Tema del Mes

OCTUBRE 2013

Crestas, alfileres de gancho y alta costura: los nuevos modos del punk

13 / 10 / 2013 - Por Victoria Lescano

La periodista especializada en moda Victoria Lescano, autora entre otros libros de "Pret a rocker. Moda y rock en Argentina", analiza en este artículo el contrasentido y las paradojas de la muestra "Punk, from Chaos to Couture", celebrada en el Metropolitan Museum of Art desde mayo y hasta agosto del 2013. Y al tiempo que repasa la historia de amor y vestimentas entre Vivienne Westwood y Malcolm McLaren, recuerda a los pioneros de la moda punk en la Argentina.

¿Existe algo menos punk que un tailleur de etiqueta Chanel esculpido o con maestría sartorial y en riguroso pied de poul engalanando el maniquí de una muestra dedicada al Punk? ¿Qué diría Sid Vicious y sus cómplices de punk rock de los Sex Pistols, pioneros en improvisar la gimnasia del pogo desde sus presentaciones en el Saint Martin's School of Art circa 1975 ante la visión de la cantante Beyoncé y de una big band de modelos y acólitos de la moda vestidos con largos vestidos de organza en tonos que iban del azulino al coral, sin omitir bordados barrocos ni collares de diamantes sostenidos con gargantillas de oro blanco que diferían de los democráticos alfileres de gancho y de las cadenas cogoteras con hojas de afeitar, los iconos ornamentales del punk? ¿Qué diablos hace Sarah Jessica Parker, la musa de la estética Sex and the City desfilando con un peinado que simula una cresta post punk con un zapatito a medida de Manolo Blanhik? Tales fueron algunos de los interrogantes y las blasfemias matizadas con carcajadas que disparó la visión de la gala de apertura de la muestra "Punk, from Chaos to Couture", celebrada en el Costume Institute del Metropolitan Museum of Art el 6 de mayo a la hora del cóctel y que concluyó a mediados de agosto.

Con su centenar de atuendos agrupados en siete galerías estéticas y éticas -según los preceptos curatoriales de Andrew Bolton-, que trazaron un sensato zigzag entre los postulados del Do It Yourself, afín a los preceptos del punk, sumado al rescate de modelos icónicos de los diseñadores Miguel Adróver, los diseñadores de Burberry y de Calvin Klein (las firmas del casual elegante hecho en Londres y en Nueva York), la sumatoria de prendas de alta costura freak pergeñadas por los británicos John Galliano y Alexander Mc Queen (el primero fue destronado de la firma Dior y de la moda luego de comentarios antisemitas, el segundo se ahorcó luego de cumplir cuarenta años y en el apogeo de su firma). A modo de bonus tracks, las ironías hacia la moda de Moschino y las estampas con graffitis de Stephen Sprouse. La bitácora del punk reformulado por la moda de siglo 21 admitió los experimentos con morfologías de los japoneses Comme des Garçons y Yohji Yamamoto. Así como los gestos más punkies de la moda del siglo veinte y veintiuno fueron representados por los atavíos del belga Martin Margiela, los holandeses Viktor & Rolf y la creadora Ann Demeulemeester, quien en diversas ocasiones abordó la estética de Patti Smith para sus colecciones y logró que la poetisa punk irrumpiera en la pasarela rodeada de modelos vestidas a su imagen y semejanza.

El listado hizo lugar a las nuevas generaciones de provocadores de estilo british representadas por Gareth Pugh, sin omitir los históricos originales de Vivienne Westwood y de Malcom McLaren y, en otra línea argumental, el célebre vestido de Gianni Versace fechado en 1990 y ornamentado con alfileres de gancho coronados con medusas que Liz Hurley usó para el estreno de Cuatro Bodas y un Funeral.

Unos y otros vistieron maniquíes peinados con disparatados postizos de colores. Pero tal crisol de estéticas fue coherente con las constantes apropiaciones de la estética punk y del rock a las que alude el mainstream de la moda (en la escena local, lejos de los días en que Patricia Pietrafesa, cultora del punk criollo desde las bandas Cadáveres de Niños y quien hace algunos años enunció sus modismos e influencias para cantar en el Parakultural del siguiente modo: “Mis referentes estéticos fueron Patti Smith y The Clash. En la escena del Parakultural se imponían las crestas, las cadenas, las medias de red, como por entonces no había telas con animal print, lo pintaba con pinceles y luego lo pegaba en los cuellos de mis camperas. También recorría las mercerías y las ferreterías, disponíamos hileras de alfileres y de gilletes en las solapas de sacos de jeans y de los sobretodos, así como también me compraba poleras y las agujereaba con remaches”).

Por otro lado, la tienda M57, creada en 1980 y en un local de la Galería del Este por los creadores de Little Stone y con un repertorio de moda cimentado en el uso de tachas y de muñequeras que engalanarían a los músicos de Los Violadores, predicó modismos punk y de la new wave criolla. Pero desde comienzos de 2000 y a modo de loop, las firmas de moda democráticas y de "pronta moda” parecen haberse apropiado de preceptos del punk rock para sus colecciones para adolescentes y adultas. Los agregados de cadenas, tachas y proclamas anarquistas desde remeras nunca tan risqué como el modelo “God Save the Queen" con la gillete clavada en la sonrisa de la Reina de Inglaterra por obra de Vivienne Westwood, aparecen como manifiestos de colecciones de la industria.

Volviendo a la locación las galerías punkies del Met, todo indica que lo más acertado de la muestra fue la decisión de replicar dos escenarios míticos en la trama de la estética punk: por un lado, los mingitorios y los baños con graffitis del mítico club CBGB, que frecuentaron Blondie, Richard Hell y Patti Smith. Por el otro, la puesta en escena de un rincón de la mítica tienda situada en el 430 de Kings Road, ideada por Malcom McLlaren y Vivienne Westwood a comienzos de 1970. Si bien inicialmente se llamó “Let it Rock” y mientras el hippismo estaba en boga, ellos vendieron fetiches para teddy boys, en 1972, bajo el nombre "Too Fast to Live, to Young To Die" difundió atuendos rockers con cierres y cadenas y remeras con consignas anarquistas. En los años posteriores tuvo un escaparate orgulloso de sus vidrios oscuros cual gafas de rock star y en una chapa de bronce al estilo de los carteles de pubs ingleses proclamaba la consigna "Sex, exclusive for soldiers, prostitutes and punks". Ya en 1976 el nombre del local mutó a "Seditionaries" hasta que el título definitivo fue "World´s End". Pero independientemente del nombre de turno mantuvo una rockola y fue un refugio de músicos: la cantante Chrissie Hynde trabajó como vendedora mientras que David Bowie y Brian Ferry recalaron allí en busca de rarezas para sus shows en tiempos de estudiadas extravagancias y glam rock. En la trastienda de los probadores se formó la banda Sex Pistols.

La historia de amor entre quienes cimentaron el manual de estilo punk difiere de los ideales del romanticismo. Mucho antes de provocar a la Reina de Inglaterra y también de ser condecorada en el Palacio de Buckingham (ceremonia a la cual asistió vestida con tartanes pero sin ropa interior) Vivienne Westwood fue maestra de una escuela primaria. Descendiente del empleado de una fábrica de municiones y de una operaria textil, nació en 1941 en un pueblo del norte de Inglaterra y estudió arte en el Harrow Art College.

Vivienne y Malcom tuvieron dos hijos (Benjamin y Joseph) a quienes vistieron con chaquetas de cuero provistas de safety pins desde la infancia. La camaradería del matrimonio estalló cual pogo maximalista en 1981, en ocasión de la presentación de la colección “Piratas” y que admitió remeras asimétricas, pantalones de montar y el uso de dientes de oro como recurso de estilismo. Las proclamas de Vivienne fueron seguidas a rajatabla y fagocitadas por la tienda Bloomingdale´s. Y para vengarse de una mala jugada de Malcom, el músico Adam Ant -líder de Adam and the Ants y representante norteamericano del punk- compró todas las copias para vestir a su banda. A modo de sabotaje a Vivienne, Malcolm hizo un piquete a la fábrica de Milán que producía los desarrollos textiles para su señora punk y no se contentó hasta vaciar las cuentas bancarias conjuntas y regalar las primeras prendas de la diseñadora. Pero algunas de las que sobrevivieron a esa riña llegaron a los pedestales del Met . ¿Acaso no es una historia de amor punk, la de los creadores del punk couture?