Fotografía

Miseria

30 / 11 / 2013

Hacia 1900, las únicas fotografías que registraban sin artificios predeterminados aspectos de la vida cotidiana tenían como sujeto a las clases marginales. Es decir que la aparición de la vida privada en la fotografía estaba en relación inversa a la propiedad privada: los pobres no tenían derecho a la intimidad. Cuando Jacob Riis, en Norteamérica, a fines del siglo XIX, empuñó la cámara para llevar a cabo un registro de las condiciones de vida deplorables de los inmigrantes, lo hizo en tono de denuncia. Este espíritu social del documento no aparecería todavía en la Argentina, donde las instantáneas tomadas en los conventillos, suburbios o ranchos rurales cumplieron, en general, una función ilustrativa que era indiferente a las realidades de la pobreza o la inequidad.
Con el tiempo, el reportaje fotográfico de compromiso social se convertiría en la columna vertebral de la fotografía latinoamericana y argentina. Una evidencia contundente la constituye Tucumán Arde (1968). Reconocido por la historiografía internacional como un hito del Conceptualismo político, hizo uso de la instantánea documental tradicional como base de sus estrategias de visibilidad de la miseria de los ingenios azucareros.
Hasta la definitiva incorporación de la fotografía en el sistema del arte durante los 90, el aspecto más relevante de la labor fotográfica durante la dictadura militar y durante el proceso de recuperación democrática pasó por el ejercicio del fotoperiodismo y los ensayos de documentación social.

Imágenes: Autor sin identificar, Escena cotidiana en un conventillo, c. 1907, AGN; Grupo de artistas de vanguardia, Tucumán Arde, 1968, viaje a Tucumán: documentación fotográfica, archivo Graciela Carnevale.