Tema del Mes

OCTUBRE 2013

Malcolm McLaren: el hombre que inventó (y vendió) la revolución punk

05 / 10 / 2013 - Por Gustavo Bove

El periodista argentino Gustavo Bove fue uno de los pocos que pudo entrevistar largamente al manager de los Sex Pistols (quien para muchos inventó lo que hoy se conoce como "cultura punk") y con esa entrevista dio forma al libro "God save The King". Aquí traza un completo perfil de McLaren, un personaje tan atractivo como polémico acerca del cual pocos se ponen de acuerdo. ¿Genio, visionario, o el mayor estafador de la historia del rock and roll?

No hace muchos años, Jon Savage definió a Malcolm McLaren como una de esas extrañas personas que tienen un gran impacto sobre la vida cultural y social de una nación. Obviamente, el destacado periodista inglés y autor de England’s Dreaming (quizá el mejor libro que se haya escrito jamás sobre el punk y su naturaleza) circunscribía la influencia del ex manager al Reino Unido. A este concepto suscribía una columnista del periódico Daily Mirror, quien se encargó de subrayar que los británicos treintañeros son hijos de Margaret Thatcher y Malcolm McLaren, una etiqueta que la fallecida ex Primera Ministra nunca se molestó en discutir y que el principal damnificado siempre trató de despegarse.

Quizá esta sea una ínfima muestra del debate que se abre alrededor de la figura de Malcolm Robert Andrew Edwards (tal como figuraba en su pasaporte), quien para muchos fue la encarnación de un manipulador, un amante del dinero fácil, un inescrupuloso que tuvo la suerte de toparse con una revolución y lucrar con ella. Para otros, sólo significó un agitador sin ningún talento. Tampoco faltan aquellos que, siguiendo los manuales del rock&roll, lo sientan a la mesa de los Colonel Tom Parker (Elvis Presley), Brian Epstein (The Beatles), Andrew Loog Oldham (The Rolling Stones), Rob Gretton (Joy Division) y Paul McGuinness (U2). “Fui el primer manager que nunca quiso ser manager”, supo retrucar McLaren ante tal apreciación. A la lista, además se suman quienes afilan la mirada y lo señalan como un gran sedicioso de la “era del rock”, una mente iluminada con destellos de estadista. Seguramente, todos tengan su porción de verdad en cuanto al rol que le tocó jugar a McLaren en este mar picado que es la música popular contemporánea, una denominación que, a la luz de los acontecimientos, ayudó a forjar de forma determinante.

Para McLaren la semilla del punk se plantó en 1968, más precisamente en mayo de aquel año, cuando la castigada juventud gala, enarbolando consignas hippies, copó las calles de París y generó una de las revueltas más determinantes del siglo XX. Dicho evento al que los politólogos denominaron como el “Mayo Francés”, marcó el minuto cero de una nueva era y le dio alas a una revolución posterior. Por esos días, McLaren pasaba sus horas en la escuela de arte, deambulando por la arteria King’s Road con sus ideales del Movimiento Situasionista rebotando en su cabeza. Justamente estos conceptos que hablaban de combatir la sociedad capitalista e instalaban a destruir el sistema de clases fueron tallando su personalidad y armando el escenario de otra gran revuelta: la suya. “Toda la grafica, el estilo y la iconografía de los Sex Pistols era una reinvención del Mayo Francés. Aquel período nos dio un montón de herramientas para trabajar hacia una clase de revolución y así cambiar la cultura”, rememoró McLaren.

Hoy, con las cartas jugadas y avizorando que el discurso ideológico/estético/musical del punk se impone con prepotencia en cada temporada, la sombra de McLaren se proyecta ampulosamente sobre la totalidad del planeta. “Cuando vi en vivo por primera vez a los Sex Pistols se me apareció el futuro, y quise ser parte de ello”, declaró en más de una oportunidad Joe Strummer. Lo que no sabía el capitán de The Clash era que McLaren había vislumbrado ese “futuro” algún tiempo antes y fue, justamente, al echar a rodar esa locomotora lanzada al vacio que personificaron los Pistols. “Ellos fueron la primera banda que se odió desde el día uno”, recordó McLaren, como si este polémico comienzo hubiera sido la mejor carta de presentación de una banda que destruyó lo que se le puso por delante.

Y ahí estaba Mclaren, echando nafta a la hoguera del punk, plantándose como observador y protagonista de varios hitos. El primero fue la concepción de Nevermind The Bollocks, Here’s The Sex Pistols, el disco que sepultó todas las reglas, un cachetazo al virtuosismo que patentó el concepto del “Did it Yourself” (Hazlo tú mismo). El poder regresaba a las clases bajas, a las manos de quienes tenían algo que decir, sin importar su nivel académico. De hecho, McLaren asegura que “tratando de hacer algo que se asemejara a los viejos discos de rock&roll, los Pistols escribieron la Biblia del punk”. La segunda lección que dictó por aquellos tumultuosos meses de 1977 es el poder del escándalo como método de promoción. El viaje en barco de Johnny Rotten y compañía por el Río Támesis, cantando “God Save The Queen” durante las Bodas de Plata de la Reina Isabel II, aún continúa siendo uno de los golpes publicitarios más efectivos de la historia moderna. “La pelea entre los punks y la policía en el río Támesis fue una visión increíble… ¡La imagen más punk que tuve en mi vida!”, apuntó McLaren un tiempo más tarde.

En sintonía, como la estrella roja del Che Guevara o la M de McDonalds, la revolución tuvo su iconografía, estética, vestuario y manifiesto. Y es en este punto donde el instinto de McLaren funcionó en todo su esplendor. Aquí, caemos en la cuenta de que su obra se empezó a escribir en el CBGB neoyorkino, donde pasó seis meses a mediados de los setenta, y el destino quiso que sea testigo del nacimiento de Ramones, Blondie y, entre otros, de Television, banda en la cual tocaba el bajo un pibe que le iluminaría la pasarela de la moda de las próximas cuatro décadas. “Apenas llegué a Nueva York en los setenta, un sábado a la noche me encontré sentado en el CBGB viendo a Television, especialmente a Richard Hell, quien tenía una canción tremenda llamada ‘Blank Generation’. Además, llevaba un peinado brillante, con su camisa rasgada, rota. Tocaba con la cabeza mirando sus zapatos y llevaba puestos anteojos de sol… ¡Era la imagen total de esa música! No veía la hora de irme para Londres con toda esa información”, relató de manera reveladora en el libro God Save The King (GO Ediciones, 2011).

En la Gran Manzana, McLaren ya había afilado sus artes como representante de The New York Dolls, un grupo que él se encargó de reinventar con lo que sería su mayor arma de seducción: la provocación. Los vistió a todos de rojo, les dictó el reglamento comunista y los devolvió a los titulares, cuando la guerra de Vietnam era una herida sangrante para todos los norteamericanos. “Malcolm le abrió las puertas al punk en todo el mundo. Fue un visionario que tomó lo que estaba pasando en Nueva York y lo globalizó. Fue una gran influencia para todos aquellos que alguna vez han tenido una tienda o una banda punk. Su fallecimiento representa el capítulo final de un tiempo donde la música era muy emocionante”, fue el epitafio que esbozó el guitarrista de los Dolls, Sylvain Sylvain, aquel 8 de abril del 2010, día en el que McLaren pasaba a mejor vida.

Apenas aterrizó en Londres, McLaren se instaló en su cuartel general, una tienda que vendía discos, memorabilia rockera y ropa sadomasoquista que comenzó llamándose Let It Rock, luego cambió a Too Fast To Live, Too Young To Die y terminó bautizada SEX, la denominación que la erigió en legenda. El negocio estaba ubicado al final de la calle King´s Road, justamente, donde McLaren terminaba su jornada estudiantil y debatía con sus compañeros. Allí, codo a codo junto a su novia/socia, la hoy diseñadora top Vivienne Westwood, McLaren potenció toda la información absorbida en Nueva York. Los alfileres de gancho, las remeras con impresiones sexuales o esvásticas (la insignia del nazismo era otro método de escándalo para la pareja) y las camperas de cuero terminaron conformando el envase de un sonido que no pasaría desapercibido.

Dentro de lo que fueron los cimientos del punk, McLaren se anotó otro punto concluyente, dándole al movimiento su mayor ícono. Esta música brotada de las alcantarillas humeantes de Nueva York y Londres necesitaba un mártir, alguien que encarnara la profecía de “vivir rápido y dejar un cadáver joven”, quien llevara el nihilismo a su quintaesencia. Ese personaje se llamó Sid Vicious, un amigo de la infancia de Rotten sin ninguna virtud más que una imagen avasallante y un carisma inabordable. Hasta el hartazgo, los historiadores de ese tumultuoso período delinean a Vicious como un lumpen que no podía tocar ningún instrumento, un negado para el arte de los sonidos que sólo tenía en su curriculum el hecho de haber sido baterista de Siouxsie & The Banshees por un par de semanas.

Hasta el día de su muerte, McLaren enfrentó a los textos de historia y defendió a capa y espada al que fuera su mayor protegido. “Sid tenía el toque de las estrellas de verdad. No creo fácilmente que alguien pueda tener ese tipo de talento. Amaba ser adorado. Le encantaba estar arriba del escenario. Sid podía cantar la guía telefónica y hacer que la gente pensara que era subversivo… Fue un gran artista”, fueron los fundamentos de su defensa para quien hoy es la estampita rockera más venerada, o una de ellas. Justamente, la era del punk baja su telón con la muerte de Vicious y encuentra el corolario en The Great Rock&roll Swindle, un film donde McLaren dilapidó todas las ganancias de los Sex Pistols para plasmar en el celuloide sus variopintas teorías.

En definitiva, nadie hubiera imaginado que aquel joven pelirrojo, arengador, educado en arte y abonado al Movimiento Situacionista de Guy Debord, marcaría tan arrogantemente el pulso de su época. Ya sea moviéndose entre las sombras de New York Dolls, Sex Pistols y Bow Wow Wow (la primera banda prefabricada, otro acierto de nuestro protagonista), o proyectando el Hip hop y la World Music en esa genialidad solista que es el disco Duck Rock (1983), Malcolm McLaren tradujo el tiempo que le tocó vivir. Gracias a su apetito de vanguardia y a su pasión por la destrucción, cuando miremos hacia atrás, entenderemos llanamente eso que algunos bautizaron Cultura rock.