Fotografía

Que se vayan todos

21 / 12 / 2013

Que se vayan todos, que no quede ni uno solo. El lema por excelencia de la revuelta de diciembre de 2001 no apuntaba a la toma del poder, sino que declaraba irrelevante la pretensión representativa de los partidos políticos y el sustento meramente formal del sistema democrático. Esta postura radical afectaba también al estatuto de las imágenes: ¿cómo representar una crisis que, precisamente, había puesto en crisis la representación?

Desde 1998, RES venía trabajando en la serie Intervalos intermitentes. Se trataba de dípticos en los que, al contrario del momento decisivo bressoniano, el artista retrataba a una persona antes y después de un hecho relevante que, en sí mismo, no aparecía registrado. En 2001, fotografió a Martín Galli, quien había sido baleado en la cabeza por la policía el 20 de diciembre. Siempre creí que tenía miedo a caer, hasta aquella tarde en que comprendí que había vivido en el suelo y, en realidad, lo que temía era levantarme, dijo el retratado al artista. En este caso, no hubo una segunda toma. En el lugar del “después”, RES colocó un plano rosa obtenido a partir de un píxel de la boca. Para conocer los efectos de esa experiencia deberíamos entrar en el propio cuerpo de Martín Galli, donde aún está alojado el proyectil.

Imagen: RES, Martín Galli, 2001-2002, de la serie Intervalos intermitentes.