraftwerk o a Gary Numan. Su descubrimiento de que detrás del Hype Cobain se abrigaba una gran canción fue precoz, demasiado.

4.Gasolina, Daddy Yankee, 2004

Algunas veces, la subversión del pop que no pretende subvertir nada consiste en desactivar la corrección política. Sabemos lo que grita el señor mientras mira el partido, lo que sale de bien adentro en cada insulto, lo que se tipea en los comments cuando resguarda el anonimato, lo que alguien podría rogar que le hagan en el momento más hot del encuentro de los cuerpos. Pero no nos referimos a ese momento en que se rompe el dique de la tolerancia sin más. El pop elabora lo suficiente la estrategia para tornarse incorrecto, como lo demostró Freud al analizar nuestros chistes de cada día. Sin ir más lejos, en el reggaetón es costumbre hacerle decir, hacerle desear, hacerle decir que desea, a una mujer, lo que el hombre desea hacerle. Por eso el coro femenino que repite “Papi, dame más gasolina” no es para nada inocente por más naturalizado que esté.

5.Jueves (Marcelo Fabián remix), Aldo Benítez, 2009

(Extraído de Proyecto Anticrítica, cuyo objetivo consiste en escribir sobre músicas compuestas/interpretadas por familiares, amigos o incluso uno mismo. El reto es exigirse una distancia que parece imposible desde el vamos).

Jueves

Mi marido compuso

Esta canción mientras

Estaba en pareja

Con otro, así que

Creo que la situación

De los tirados

O tiradas corresponde

A un día (un Jueves)

En esa vida

En común que poco conocí

Conste que no me refiero

A la intimidad

Que prefiero

Ignorar por completo pero

Hablamos mucho de la adjetivación

De que la alegría fuera

“Amarronada” aunque

El asunto no radica

En ese detalle ni mucho menos

Ni haría una objeción fatal

Que se espera de mí

(Poco considero

una desafinación tan dedeñosa)

Ahora bien

A lo que voy

Es que cante

“Nosotras dos”

Eso me mata

Eso me mató

Eso de que sea

Todo sentido en femenino

Lo cual

Es un hito como es un hito

Fundar la Cumbia Ambient

Con lo que podría haber sido

Para ir de Almendra

Pero Ya ida

Y vuelta

Y con la ropa hecha

Un bollo en el piso

Todo visto desde ahí

Todo igual

Al mismo nivel

6.Bailemos de nuevo, Varias Artistas, 2015

Por supuesto que Lucas Martí es mucho más que el Ale Sergi del indie, con todo lo bueno y lo malo que eso implica, todo lo que corresponde al orden de la “distinción”, claro, ese blablablá del “pop inteligente” (o peor: elegante), porque por empezar acá hay un riff de guitarra que no cualquiera, y por más que el punteo se enhebre en cumbia o en bachata, pensaría en Virus o en Scritti Politti, algo más tilingo pero que fluye siempre y va para adelante. No sé adónde quiere ir la dramaturgia de la letra, el juego de roles se entiende menos, por eso no cazo quién es quién, quién es quién o qué quiere cada uno o una, esos dos (¿o son tres?), lo cual vuelve al mix de voces queer de una, arrobado del todo, robo de identidad, voz que habla con la misma soltura de la guitarra. Este es el segundo disco de Martí compuesto para cantantes mujeres (las “Varias Artistas” del caso) con sentimiento de mujer, aunque no sepamos nunca cómo se hace para ponerse en el lugar de una “ella”, pero si es una chica la que lo interprete será que le llegó, que empatizó con letra y música, así que él lo hizo, lo logró. Todo con el agravante de que Dani Umpi se suma al vocerío y la cosa se complica más todavía, pero de todos modos, poco importa porque acá lo que cuenta es la verborragia, que siempre quede algo más para decir, si no, fíjense en esa guitarra cómo le escapa a la categoría “Laconismo”, contagiando a los cantantes su facundia.

7. Petrichrist, Elysia Crampton, 2015

Olor a lluvia sobre tierra seca. A esa definición responde la palabra “Petrichor”, que crearon dos científicos australianos en la década del ’60, echando mano de la etimología griega que une los conceptos “piedra” y “sangre de los dioses”. Existen varias razones por las cuales ese aroma nos resulta atractivo. Una de ellas es naturalmente objetiva (las plantas exudan un aceite perfumado durante la sequía, el cual es percibido al definirse la tormenta). Otra, humana, demasiado humana: nos sentimos atávicamente atraídos debido a que el olfato guarda el meme antropológico de la promesa de buena cosecha, que recordamos inconscientemente de nuestros ancestros rurales. He aquí la palabra clave: ancestros. En Instagram, la boliviana Elysia Crampton suele jugar con un neologismo que podría definir su música: “transcestral”. Para ella, en la era post-Internet deberían retomarse los proyectos musicales de raíz, no sólo los pre-coloniales, sino también los pre-humanos: aprender de las piedras a ser un mar lento, lentísimo (como recuerda el geólogo Jeffrey J. Cohen, fan de Crampton). Por su parte, el lado “trans” corresponde a un ideal post-humano, utopía donde no existan ni los géneros sexuales ni los musicales. ¿De qué hablamos cuando hablamos de #poptopía, si no?

 

* Casa tomada y Poptopía pueden visitarse en Riobamba 985 todos los días hasta el 30 de noviembre, de 15 a 21 hs. Poptopía puede escucharse en Spotify.