Tema del Mes

JUNIO 2013

La creatividad como resistencia en el contexto del capitalismo postmoderno

03 / 06 / 2013 - Por Valeria González

¿Cómo redefinir la noción de creatividad en las condiciones actuales del contexto llamado post-moderno? ¿Cuáles serían las formas de crear (diferencia) en la era del capitalismo global? El caso concreto de un grupo de artistas conceptuales que fundó la comunidad "AVL-Ville", en Holanda, parece señalar una posibilidad de pasar de una "reacción revolucionaria" a una "afirmación resistente".

La pregunta que guía el siguiente texto es: ¿cómo redefinir la noción de creatividad en las condiciones actuales del contexto llamado post-moderno? Y, en segundo lugar: ¿es posible hoy pensar en la recuperación del potencial crítico y político de las vanguardias artísticas, pero liberado de aquella cárcel dialéctica que igualaba su éxito a su fracaso?

Uno. Asimetría entre poder y resistencia

Una prolífera red bibliográfica, cuyo punto más visible sea probablemente Imperio, nos permite resumir los rasgos económicos, sociales y políticos del estadio actual del capitalismo globalizado (1). Sin detenernos en los matices específicos que estas discusiones teóricas comportan, podemos resumir estas características según tres ejes de transformación: 1) el pasaje de la producción industrial a la informatización económica y a la llamada bioproducción (la mayor parte de las fuerzas productivas se ven afectadas a la creación de lenguaje, de comunicación); 2) el pasaje de los estados-nación a una red de control mundial transnacional (o, en términos de Hardt y Negri, a un “imperio”); 3) el pasaje de la categoría de pueblo a la de multitud (es decir de la unidad política de las democracias representativas a un sujeto político múltiple y global) (2).

Este nuevo marco, así como define nuevas condiciones de control, define también nuevas condiciones de liberación. Poder y resistencia parten de las mismas condiciones materiales. La diferencia no radica allí, en los “medios”. La diferencia radica en la asimetría que existe entre poder y resistencia. Se trata de la misma diferencia ontológica que separa a nada de algo. ¿Qué es poder? Es carencia de potencia. La paradoja del capital llega en la era biopolítica a su máxima expresión. Cuando el capital llega a subsumir bajo su esfera a la vida misma se torna más evidente que, en sí, el capital carece de capacidad productiva. Sólo las fuerzas vivas del trabajo pueden producir. Sólo sujetos vivientes. El capital es acumulación de trabajo muerto que organiza lo vivo, pero, en sí, carece de potencia. El poder parece contenerlo todo y, sin embargo, si miramos bien, allí no hay nadie.

Dos. La creación como producción de diferencia

Frente a la pregunta ¿qué es la creatividad?, Deleuze acerca una respuesta harto simple (3). Creación es la producción de una diferencia. De algo que no estaba, de algo que no podía ser simplemente deducido a partir de lo que había. Por cierto, esto es algo simple de entender, aunque no simple de que suceda. La creación es algo muy raro, escaso. “Tener una idea es una especie de fiesta”, dice Deleuze. La inmensa mayoría de las actividades que ocupan a las personas y a las cosas en el mundo son, desde un punto de vista, meras reproducciones. Reproducciones de condiciones dadas. No importa de qué esfera de trabajo, o de qué circuito disciplinario se trate. Desde esta perspectiva, el sistema del arte aparece, más allá de su llamativa sucesión de cambios y novedades, como una estructura sorprendentemente estable. En este sentido, podemos decir que no hay una sola obra de arte contemporáneo que haya sido capaz de desmentir aquel real ya señalado por el ready made duchampeano en las primeras décadas del siglo XX (4). Un urinario firmado en una sala de museo no es lo mismo que el mismo urinario en el baño del museo. Aunque yo reaccione con indignación clamando que aquello no es arte, aun así, estoy aceptando la suposición fundamental que define una obra de arte. Detrás de ese objeto hay alguien (un sujeto ausente) que me quiere decir algo. Lo que aceptamos como obra de arte es aquel objeto que: 1) tiene una capacidad de comunicación potencialmente universal, y 2) está atado a un sujeto autor voluntario (5). Es decir, la obra de arte es un objeto que media entre dos sujetos abstractos: la noción universal (el público potencial) y la noción de individuo (el sujeto autor) son para el arte ficciones constitutivas que trascienden a las personas empíricas atareadas en su funcionamiento.

Tres. La creación como acto de resistencia

Entonces tenemos: reproducción/creación. El problema es que en las prácticas concretas ambas instancias se dan juntas. La creación no sucede en un lugar extraordinario, sino que aparece como un plus que excede -allí mismo- los mecanismos reproductivos que estructuran una acción y sus objetivos manifiestos. Deleuze trae el caso de Los siete samuráis, de Kurosawa. Ellos están atrapados en una situación de urgencia, han aceptado defender al pueblo y, sin embargo, de una punta a la otra de la película, están tomados por otra pregunta, por una pregunta –dice Deleuze- digna de El idiota: “Nosotros, samuráis, ¿qué somos?”. La cuestión no apunta a qué significa ser un samurai en abstracto, en sentido general, sino a qué son ellos en esa situación, qué son en tanto desarrollan en ese momento y lugar tal práctica concreta.

El breve e intenso caso de AVL-Ville nos permite ver hasta qué punto el sistema del arte se muestra capaz de absorber las condiciones reproductivas de ciertos proyectos, mientras que su diferencial creativo resulta en esencia imposible de representar o comunicar. AVL-Ville fue un hábitat que construyó para sí mismo el colectivo de diseñadores AVL (liderado por el holandés Joep Van Lieshout), declarado “estado libre” en 2001. Para la revista Artforum, que recogió el caso, AVL-Ville es una obra de arte conceptual (6). ¿Cuán grande puede ser una obra de arte? era el título de la nota. La pregunta por la escala no alude aquí a la intensidad de las experiencias vividas dentro de ese territorio por sus habitantes temporarios, sino al contorno referencial de su ficción lingüística. Se trata de la obra de arte conceptual de mayor dimensión de la historia del arte, puesto que asciende al tamaño de un estado. AVL-Ville no es, por supuesto, un estado políticamente autónomo de la ley holandesa. En este sentido, la obra continúa y agranda la línea ya marcada por el holandés Stanley Brown, quien en 1960 había publicado un anuncio en el que declaraba que todas las zapaterías de Amsterdam constituían su obra de arte. Ahora bien, más allá del ingenio conceptual de esta pieza lingüística, existe el territorio real que ocupó AVL-Ville y –sobre todo- los modos de vida concretos que allí desarrolló una comunidad, sus modos de convivencia y producción cotidianos. Estas prácticas singulares exceden los formatos del arte, incluso los más “desmaterializados”, y no pueden ser fácilmente representadas ni comunicadas. En términos de obra conceptual, además de su declaración fundacional, el proyecto incluyó el diseño de una bandera, dinero propio, etc., elementos característicos de un estado pero inútiles o parasitarios para la producción de la vida dentro de la ville. La declaración “AVL-Ville es un estado libre” desafiaba a pensar que no hace falta crear un estado libre para vivir libremente. Cuando Deleuze afirma que todo acto de creación lo es de resistencia dice una frase enigmática, se trata del “llamado a un pueblo que no existe todavía”.

Cuatro. La resistencia como afirmación constituyente

El periodista de la revista Artforum plantea la pregunta obvia:

-AVL-Ville ¿no está bajo jurisdicción de la ley holandesa?

-Sí, por supuesto –responden ellos- sólo que no nos interesa respetarla.

No les interesa respetarla. Tampoco les interesa abolirla o sustituirla. El problema no es la coerción ejercida por el Estado cuanto su incapacidad o insuficiencia como dador de sentido a la existencia. No se trata, entonces, de atacar al sistema sino de encontrar un espacio donde crear algo sea posible. No se trata de encarar la negación de las proposiciones universales del poder, se trata de afirmar otra cosa. Por supuesto que tal aventura depende de haber desertado de ciertas ficciones colectivas:

- Ganar dinero no es interesante - prosiguen. Es una convicción que crea relaciones nuevas entre las ambiciones y las facultades de un sujeto.

El famoso “fracaso” de la vanguardia, entonces, podría pensarse como algo más que el pasaje a la superficialidad posmoderna. Podría pensarse como una práctica de liberación en sí misma liberada de la negatividad especular que apresaba a la vanguardia. Habremos, entonces, pasado de una reacción revolucionaria a una afirmación resistente (7). ¿En qué sentido resistente? En términos de Spinoza podríamos responder: la afirmación de un modo de vida potente interpela al poder al modo en que molesta el brillo de la felicidad de alguien (8).

Cinco. De la forma a la potencia

Volviendo a la nota de Artforum, la pregunta que la encabeza apunta al contorno de una figura. No importa que la figura sea de naturaleza conceptual y no-digamos- pictórica o escultórica, pues precisamente lo que la pregunta por el contorno deja afuera es el problema de la materialidad.

En el capítulo VII del libro En medio de Spinoza, Deleuze nos recuerda que en la tradición clásica, la esencia de la cosa es como el perímetro de una figura (9). Relaciona a Platón con la estatuaria griega. Según otra tradición, que culmina en Spinoza, el límite de algo no es el contorno de su figura, sino el límite de su acción. Las cosas no son esencias, no son formas; son potencias, cantidades de potencias que se despliegan. Se trata de cuerpos vivos y no de ideas. Deleuze vuelve a traer el ejemplo vegetal de los estoicos contra los ejemplos estatuarios: una semilla puede hacer saltar un muro. ¿Qué sentido tiene preguntarse por el contorno de su figura? O bien: ¿Dónde termina un bosque? ¿Es un límite de la forma del bosque? “Lo que muestra que no es un contorno –dice el filósofo- es que usted no puede indicar el momento preciso en que ya no es más bosque. Se trata de un límite dinámico. La cosa sólo tiene el límite de su potencia. El bosque se define por su potencia, por su potencia de hacer proliferar los árboles hasta el momento en que ya no puede más. La única pregunta por hacer al bosque es: ¿cuál es tu potencia? Es decir: ¿hasta dónde irás?”.

*Esta ponencia fue presentada y rechazada en 2004 para las Jornadas del Instituto de Teoría e Historia del Arte “J. E. Payró”, Facultad de Filosofía y Letras, UBA. Fragmentos de la misma aparecen en el libro El pez, la bicicleta y la máquina de escribir (Ediciones Proa, 2005) del colectivo Duplus (Santiago García Navarro, Teresa Riccardi, Santiago García Aramburu y Valeria González). Hasta ahora, la versión original permanecía inédita.  

Notas:

(1) Michael Hardt y Antonio Negri, Imperio, Bs As, Paidós, 2002 (Edición original en inglés: 2000).

(2) Paolo Virno, Gramática de la Multitud, Bs As, Colihue, 2003.

(3) Gilles Deleuze, “¿Qué es el acto de creación?”, conferencia dada en la fundación FEMIS, París, 1987. Traducción al español de Bettina Prezioso, 2003 (para uso interno).

(4) En este sentido, las fronteras entre Modernidad y Postmodernidad parecen desdibujarse bastante. Podríamos aquí retomar la forma del argumento de Fredric Jameson, y afirmar que cuando el sistema del arte pasa a regirse centralmente por la lógica de la “originalidad” de la vanguardia, entonces debe rebautizarse como postvanguardia (Las semillas del tiempo, Madrid, Trotta, 2000, pag. 31).

(5) Gérard Wajcman se detiene especialmente en esta cuestión acerca del ready made: “Duchamp engrana y pone al descubierto un puro dispositivo lógico fundamental, instantáneo y constitutivo de la obra (...) él hizo suponer que detrás de la obra hay un sujeto. Eso es todo. Es el fundamento de todo.” (El objeto del siglo, Bs As, Amorrortu, 2001, pp. 61-69). La tesis es heredera de La muerte del autor (Roland Barthes, 1968)

(6) “Up the Organization” (reportaje de Jennifer Allen a Joep van Lieshout, del colectivo AVL), Artforum, abril, 2001.

(7) A la pregunta por el posible crecimiento de AVL-Ville ellos responden que sólo sería imaginable al modo de pequeñas zonas autónomas. En conexión con el concepto de micropolítica, la pequeña escala es decisiva en la realización de una “topía” de autodeterminación basada en la democracia directa y el sentido común.

(8) En los términos planteados en este texto (creación/reproducción), el cierre, forzado, de AVL-Ville no se produjo por el fracaso o agotamiento de su capacidad de resistencia (sus modos de vivir) sino a causa de las reacciones institucionales frente a sus gestos de provocación, herederos del talante irónico del anti-arte vanguardista.

(9) Buenos Aires, Editorial Cactus, 2003.