Tema del Mes

ENERO 2017

El Mundial, un plan chino

01 / 01 / 2017 - Por Nicolás Zuberman

Estrellas en su Superliga, argentinos que ofrecen su experiencia y la obligatoriedad en las escuelas son algunas de los ingredientes para develar un secreto: cómo se juega bien al fútbol.

“¿Cuál es la fórmula para jugar bien al fútbol?”. Durante dos meses esa fue la pregunta que más tuvo que traducir Sofía, la intérprete que contrató el Ministerio de Educación de Beijing para acompañar a Flavio Roca, subcoordinador de juveniles de San Lorenzo de Almagro, en su aventura por China. Roca viajó en el marco de un convenio entre los Ministerios de Educación de Beijing y la Ciudad de Buenos Aires, el cual apunta a transformar al fútbol en una asignatura obligatoria para las escuelas primarias chinas con el fin de popularizar el deporte en ese país.

Carlos Ragazzoni, actual titular del PAMI, con pasado en la cartera de educación porteña, fue quien recibió en Argentina durante abril de 2015 a Xian Lanping, el ministro chino. Por los vínculos aceitados que tienen con el gobierno de la Ciudad, San Lorenzo y Boca fueron los clubes elegidos para mostrar la pasión futbolera que se vive en la Argentina. Así fue como una mañana de otoño, en el Bajo Flores, durante la visita de Lanping a la Ciudad Deportiva de San Lorenzo, Roca vio lo que hasta ese momento, con casi toda una vida dedicada a la pelota, describía como la imagen más rara que le dejaba el fútbol: un ministro chino subido a un paravalancha en una tribuna del Nuevo Gasómetro. 

No imaginaba que era el comienzo de una película que terminaría con él en Beijing, desfilando por oficinas de secretarios, ministros y dirigentes, tratando de contestar esa pregunta sin respuesta. “Nosotros le explicamos que esto no es fórmula, sino un proceso -cuenta el subcoordinador de juveniles de San Lorenzo-. La iniciativa es buena, y que nos lleven a nosotros, con toda la experiencia que tenemos, es un paso adelante. Si llegan a hacer las cosas bien, potencia van a ser. Imaginate: sólo en Beijing son 24 millones. Ellos piensan a largo plazo, de acá a 15 años. Lo que se les ocurrió, para volver masivo el deporte, es hacer obligatoria la materia en las escuelas”.

El programa para introducir al fútbol como una materia más de las primarias es una de las tantas aristas que encontró el gobierno chino para que el deporte más masivo del planeta se vuelva popular en el país más habitado del mundo. Xi Jinping, presidente de China desde 2013, es un futbolero crónico. De los cuatro días que pasó de visita en Inglaterra, en octubre de 2015, una mañana entera la destinó a pasear junto a David Cameron, el primer ministro británico, por las instalaciones del Manchester City, donde observó con interés los ejercicios de las inferiores del equipo y la práctica que dirigió el chileno Manuel Pellegrini. La coronación fue la selfie que se sacó Sergio Agüero con los dos mandatarios y que repercutió por todo el mundo. 

La ambición de Xi Jinping -y de toda China- es el Mundial. Con tres etapas concretas: primero clasificarse a uno, luego organizarlo y, finalmente, ganarlo. Hasta ahora, una sola vez disputó un Mundial. Fue en 2002, en las vecinas Corea y Japón, con la ventaja de que esos dos países no disputaron la clasificación asiática. China se midió con Costa Rica, Brasil y Turquía: no pudo marcar ni un gol y, en cambio, terminó con nueve en contra.

Si Jaime Ross hubiera nacido en Pekín en lugar de Montevideo cantaría que cuando juega China juegan 1400 millones. En fútbol, es algo así como la contracara uruguaya. Los tres millones de habitantes que tiene Uruguay cuentan con orgullo que fueron sede de la primera Copa del Mundo, lo que terminó con vuelta olímpica celeste. Lo repiten como si fuera una historia propia, mientras patean chapitas por la calle imaginando arcos de fútbol. Xi Jinping busca crear esa identificación a base de planificación estatal,  billetes y tiempo. 

“El chino –asegura Luis Salmeron, delantero de Ferro que jugó una temporada en el Shanghai Shenhua- es muy dotado físicamente. Son rápidos, pero creo que le hacen falta cuestiones que acá te enseñan de chico, en las inferiores. Por lo que entendí que me contaban mis compañeros, de pibes los hacían entrenar cosas de atleta. Fútbol no practica nadie”.

En el último mercado de pases, la Superliga china invirtió 400 millones de euros en jugadores. Fue donde más dinero se movió, mucho más que cualquier otra liga europea. Si bien en los últimos años la billetera china había sido foco de atracción para varios futbolistas estrella -Didier Drogba, Nicolás Anelka, Alberto Gilardino y Robinho, entre otros-, el 2016 fue un salto de calidad. Ya no se apuntó a figuras en decadencias sino a futbolistas de primer nivel, con presencia en selecciones de elite como Ezequiel Lavezzi (Argentina); Renato Augusto, Ramires, Paulinho (Brasil); Gervinho (Costa de Marfil); y Jackson Martínez y Freddy Guarín (Colombia). Ahora, con Carlos Tevez rompieron cualquier antecedente: será el futbolista mejor pago de la historia, a razón de más de 110 mil euros por día. Las reglas para los clubes son estrictas con los extracomunitarios: puede haber cuatro por plantel y un cupo más para jugadores asiáticos. Los arqueros, en tanto, sólo pueden ser chinos. Para los entrenadores hay vía libre, y ahí también hay nombres con cartel, como Luiz Felipe Scolari, Sven-Göran Eriksson, Marcelo Lippi y Sergio Batista. 

La gran mayoría de los clubes chinos tiene detrás una empresa tan grande como sus inversiones, además de que para la temporada 2016 los derechos televisivos aumentaron de manera exponencial: 32 veces el monto previo. China Media Capital pagó 1150 millones de euros por la comercialización de la televisación hasta 2021. Y en los últimos cinco años la Superliga tuvo el mismo campeón: el Guangzhou Evergrande, con predominio brasilero. Evergrande es la mayor empresa de construcción del país y su dueño está entre los cinco hombres más ricos de China. Casos similares se repiten en distintos clubes, con bancos, empresas de productos electrónicos, industrias de cine y electrodomésticos. 

Más allá de los millones, las estrellas y los estadios que se llenan, los partidos de la Superliga están muy lejos del nivel europeo. La diferencia la hacen los extracomunitarios, y los espectadores extranjeros se sorprenden de los errores conceptuales, el ritmo de juego y la inocencia táctica de la mayoría de los equipos. “Había días que volvía a casa riéndome porque parecía que el entrenamiento había sido una cosa de casados contra solteros. Cuando volví a Ferro me costó recuperarme físicamente”, dice Salmerón sobre su temporada en Shanghai.

Santiago Barbich, un antropólogo, viajero y futbolero, que pisó estadios en diversos países, recuerda que cuando vio al Beijing Guoan en el Estadio de los Trabajadores, se sorprendió por cómo el público casi no le daba importancia al partido: “La gente agota las entradas en la semana para revenderlas el día del partido –dice Barbich-. Si uno espera el pitazo inicial, el precio desciende incluso el valor que se ofrece por Internet y, al entrar, uno se sorprende de que el estadio no está lleno de hinchas pero sí de merchandising: tazas, pines, banderas, camisetas, gorro, bufanda, cornetas. Adentro, en cada asiento hay un souvenir: un silbato y un globo con los colores verde y amarillo del Guoan. El partido es malo, pero la gente está eufórica. La sensación es que lo que pasa dentro del campo queda en un segundo plano”. 

Aunque el deporte y el negocio caminen casi siempre por la misma vereda, un ingrediente es el espectáculo y otro es el juego. En China falta materia prima porque faltan años de tradición. El fútbol, por más impulso estatal e inyección monetaria, no deja de ser una cuestión novedosa, que no lleva más de 20 años. “A principios de los 90 era algo totalmente secundario - explica Sergio Cesarín, profesor de la Universidad Nacional de Tres de Febrero y especialista en la cultura china-. Tenían algunos desarrollos incipientes en deportes colectivos como básquet y vóley. Pero el fútbol era de la cultura occidental. Y parecía que no estaban desarrollados anatómicamente en ciertas cuestiones propias del deporte, como correr y llevar una pelota al mismo tiempo. El tema del hijo único es muy fuerte desde lo cultural; siempre han tenido una tendencia más individual en atletismo, ping pong, bádminton, además de que por contextura física son muy plásticos. Ahora han venido con una mejora en la alimentación, ha aumentado la media del peso de la población. Entonces están logrando ser más competitivos”.

Son sólo cinco los futbolistas chinos que cruzaron los Montes Urales, el límite natural entre Asia y Europa. Ese es otro de los motivos por los que la selección china se acostumbró a terminar en el naufragio: la ausencia de jugadores de nivel. “La falta de competitividad es la base de las falencias. Han crecido mucho, pero el tema es que no tienen fútbol juvenil, no tienen inferiores, y cada equipo no tiene categorías menores de 17 años. Hasta los 16 no compiten. Hay Sub 17, Sub 19 y plantel superior. Nosotros en San Lorenzo tenemos hasta preinfantiles”, dice Fernando Kuyumchoglu, ex Estudiantes, Lanús y Platense, quien fue a parar tres veces a China por ir detrás de la pelota: en 1985 jugó con el Sub 17, en 1998 probó suerte para terminar su carrera junto a David Bisconti y Alejandro Allegue, y el año pasado acompañó a la delegación de San Lorenzo durante diez días como coordinador de las inferiores. 

Eso es lo que está tratando de sembrar Xi Jinping con la planificación y la reforma estatal, que incluye la implementación del fútbol como asignatura escolar pero también tiene otros brazos. Según anuncio el Consejo de Estado en marzo pasado, la Federación China de Fútbol se independizará de la Administración Estatal de Deportes. “Me llevé todo planificado para distintas edades, pensando los sistemas que quería entrenar. Cuando empecé me di cuenta de que no tenían ninguna idea. Se caían”, cuenta Flavio Roca, el subcoordinador de las juveniles de San Lorenzo. “No tenían la capacidad motriz para llevar la pelota con el pie y correr. Ni siquiera a ver fútbol están acostumbrados. Yo siempre trabajé en niveles de alta competencia. Los pibes de escuelita de fútbol de Argentina son el Real Madrid al lado de ellos. He visto muchos chicos, pero lo que vi allá nunca lo vi en la vida. Les cuesta mucho. Me pedían 'jugar partido, jugar partido'. Entonces un día digo: 'Ocho para allá, ocho para acá y les tiro la pelota'. No sabían lo que hacer. Se la pasaban entre los rivales. En serio. No sabían cómo jugar al fútbol. No lo podés creer, es difícil de explicar”, detalla Roca, que volvió con el orgullo de haberle cambiado a los chicos de entre 10 y 12 años el hábito del recreo: después de dos meses, pateaban la pelota en lugar de picarla. 

La fórmula nunca nadie la encontró, pero el viaje desde el Bajo Flores hasta Beijing dejó algunas conclusiones: “Desde mi punto de vista les di dos consejos. Primero que hagan el fútbol más masivo. En Beijing cada dos cuadras tenés tres shopping, con sus casas de deportes y ahí no encontrabas ni una pelota, ni botines ni fotos de jugadores de fútbol. Les dije que arrancaran por ahí:que pongan futbolistas en comerciales de gaseosas, en programas para chicos. Y tampoco había muchas canchas de fútbol, sólo en los colegios”. Según el comunicado que se dio a conocer en marzo, tomaron nota: la proyección es que antes de 2025 se construyan unas 50 mil escuelas de fútbol a lo largo del país.

No sólo en eso. Uno de los programas que ha cautivado a la audiencia china en este 2016 se llama Super Successor y es un reality show de fútbol. Son 16 futbolistas chinos que viajan a Europa para intercambiar palabras con las mayores figuras -Messi, Ronaldo e Iniesta, entre otros- y desafiarlos a distintas pruebas. “Crecí viendo a nuestra selección cuando era joven. Es decepcionante. Había que hacer algo. Yo tenía un objetivo personal: conseguir que más niños chinos se aficionasen al fútbol. Por eso, pensé en un programa que gracias a un enfoque divertido lograra acercar el fútbol y crear interés en las nuevas generaciones. De este modo podía beneficiar al fútbol chino a largo plazo”. Esa fue la explicación que dio Wang Tao, el creador del reality Super Successor y. Y esa parece ser la consigna para todos los futboleros chinos. El largo plazo. La masividad. Y, claro, el Mundial.